"Se tensa, pero no se rompe", se dijo a gobernadores PJ
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Ayer, Felipe Solá se subió, junto a Obeid y con una liga de dirigentes de la segunda sección electoral de la provincia de Buenos Aires, al palco de San Nicolás desde donde el Presidente reiteró su intransigencia en 25% de pago a los acreedores privados.
La lista de apoyos no alcanza a todos los mandatarios y jefes políticos; reaccionan por necesidad más que amor. Kirchner, que tiene listas para todo, esta vez desenterró la de las provincias que necesitan ayuda federal para cumplir con el llamado plan de financiamiento ordenado de sus cuentas. Eso explica que los estados con mayor holgura en su administración no hubieran hasta ayer abierto la boca en apoyo del Presidente.
¿Por qué estos caciques del peronismo, que han mantenido hasta ahora una relación cavilosa con Kirchner, adelantaron ese apoyo a tan riesgosa posición? Porque los emisarios del Presidente les transmitieron los límites de ese acuerdo, que son harto tranquilizadores para esa raza tan especial que son los gobernadores: la cuerda se va a tensar hasta el final pero no se va a romper con los organismos internacionales.
Esto es lo que los emisarios dicen haber escuchado como definición de la boca del propio presidente tras la hermética reunión que mantuvo ayer en Casa de Gobierno con Roberto Lavagna.
¿Qué asegura que no habrá ruptura? Que Kirchner le encargó - según los emisarios del Presidente- a Lavagna que prepare el bono atado al crecimiento para que los acreedores entiendan que 25% puede ser más si aceptan ser socios en la bonanza que la economía prometieron a sus sueños.
Esto les asegura a los gobernadores no ligarse a un apoyo irrestricto al Presidente, algo que los mandatarios del peronismo nunca han hecho con ningún gobierno. Su juego ha sido siempre definir posiciones cuando el final de la pelea está claro. Cada uno de ellos juega en cada paso que da un capital político que no depende del gobierno central, pero que puede resentirse ante cualquier traspié en el juego ajeno.
El dictamen de no mostrarse juntos ni actuando en montonera no sólo es un reclamo estético del gobierno nacional. También satisface el deseo de las dos partes de no entregarse al espectáculo de aparecer dependiendo de la otra.
A los gobernadores no les gusta resignar precedencias ante otros poderes como la Nación, pero menos le gusta a un presidente como Kirchner quedar atado al compromiso de que digan mañana que lo salvaron sus compañeros peronistas.




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