La 48ª edición de la Reunión Consultiva del Tratado Antártico (RCTA 48) en simultáneo con la 28°Reunión del Comité para la Protección del Medio Ambiente (CPA 48) comenzaron este lunes y se extienden hasta el 21 de mayo.
Argentina participa en encuentro anual sobre Tratado Antártico
La reunión se desarrolla bajo la sombra de la inestabilidad internacional, pone a prueba el Sistema del Tratado Antártico como un espacio de cooperación científica desmilitarizado.
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Argentina es uno de los 12 signatarios originales del Tratado en 1959 y con presencia ininterrumpida desde 1904 en el continente blanco.
El encuentro de los países miembro de la organización antártica internacional tiene lugar en la ciudad de Hiroshima, Japón, un sitio emblemático; sufrió un ataque nuclear en la Segunda Guerra Mundial; y es una nueva oportunidad de avanzar en la visión compartida de mantener la Antártida como una reserva natural que se dedica a la paz y la ciencia.
El fundamento del Tratado del Antártico (1959) fue desmilitarizar una región helada que cubre aproximadamente el 10% de la superficie de la Tierra y preservar el territorio con fines científicos.
Japón el país anfitrión intenta instalar una agenda de “volver a las fuentes” (back to basics) reenfocar los principios fundamentales del sistema antártico: el uso pacífico de la región, la cooperación científica y la protección del medio ambiente. El turismo antártico que en esta temporada contó más de 120 mil personas en viajes de cruceros encendió alarmas por más control a tratar en esta reunión.
El caso del brote de hantavirus en el crucero holandes MV Hondius que navegó por islas subantárticas entre ellas Georgias del Sur; ocupadas por Gran Bretaña y en disputa con Argentina; pone atención sobre el formato de turismo aventura y el desembarco de pasajeros en áreas de ecosistemas protegidos.
A la cumbre de Hiroshima asiste una delegación encabezada por el embajador Fausto López Crozet, director Nacional de Política Exterior Antártica junto a funcionarios de la Dirección Nacional del Antártico (DNA).
El escenario de rivalidad que se observa en el Ártico entre los Estados Unidos, Canadá, la Federación Rusa y China por el control de nuevos recursos naturales, rutas marítimas estratégicas y la supremacía militar, impulsada por el acelerado derretimiento del hielo marino es una alerta para reforzar la estabilidad y continuidad del Tratado Antártico.
La competencia geopolítica que se percibe en el Ártico suele presentarse en el sistema antártico con vetos de los miembros consultivos a ponencias de sus rivales y, como las decisiones son por consenso basta con una negativa para que la medida no se apruebe.
Argentina; uno de los 12 signatarios originales del Tratado en 1959 y con presencia ininterrumpida desde 1904 en el continente blanco en la actualidad con 7 bases permanentes (operativas durante todo el año) y 6 bases temporarias (abiertas solo durante la temporada de verano); tiene un rol activo en la gobernanza internacional de la Antártida y en el ejercicio de sus derechos soberanos.
Base Petrel clave en proyección antártica
La última decisión estratégica en el sistema de bases que se ha mantenido como política de Estado fue la reactivación con despliegue permanente de Petrel, instalación antártica ubicada en la isla Dundee.
Fue impulsada por Agustín Rossi en 2013 y los ministros de Defensa que le sucedieron prosiguieron con la misión de convertirla en un polo logístico permanente en la Antártida.
El proyecto comenzó en la campaña de 2021/22 liderado por el Comando Conjunto Antártico entonces a cargo del general Edgar Calandin y continúa ahora bajo la gestión del contralmirante Maximiliano Manigaterra.
La antigua Estación Aeronaval Petrel operada por la Armada desde 1967 se recuperó y va camino a ser una base estratégica con la ampliación de la pista de aterrizaje y módulos habitacionales en construcción a cargo de Tandanor y personal del Estado Mayor Conjunto.
Se busca alcanzar una capacidad de operación multimodal todo el año a partir de sumar un muelle a la pista de aterrizaje y que sea un punto de proyección para todo el movimiento de personal y cargas hacia el resto de las bases nacionales y a lo profundo del continente helado, extensivo a otros países en programas de cooperación.
Faltante de equipo crítico arroja dudas sobre la gestión de residuos y protección ambiental
Al Comando Conjunto Antártico le quedó un pendiente no menor: dotar la base Petrel de un incinerador, equipo esencial para gestionar residuos normado según estándares de emisión establecidos por el Comité de Protección Ambiental (CPA), que es el organismo, dentro del Tratado Antártico, que regula las actividades para conservar el medio ambiente.
El tema de la quema al aire libre es un punto crítico de la agenda ambiental para la RCTA 48 y la CPA 28 en Hiroshima, debido a su prohibición explícita bajo el Protocolo de Madrid y a episodios recientes que han vuelto a poner el foco en el cumplimiento normativo.
Se sabe que el caso más referenciado en foros internacionales de científicos del sector fue el incidente ocurrido en la base Petrel durante la última campaña antártica de verano 2026.
Hubo quema de residuos al aire libre según quedó registrado en fotos de inapelable cuestionamiento que circularon en el sistema de gestión documental electrónica (GDE) por memo ME-2026-03490366-APN-COCOANTAR#EMCO.
Incinerar a cielo abierto desechos de hidrocarburos y otros encuadrados en el grupo de “Residuos Peligrosos” es una grave contravención a las normas de protección del ecosistema antártico.
El faltante de incinerador un artefacto crítico para tratamiento de residuos en la base Petrel fue confirmado a Ámbito a través de una nota oficial PV-2026-34271014-APN-SMAPOYAS#MRE de la Secretaría de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico sur. En el mismo expediente aclaró que “el manejo de residuos debe ajustarse a lo establecido por el Plan de Gestión de Residuos del Programa Antártico Argentino”.
Ese plan elaborado por la Dirección Nacional del Antártico con arreglo a “los principios emanados de los Anexos III y IV del Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (Protocolo de Madrid) y de la legislación nacional vigente” establece pautas y procedimientos a cumplir por “los responsables de la planificación de las actividades que involucren la generación de residuos, así como los responsables de la gestión de los mismos en el ámbito de las Bases, Campamentos y Buques, sean estos pertenecientes a las Fuerzas Armadas o a la Dirección Nacional del Antártico”.
El acápite sobre “Manejo de residuos por grupo” tiene un recuadro con letras destacadas y advierte a los responsables de las bases: “Según lo establecido en los artículos 3 y 4 del Anexo III del Protocolo de Madrid, queda expresamente prohibida la quema a cielo abierto” . . .
El episodio, imperdonable error de gestión en un área crítica de protección ambiental fue minimizado para esquivar responsabilidades aunque ofrece flancos a actores interesados que atizan y debilitan la posición del país en asuntos como la propuesta argentino-chilena de crear una Área Marina Protegida (AMP) en la Península Antártica Occidental y el sur del Arco de Scotia.
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