Se bajó Menem pero intenta quedarse como jefe del PJ
El anuncio de su desistimiento de ir al ballottage se conoció en el mismo momento en que Kirchner comenzaba su discurso. Dijo que “no están dadas las condiciones” para participar de la segunda vuelta y denunció una campaña de difamación en su contra. Sin nombrarlo, acusó a Duhalde de haber manipulado el proceso electoral y sometido a toda la sociedad a expedirse en una interna peronista. Consideró que por las “falsas antinomias” creadas, el pueblo iba a elegir “a un candidato que apenas conoce”. Alertó sobre el peligro de ingobernabilidad, prometió respaldar al nuevo gobierno y aseguró que no renunciará a la lucha política. El mensaje (leído de carteles detrás de cámara) difirió de la carta publicada ayer por Ambito Financiero. Sin embargo, esa carta -antes de ser modificada-y la entrevista también publicada por este diario representan el pensamiento verdadero y espontáneo de Menem. Poco antes de su anuncio, éste fue criticado por López Murphy. Tal como adelantó ayer Ambito Financiero, el líder de Recrear afirmó que no buscará ocupar el lugar de Menem en el ballottage. Se declaró “herido y avergonzado por la conducta de algunos dirigentes” y responsabilizó al ex presidente y a Duhalde por la “destrucción institucional” que generan en el país. El empresariado dio su apoyo inicial al gobierno de Kirchner, pero en privado mostró dudas por la dureza de su primera aparición.
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Participaron de esos debates Claudio Sebastiani, Alberto Tell, los integrantes del que sería su gabinete Rogelio Frigerio, Carlos Torres, Jorge Susmel, Paola Spátola, Pablo Rojo, Diego Estévez y Francisco de Narváez. Todos ellos defendieron como pudieron la posición de que Menem debía pelear hasta el final, adhiriendo al gesto de Kohan.
De entre ellos fue Estévez quien lo conmovió con esta frase: « Usted no puede ser el cuarto de la lista de los que se van, donde están Alfonsín, De la Rúa y Chacho». Menem pareció decidido a pasar la jornada conteniendo a ese grupo, que con más afecto y entusiasmo que racionalidad, vino a presionar por una lucha que consideraron inútil quienes tienen intereses concretos en los territorios provinciales. El más enfático fue, como siempre, Marín, seguido por Patti y Eduardo Menem, quien mantuvo un encontronazo con su hermano. «No soy conejillo de Indias, hay que estar en mi pellejo cuando viene la gente y me llora diciendo 'no se baje presidente'.»
El petrolero Antonio Cassia, pidió a Menem que «no se olvide de los pobres y los cinco millones que nos votaron».
Francisco Mayorga, uno de los más encendidos en la idea de no participar, intercedió con un informe de la provincia de Buenos Aires que anticipaba un cataclismo electoral. «En General Pueyrredón ganamos sólo en las 39 localidades donde pusimos fiscales, donde no hubo, perdimos en todos lados.»
Patti agregó: «Hacen lo imposible por ganarlos. Doblan cualquier aporte que se haga, ponés un auto, ellos ponen dos».
Romero, tajante, comunicó además que no había más dinero para la campaña y que en varias provincias ya se habían cerrado locales y no se habían distribuido boletas.
Jorge Escobar agregó: «En San Juan tengo listo todo para que se vote el domingo, pero en las demás provincias no hay nada. Hay que bajarse porque es un desastre con gente que juega a ganador».
Menem admitió a su equipo de campaña y asesores la renuncia al ballottage recién a las 15, luego de una exasperante ronda de café, método tradicional de los jefes árabes.
Habló con Carlos Reutemann y con Ramón Puerta. El santafesino le aconsejó: «Bajate, no dejes que aplasten como quieren ahora hacer conmigo». El jefe de Misiones le aconsejó lo mismo y recordó que debió aplicarse su propuesta de votar todos los cargos el mismo día en todo el país para lograr una movilización sincera con la realidad política.
Un argumento de Héctor Maya terminó de convencerlo: « Duhalde quiere que seas Saddam, que muera el jefe y la tropa. Eso es bíblico, matar al jefe antes que a nadie. ¿Perón acaso no se fue en el '55 para dejar un mejor momento para la lucha?»
Luego de un almuerzo en casa del empresario automotriz Tico Nach, del cual se levantó a poco de estar unos minutos y sin dar discursos, se fue a hacer una breve siesta. Después llamó a una sala de la residencia, sede de interminables deliberaciones, a un pequeño grupo integrado por Romero, Marín, Maza, Eduardo Menem, Bauzá y Kohan. Les pidió una última opinión por sí o por no y el resultado fue apabullante -sólo Kohan amagó una defensa final de la participación en la segunda vuelta-. «Está bien, vamos a grabar el mensaje que aprobamos esta mañana.» Era el texto de renuncia que habían discutido los mismos participantes junto a Jorge Castro -responsable final de la prosa-y otras plumas (el romerista Angel Torres, el vocero Jorge Azcárate). Bauzá salió al salón principal de la residencia donde aguantaban más de cincuenta dirigentes, entornistas, acompañantes y curiosos que, en su mayoría, esperaban lo contrario, una orden de guerra hasta el final.




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