Silencio ante un drama le costó caro a Putin en 2000
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El presidente ruso, Vladimir Putin, el 12 de agosto de 2000, junto a la viuda y la hija del comandante del submarino nuclear Kursk, hundido en el Mar de Barents. Fue un gesto del mandatario para revertir las críticas a su inicial indiferencia ante la tragedia.
«Cuando supe del accidente mi primer deseo fue tomar un avión e ir a la zona. Pero me contuve y creo que hice lo correcto, ya que la llegada de personas no especializadas y de altos funcionarios no habría sido de ayuda y, al contrario, habría molestado», dijo en su primera declaración.
«Cómo puede el presidente de Rusia permitirse ignorar tan flagrantemente una tragedia semejante», se preguntó el influyente diario «Izvestiya». «Los reflejos de la elite rusa no han cambiado en los últimos 10 o 15 años. Lo primero que hacen es ocultar la verdad», siguió lanzando el que, acaso, sea el peor insulto para un líder de la Rusia contemporánea: compararlo con los presidentes de la nefasta era comunista.
«Ahora creo que debería haber regresado a Moscú, aunque nada hubiese cambiado. En Sochi tenía el mismo nivel de comunicaciones que en Moscú, pero desde el punto de vista de las relaciones públicas podría haber demostrado un deseo especial de regresar», admitió.
Más allá de la tradición de secretismo que ha rodeado históricamente a la elite política de Rusia, desde los zares hasta la democracia actual, pasando por la larga noche soviética, había en el caso elementos que, de alguna manera, explicaban la actitud de Putin y que no están presentes en lo que ocurrió en laArgentina. Por un lado, el hundimiento del Kursk implicaba un riesgo de pérdida de secretos militares. Por eso la ayuda estadounidense para reflotar al submarino fue evitada por el Kremlin. Además, el caso cuestionaba seriamente el nivel de mantenimiento y el poderío de la flota rusa, algo particularmente delicado para un país que desde la era de los zares y aún hoy, pese a su empobrecimiento que dejó el colapso del comunismo, se ha visto a sí mismo como una potencia militar global. Por último, la doble explosión registrada en el submarino no permitía descartar en los días posteriores a la tragedia la hipótesis de un atentado de matriz islamista, algo delicado para un presidente que había construido su poder sobre la base del éxito de sus impiadosas estrategias antiterroristas.
Por supuesto, ninguna de estas cuestiones de alta política se dieron en el caso de la disco República Cromagnon. las especulaciones, en el caso argentino, parecen bastante menores. Por eso es más difícil explicar aquí el silencio oficial.



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