El crimen de Diego Peralta desató una crisis política que, a pesar que ayer Felipe Solá lo ratificó, puso un plazo perentorio a la permanencia de Juan Pablo Cafiero en el Ministerio de Seguridad de Buenos Aires.
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En una cumbre cerrada con legisladores, ayer por la tarde en La Plata, Solá confirmó al frepasista pero lo hizo por una cuestión de forma: no quiere que la dimisión parezca forzada por los medios y sus opositores.
Ese es el dilema del gobernador que coteja el costo político de las dos opciones válidas: dejarse torcer el brazo y expulsar a Cafiero o preservarlo a pesar de la impericia de éste para manejar un área tan sensible como la Seguridad.
Por lo pronto, esta semana reordenará su gabinete. Separará Seguridad y Justicia, unirá Agro y Producción, y creará una jefatura de Gabinete que, casi con certeza, ocupará uno de sus operadores más fieles y jefe de campaña, el quilmeño Federico Scarabino.
Cuando tiempo atrás diseñó ese movimiento, Solá pensó en derivar a Cafiero hacia el área social. Pero ante la crisis, decidió demorar la mudanza para no premiar a un ministro que erró cada uno de sus movimientos.
En los hechos, para el bonaerense la continuidad de su ministro es un dato lateral. Ha dicho que la ola criminal en Buenos Aires tiene condimentos políticos que no desaparecerán cualquiera sea el hombre que esté al frente de Seguridad.
El suyo fue un planteo genérico, sin hombres ni precisiones. Pero en La Plata anotan dos figuras del gabinete de Eduardo Duhalde como «interesadas» en que Buenos Aires estalle por la crisis delictiva: Carlos Ruckauf y Juan José Alvarez.
Ayer, como broche, el viceministro de Seguridad, Marcelo Sain, incorporó a casi toda la estructura del PJ. Habló de un «complot» del sector político cuyo origen estaría en «la interna del justicialismo bonaerense».
Dijo que Cafiero «molesta» porque no pertenece al «aparato» del PJ ni está «dispuesto a poner al ministerio o avalar ningún tipo de financiamiento de la política» utilizando a «algún sector de la Policía que actúe en el marco de la política».
Cerró con un planteo más denso que podría llevarlo ante la Justicia: vinculó a la política con el amparo de la prostitución y el narcotráfico.
Un rato después, los diputados del PJ le mandaron una carta documento y, por la tarde, le reclamaron a Solá que remueva al segundo de Cafiero. Anoche, a pesar del pedido de los legisladores, Sain seguía en su cargo.
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