Solá, diputado. ¿Balestrini, intendente? Enigmas 2007

Política

Néstor Kirchner ordenó derogar el régimen de internas abiertas y obligatorias para seleccionar candidaturas con una intención muy simple: contar con tiempo hasta 90 días antes de las elecciones para, recién entonces, definir las listas que constituirán la oferta electoral del oficialismo en 2007. De ese modo mantendría ilusionados con la renovación de su mandato a muchos dirigentes a los que, necesariamente, deberá sacrificar. Una táctica de administración de recursos humanos, por decirlo de algún modo.

Sin embargo, la pretensión de mantener esas incógnitas hasta bien entrado el año próximo comienza a mostrarse defectuosa. Algunas hipótesis ganan consistencia, políticos importantes creen ir asegurándose un destino aceptable y otros que también gravitan dejan de dormir suponiendo la exclusión o la degradación. El panorama que se expone a continuación pretende consignar algunas novedades en el distrito estratégico de la reelección presidencial -o de la continuidad del actual elenco de poder-, la provincia de Buenos Aires, donde algunas piezas grandes van encontrando su lugar en la estantería electoral:

  • Es posible que un enigma mayor de la vida política provincial ya se haya develado: el destino profesional del actual gobernador, Felipe Solá. Sacrificado en homenaje a la revalorización que realizó el kirchnerismo de la «dignidad cívica» después de la derrota misionera, o con esa excusa, a Solá le cabían todos los destinos y ninguno desde hace dos meses. Hasta hubo fantasías afiebradas que lo imaginaron, movido más por la frustración que por la lógica, candidato a presidente de un duhaldismo residual que sigue soñando con entorpecer los planes de Kirchner. Ahora el gobernador está casi seguro de que encabezará la lista de diputados nacionales del distrito por el Frente para la Victoria. Una jerarquía que tiene suficiente relevancia como para no dañar su autoestima de sucesor de Dardo Rocha, pero que tampoco es tan exaltada como para irritar a la legión de caudillejos provinciales que no lo quiere.

  • Si con esta postulación se encuentra, aunque sea de modo provisorio, otra respuesta al acertijo bonaerense, también con ella se abre otro interrogante. ¿Querrá Solá disputar, envuelto en sus pergaminos anteriores, la presidencia de la Cámara? La pregunta se refiere al destino de otro capitoste de la provincia: Alberto Balestrini, titular de Diputados y líder indiscutido de La Matanza. Este legislador fue uno de los primeros en encolumnarse detrás de Kirchner cuando Olivos decidió enfrentar al duhaldismo. Lo hizo en un sonado reportaje en el que caracterizó a Eduardo Duhalde como un señor feudal -antecedente de la imagen más agresiva y lograda de «el Padrino», que acuñó Cristina Kirchner en La Plata-. Puso el distrito más populoso a los pies del matrimonio presidencial y toleró durante el último año que la Casa Rosada diseñe una política legislativa que tiene por nota distintiva el desdén hacia las autoridades oficiales del Congreso, sean presidentes de Cámara o bloque. Tanta lealtad o sumisión acaso fue malinterpretada por Kirchner, quien dispuso que su hermana Alicia ensaye una aventura propia en la municipalidad que Balestrini controla a través de Fernando «Cacho» Espinosa.

    El titular de Diputados insinuó un límite a esa embestida. Y aclaró a los suyos que «si hay que defender nuestra militancia no tendré dudas en bajar yo a la candidatura a intendente». Pareció una altanería, casi una insolencia. Aunque no habría que descartar que Balestrini se haya anticipado con ese aparente arrebato de orgullo a lo que, presume, le van a pedir tarde o temprano. Ya son muchas las voces que dicen, cerca de Kirchner, que la candidatura del piquetero Jorge Cevallos, amadrinada por Alicia Kirchner, no es más que un amague para que el líder del distrito vuelva a ser candidato municipal. ¿El objetivo? El mismo que preside todos los movimientos electorales del Presidente en la provincia: obtener la mayor cantidad de votos posible para garantizarse allí la victoria en la primera vuelta de la elección nacional.

  • La hipótesis anterior, que se configura rápidamente entre los dirigentes de la provincia, supone algo que debe todavía demostrarse: que los demás diputados votarán a Solá con la misma aquiescencia con que votaron a Balestrini para que los presida. Nada personal contra el gobernador. Lo que aparece es un problema general: la resistencia, más tenue cuanto más desconsiderado es el poder que hoy ejerce Kirchner sobre su «personal», a que el distrito sea manejado con el mismo molde que rige las relaciones santacruceñas. En este horizonte, lo que se destaca no es la pretensión de Solá, sino la imposición de la candidatura de Daniel Scioli. A los políticos locales les resulta «otro Ruckauf», con la diferencia de que en este caso la importación no la realiza un bonaerense, Duhalde, sino un presidente que tampoco pertenece al territorio (los antiguos duhaldistas comienzan a extrañar aquel feudalismo que antes denunciaban). La tímida reticencia a soportar una invasión más agresiva de la Casa Rosada sobre la provincia se expresa en esta frase: «No podemos tolerar que nos quieran imponer también a Graciela Ocaña». El sueño de los caudillos locales es un sueño menor:que Kirchner les reconozcaun mínimo de autonomía designando como vice de Scioli a alguien del propio grupo. El intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, por ejemplo.

  • Hasta allí llega la rebeldía. Nadie se anima a quejarse del descenso de Scioli en paracaídas. Ese dato se asimila en obsequio al mismo imperativo categórico: hay que llevar en las listas a quienes más votos aseguren a la pretensión de continuidad de los Kirchner en Olivos. Claro, ese mismo criterio sirve para animar otras conjeturas con las que todavía algunos bonaerenses clásicos se consuelan. La que se ha puesto en boga en las últimas horas: suponer que el lanzamiento del vicepresidente como candidato a gobernador es hasta ahora nada más que un modo de bloquear la interna que se desató cuando Solá perdió su chance de renovar el mandato. Esta versión, que menosprecia el costo de retirar esa ficha del tablero, la analizan con estupor algunos amigos del propio Scioli.

    Suponen que cuando las brevas maduren, Kirchner destapará la candidatura de su esposa para volver a correr con ella el riesgo bonaerense, como el año pasado. «Por algo a Daniel todavía no le aseguran que puede postularse según los reglamentos», insisten. Y citan al Presidente, quien la semana pasada contestó así a quienes le sacaron el tema: «¿Cómo va a haber candidato a gobernador si todavía no tenemos candidato a presidente?». Inquietante fin de año para el vice.
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