Política

Massa se acerca a Transporte y avanza sobre CGT

La política de transporte de Alberto Fernández se encamina a ser el rubro donde Sergio Massa tendrá incidencia directa dentro del futuro Gabinete. La novedad, que circuló cada vez con más fuerza en los últimos días, significó un revés para sindicatos de la actividad que aspiraban a tener dirigentes propios en los cargos estratégicos para el diseño de las políticas del sector. Al frente del área todas las miradas confluyen en Raúl Pérez, un diputado nacional de la máxima confianza del líder del Frente Renovador, confiaron en el entorno del presidente electo.

La definición de los encargados y el direccionamiento de la repartición de Transporte en el nuevo Gobierno será clave, entre otras razones, para un sector sindical caracterizado por la atomización y las pujas internas. Allí dominan, no exentos de fricciones, el camionero Hugo Moyano, el ferroviario Omar Maturano (La Fraternidad), el colectivero Roberto Fernández (UTA) y el piloto Pablo Biró (APLA), cada uno de ellos con aspiraciones respecto de la próxima estructura administrativa.

Por lo pronto Moyano había dejado trascender su interés de que fuera Guillermo López del Punta, un abogado afín que ya pasó por el área en el gobierno de Eduardo Duhalde, el número uno de Transporte. La señal más concreta del último fin de semana de Alberto Fernández a los gremios es que los resortes de la política de transporte pasarán por el tándem Massa-Pérez. Lo que todavía no quedó resuelto es si la repartición quedará con el rango de Ministerio o bien, como trascendió ayer, será subsumida por Planificación o Interior. En consecuencia el líder del Frente Renovador también quedaría con Aerolíneas Argentinas bajo su monitoreo directo.

Más allá de la opción de una conducción política para Transporte resta saber si habrá lugar para los gremios en las oficinas técnicas, una modalidad que inauguró Néstor Kirchner en el arranque de su presidencia y que continuó durante casi todo el período del kirchnerismo en el poder. Aquel diseño implicó jefaturas para Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi, y para Florencio Randazzo luego de la tragedia de Once, mientras que las subsecretarías de transporte automotor, ferroviario, aeronáutico y portuario quedaban para abogados o dirigentes de los respectivos sindicatos.

Por lo pronto los dirigentes con más peso en la actividad fortalecieron en las últimas semanas la Confederación de Trabajadores del Transporte, que tiene como líder formal al portuario Juan Carlos Schmid y como animadores a Maturano, Fernández y Moyano. Además de aprobar el retorno al sello del taxista Omar Viviani (un especialista en el lobby con la política) y el ferroviario Sergio Sasia, la semana pasada Maturano y Schmid se reunieron con López del Punta. El abogado aparece así como un eventual nexo entre Moyano y los otros referentes del transporte que en general desconfían del camionero.

La incomodidad creciente de sindicalistas del transporte con el manejo del rubro por parte de la política, y de Massa en particular, contrasta con la declamada prescindencia de otros dirigentes gremiales respecto del armado del próximo Gobierno. Por caso, Héctor Daer, cotitular de la CGT y amigo de Alberto Fernández, se encargó de avisar cuantas veces pudo que la central obrera no pujará por lugares en el Poder Ejecutivo sino que se focalizará en acompañar la gestión.

“No vamos a mirar el gobierno como un tercero sino como parte integrante”, suele repetir el líder de Sanidad y portavoz del sector de los denominados “gordos” de los grandes gremios de servicios que ostentan mayoría en la CGT. Para ratificar su voluntad de colaboración, Daer afirmó ayer que la central obrera no exigirá un bono de fin de año sino que en todo caso ese planteo deberá corresponder a cada sindicato por separado en función de sus necesidades.

Aunque el rol de Daer y su cercanía con el presidente electo lo convierten en una pieza clave para la futura gestión esa declamada prescindencia no es una actitud mayoritaria entre los dirigentes tradicionales: en una reunión semanas antes de las elecciones, dirigentes de los espacios más influyentes de la CGT se pusieron de acuerdo para reclamar cargos para sus hombres en el PAMI, la Anses y la Superintendencia de Servicios de Salud, el órgano de control y distribución de recursos para las obras sociales.

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