16 de marzo 2004 - 00:00

Se gobierna mejor

Anne Krueger y Néstor Kirchner
Anne Krueger y Néstor Kirchner
Todavía hay demasiada intemperancia en este gobierno como para aplaudirlo desde la iniciativa privada por haberle evitado al país un default total, como hubiera sido sumando un organismo internacional como el Fondo Monetario a la misma situación de los bonistas. Corresponde, entonces, no halagarlo porque el gobierno sobrelleva bien a la izquierda local. Les dará, con una Corte Suprema que le responde, el eliminar leyes que habían cerrado el pasado de militares retirados. Les da sedes como la ESMA para que exista un Museo de la Memoria con la visión de un solo lado, aunque ciertamente sea el de más pérdidas. Con el mismo setentismo y la «memoria» deja al mismo sector manejar fondos públicos hasta llegar a escándalos. No apura a la Justicia, buscando al personaje ultra que para todo el país, por televisión, se mostró intimidando mujeres, sangrando a un conductor particular y cachiporreando desde atrás a un taxista. Ubica periodistas «progres» en lugares relevantes, le deja a la izquierda pisar las alfombras del poder con la entrada a la Casa de Gobierno.

Si aplaudir una gestión desde esa libre empresa, dado lo que obtuvo, lo compromete a este gobierno y al Presidente que lo encabeza, es una obligación suprimirlo, porque realmente lo que interesa es el mejor bienestar del país.

Es fácil comparar el resultado final de la gestión con el Fondo con el período previo de amenazas, denuestos, discursos oficiales durante meses y hasta propuestas absurdas finalmente descartadas, como sería el caso del «Registro internacional obligatorio de tenedores de títulos argentinos», defaulteados desde ya. Dentro de este contexto no se puede decir tampoco que «el Presidente es un aprendiz en el arte de la negociación», como expresó un columnista este domingo, para colmo ubicado como posible entre los 3 o 4 «con traje y anteojos» que denostó Néstor Kirchner en su discurso del viernes pasado en Parque Norte.

No debe decirse en función de un mejor país, de no irritar cuando un gobierno ejecuta algo racional, que casi seguro no siente. «Racional» -en el nuevo esquema para opinar que existe en el país- se pudo usar este domingo en boca de un vocero oficial, pero no como exigencia previa aunque sea más útil. Además no es probado lo de «aprendiz». Exactamente no hay todavía coincidencia mayoritaria entre analistas (los serios y neutrales, desde ya) sobre el real modo de gobernar del santacruceño hoy presidente de la Nación.

Sería importante dilucidar, más no fuera en parte esto, porque vendrá desde junio una discusión mucho más importante para la tercera aprobación del Fondo a las metas impuestas en el acuerdo de 3 años que la concluida en estos días. Si se va a un análisis profundo, lo primero es descartar una tesis que dio el mismo columnista dominical -oficialista hoy hasta sorprender- del diario «Clarín». Nadie creía esa tesis expuesta como una «estrategia mediática» del Presidente para crear deliberadamente una atmósfera en el país alarmante por sus empecinamientos, sus discursos agresivos y el riesgo del default total, para luego arreglar de repente y darle más fuerza a un final feliz, como en las películas más clásicas de Hollywood. Si eso llegara a ser así, se caería en quienes consideran de adolescentes, de «estudiantina» con juguete nuevo e inesperado, al actual gobierno de los hombres de Santa Cruz. Hubo demasiados costos en juego, demasiadas oportunidades de inversión demoradas unas y perdidas para siempre otras, demasiada pérdida de tiempo internacional en el momento más adecuado por la intransigencia argentina demorada al extremo en estos últimos meses. Si se peleó hasta el final con tanto encono, no se entendería que no hubiera una razón de más peso.

Hay -sin ser obsecuentes al extremo como es hoy lo más notorio en el país- quienes desde la neutralidad pueden suponer una genialidad suprema en el santacruceño que lo llevaría a posturas de máxima para obtener resultados de mínima superiores a los de una negociación común. Esto se mide por los resultados. En la primera discusión con el Fondo y con privatizadas -cuando se acordó el plan para 3 años con revisiones periódicas y un superávit, nacional más provincias de 3%- fue evidente que Néstor Kirchner ganó. Obtuvo metas suaves, fáciles de cumplir. Se creó una imagen de «negociador duro» que le vino muy bien a la Argentina que venía (es casi la única crítica válida sobre la década del '90) de despachos presidenciales demasiado propicios a que los extranjeros se llevaran hasta los ceniceros. Tan bien estuvo el santacruceño entonces que hasta tuvo una picardía estupenda teniendo enfrente a un organismo tan experimentado como el Fondo Monetario: acordó el superávit de 3% sin referencia al gasto público, como probablemente no suceda en la discusión desde junio próximo. Acordar así es tan tonto como, según el dicho, timbre en bóveda. Claro, además de la picardía argentina estuvo ahí que el Fondo ni imaginó cómo se recuperaría el país y se pensó que el control del gasto público se daría de hecho con lo difícil de cumplir ese 3%. Ser sólo estricto en exigir la meta se pensó bastaría y exactamente, se calculó y fijó en 12.480 millones de pesos (10.000 millones el gobierno nacional y 2.480 millones las provincias) un total de más de 4.000 millones de dólares. Lo cierto es que así se aseguró el kirchnerismo un sobrante que le permitió aumentar el gasto público, con el beneficio de crearse el Presidente un «poder» que no emanaba de las urnas y que por esa vía de disponer de fondos libres hizo mucho más por su consolidación que decapitar cúpulas militares casi sin sentido o abrirse a Fidel Castro, o Chávez, por ejemplo. Los comentarios del domingo en prensa volvieron a coincidir, esta vez en que se dio y sigue dando marcha atrás en cuanto al castrismo preocupándose de los derechos humanos en la isla, sobre Chávez en cuanto a reunirse Kirchner con la oposición e, inclusive, variar posición sobre el ultraizquierda boliviano Evo Morales. No se sabe por qué desde el gobierno se usa prensa adicta para destacar todo eso que mortifica a la izquierda local cuando ya lo sabe EE.UU.

A decir verdad, en esta renovación de la segunda meta del plan acordado con el Fondo, a diferencia de lo que ocurrió con la primera, el gobierno no ganó nada. Al contrario, perdió aunque, desde ya, que no haya llevado al país al default total es reconfortante, tanto como insistir en el suicidio y luego no concretarlo. Pero ¿qué se gana si uno se desgasta, pierde imagen, le toman el tiempo los de afuera y nadie tiende a invertir con alguien con manías suicidas? La impresión que más se sostiene entre opinantes serios sobre lo sucedido con el Fondo es que efectivamente a Néstor Kirchner le hubiera gustado no pagar y que hizo bastante por imponerlo. No un «no pagar» definitivo sino postergable y probar los riesgos del default total. Por algo una persona tan cercana como la esposa del Presidente dijo a su regreso de EE.UU.: «No es tan grave quedar fuera del mundo».

El martes 9, cuando se pagaron los u$s 3.100 millones al Fondo, se puso fin desde aquí -o le pusieron fin desde allá- a la
«política alarguera», que había caracterizado al ministro Roberto Lavagna con Eduardo Duhalde, primero, y luego seguida con Kirchner. Redime bastante hoy al ministro que haya impuesto cordura ahora en cuanto a caer en default y pelearse con el mundo entero. Vale lo de Lavagna así Kirchner haya consultado -como informó la prensa oficial-la sensatez de Mario Blejer, ex sólido titular del Banco Central, hoy en Londres.

Concretamente, Néstor Kirchner decide acatar y pagar cuando le fallan cinco aspectos:

a) No hubo respuestas espontáneas cuando pidió en actos públicos a los concurrentes «ayúdenme» (a no pagar). Apenas 8.000 personas reunidas frente al Congreso en los últimos días y 6.000 en Parque Norte -para colmo 80% activistas llevados- mostraron que sirven para satisfacer deseos de proximidad y saludos personales de los que gusta el Presidente, pero no para sustentar políticas audaces. El espontáneo 17 de octubre de 1945 hacia Juan Perón no se da todos los días.

b) Falló la gran jugada de embretar a Lula Da Silva en un club de deudores latinoamericanos ante organismos internacionales apoyándolo en su intento casi utópico de liderar Sudamérica. La maniobra, con la prensa adicta local informando como un
«giro nuevo y total» en la relación con Brasil, fue descartada en el acto por los más altos funcionarios sensatos del gobierno brasileño. «Apoyo pero diferente camino» ante organismos internacionales le retrucaron al gobierno argentino. Quedó solo en un intento que hubiera hecho mundial a Kirchner.

c) Las habituales maniobras del gobierno con encuestólogos adictos también fracasaron. Primero difundieron la falsedad que 80% de la población apoyaba «no pagar». Esta semana, en cambio, después de haber pagado al Fondo, 75% de la gente habría pasado a estar conforme con no hacerlo en encuestas falsas y lanzadas casi con ingenuidad infantil.

d) El cuarto motivo fue la caída de Horst Köhler. Ahí sí la inexperiencia argentina confundió las adhesiones y el quedar bien con todos, propio de quien va a renunciar, como un real apoyo a una posición de intransigencia ante el mundo. Precisamente Köhler lo citó a Miami el 8 de febrero a Lavagna para darle un ultimátum de 6 puntos (publicados por este diario pero no por la prensa adicta a la Casa Rosada). Aun así, Kirchner no creyó en la severidad y ahí viene el trabajo positivo de Lavagna. El lunes 8 de marzo le circunscriben el ultimátum a 5 puntos y otros quedan tácitos (por ejemplo, no complicar internamente por comparación a Brasil que paga más que la Argentina al Fondo, por ahora). De los puntos el gobierno logra algún resguardo para salvar las formas sólo en 2 no gravitantes.

e) Terminó de derrumbar la resistencia mal enfocada del gobierno argentino frente al vencimiento del pago al Fondo un informe que acercó Lavagna a la Casa Rosada: el directivo alemán Karl Bischofbereger se había encolerizado en el Fondo Monetario por lo que consideraba extorsión argentina. Alemania ya era mirado antes de eso como el país que podría sumarse a Italia, Japón y Gran Bretaña, y poner 4 a 3, con mayoría opositora al país, al Grupo de los 7 países más importantes del mundo. Estados Unidos, por compromisos internacionales, no iba a permitir quedar pegado solo a la minoría por la tozudez argentina.

Lo demás, si habló telefónicamente con Anne Krueger -la cabeza visible del Fondo hoy- o las demás gestiones de forma, son tema menor ante esos 5 puntos clave.

Al efecto de entender a quienes gobiernan hoy la Argentina debe considerarse, como ya lo dijimos en este diario, que es un caso contemplado por el más logrado pensador económico de la Argentina en los últimos 40 o 50 años, Roberto Alemann, hoy lamentablemente en descanso y silenciado por la izquierda. El dio este concepto:
en su comienzo, un presidente argentino aprende a gobernar y no es útil. Sí lo es en el período medio, cuando ya aprendió. En su última etapa vuelve a no ser útil porque se dedica a pensar en su reelección o tutelar la de su sucesor.

Néstor Kirchner está en la etapa de aprender, aunque no deba decirse en alta voz esto. Falta cuando sea realmente útil al país que en tiempos sería la etapa que viene. Tiene muchas virtudes pero también males propios. Que se preocupe de la economía no significa que la domine, como lanzó uno de sus panegiristas hace 48 horas. Sus complejos setentistas lo traban en muchos aspectos de gobierno, aunque le sirvan para calmar a la izquierda. Posee tendencias hegemónicas marcadas por tan opuestos -aunque estatistas en el fondo- como Raúl Alfonsín y Elisa Carrió. Prefiere más al obsecuente, al lisonjero, que al crítico, aunque lee y refuta más a éstos. Inclusive cree que todo crítico no representa, mayoritariamente, la racionalidad, el otro lado absolutamente necesario del prisma, sino al extranjero. Se entusiasma con aliados que no son tales en temas de fondo, como antes con Brasil y ahora con Chile, o como debe suponer con el socialismo futuro gobierno de España cuando similar línea política está en Alemania y este país fue terrible en los últimos días para la Argentina.

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