Sin límites de Kirchner contra los militares, les pidió que hagan aparecer a Julio López

Política

¿Sabe algo el Presidente del caso López que no le dice al público? ¿O el pedido ante los egresados del Colegio Militar ayer sobre este testigo (desaparecido tras declarar contra un represor condenado) hay que anotarlo en la antología de las manipulaciones de casos gravísimos, abominables, que merecerían más acciones del Estado que imputaciones sin pruebas? Quedó flotando en esa frase de Néstor Kirchner que los militares algo habrán hecho en este caso. Antes el gobierno mandó a hacer cuatro allanamientos en cuarteles de Campo de Mayo que no dieron fruto alguno. Pegarlos a los uniformados a esta tragedia es que López sigue a otros actos antimilitares del gobierno, como negarles ascensos a oficiales por el solo hecho de ser hijos de militares que actuaron en gobiernos de facto en el pasado. Esa cadena fatal de la sangre frenó la carrera de los hijos del coronel Hugo Miori Pereyra y del hijo del mayor Huergo.

Kirchner pidió ayer frente a militares por la aparición del testigo Jorge Julio López, primer desaparecido en democracia, y manifestó su voluntad de «devolver a López a su hogar». Lo hizo, tal como este diario lo anticipó, en la ceremonia de egreso conjunto de los nuevos oficiales de las tres Fuerzas Armadas, que tuvo lugar en el Colegio Militar de la Nación, ubicado en la localidad bonaerense de El Palomar. «Estoy seguro de que ustedes comparten nuestra angustia», dijo el jefe de Estado, al hablar ante la cúpula castrense y los jóvenes oficiales. «Aquí, en este colegio, quiero hablar de un dolor que sentimos todos. De un hecho que nos afecta y nos duele profundamente a todos y que sentimos todos por igual», dijo el Presidente. «Esperamos como Estado devolver a López a su hogar y que desaparezcan los fantasmas que tanto daño nos han hecho», agregó el jefe del Estado.

Horas antes del acto, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, aseguró que no tuvieron «nunca por parte de la Justicia una instrucción para cuidar a Jorge Julio López», testigo del juicio contra el represor Miguel Etchecolatz que está desaparecido desde hace tres meses. Fiel a su línea, Kirchner no pudo dejar atrás un pasado que retornó justo en su gobierno con el jalón desgraciado que significa la desaparición del testigo López. La jornada de calor y esa mirada castrense, especie de furia contenida mezclada con marcialidad, le pusieron el marco adecuado al discurso de Kirchner.

El Presidente también repasó con énfasis las reformas que se hicieron en las FF.AA. tras la reglamentación de la Ley de Defensa. Hizo un punteo de los temas que lanzó Nilda Garré en innumerables gacetillas de prensa, aunque algunos -de fondo- están demorados, como la directiva de Defensa: eje central de la política militar. En la extensa enumeración de los avances en materia de inteligencia militar, organización del Estado Mayor Conjunto, reforma del Código de Justicia Militar, formación académica y otros asuntos, apareció una novedad. Kirchner anunció el traspaso del astillero Tandanor a la órbita del Estado. Dijo que se recuperará para el patrimonio estatal y sugirió la idea de la creación de un polo de industria naval junto a los astilleros Domecq García de la Armada y Río Santiago de la provincia de Buenos Aires.

Como se sabe, Tandanor fue privatizado en la década del noventa, los propietarios no cumplieron con los pagos al Estado, hubo ventas de terreno fraudulentas, y se desencadenó una batalla judicial, quiebra de por medio, y hasta Erman González, entonces ministro de Defensa, fue procesado en la Justicia.

En la ceremonia de egreso estuvieron el vicepresidente Daniel Scioli; la ministra de Defensa, Nilda Garré; el jefe del Estado Mayor Conjunto, brigadier Jorge Chevalier; los titulares del Ejército, general Roberto Bendini; de la Armada, almirante Jorge Godoy; y de la Fuerza Aérea, brigadier Normando Costantino.

  • Ausencia

    Felipe Solá, gobernador de la provincia de Buenos Aires, no concurrió a pesar de haber sido invitado. El protocolo indica que el dueño de casa -el acto se hizo en su distrito-no puede faltar, máxime si concurre el primer mandatario. También asistieron los diputados José María Díaz Bancalari y Jorge Villaverde.

    En el palco del Patio de Honor del Colegio Militar se respiraba con alivio. Los jefes militares de las tres fuerzas habían comunicado el lunes a la noche --apremiados por la ceremonia de egresolosascensos a las jerarquías de generales, almirantes y brigadieres que integrarán la máxima conducción de las fuerzas. Hay seis nuevos generales, nueve contraalmirantes y seis brigadieres. El trámite se destrabó ante la urgencia de elevar los pliegos de los propuestos al Senado que sesiona hoy por última vez en el año. Dirigiéndose directamente a los 250 cadetes del Colegio Militar, la Escuela Naval y la Escuela de Aviación que esperaban para jurar, Kirchner les dijo: «Ustedes son parte de las nuevas generaciones que constituyen un punto de inflexión; estamos cerrando las tristes épocas de la represión interna y la subordinación externa» y los exhortó a cumplir la Constitución nacional recordando a militares que defendieron «la soberanía popular» como el mayor Bernardo Alberte, ex edecán de Perón y el general Juan José Valle, jefe de la sublevación peronista del 9 de junio de 1956, fusilado por orden del entonces presidente Pedro Eugenio Aramburu. Para equilibrar tanto revisionismo ajeno a la vida militar de quienes recién se inician, Kirchner apeló al ejemplo de los íconos históricos de las fuerzas: el general San Martín, el almirante Guillermo Brown, el abogado Mariano Moreno y el general Manuel Belgrano.
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