Tablada: estudian decretos pero no libertad de presos
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El Presidente busca ahora evitar que a su llegada a Costa Rica le pregunten sobre La Tablada. Por eso, no se hace acompañar por la secretaria de Derechos Humanos, Diana Conti, sino por su hermano Jorge, ministro de Justicia. Este, en un encuentro que mantuvieron el martes en Olivos le preguntó al Presidente: «¿No tenés miedo de que te planteen lo de La Tablada cuando llegués a Costa Rica?». «-No, porque me han acotado la agenda de temas a tratar en la Corte». Cerca estaba Adalberto Rodríguez Giavarini, quien explicó que el reclamo de la doble instancia es de la Comisión de DD.HH. (Washington) y no de la Corte (Costa Rica). El tema que tratará el lunes el Presidente es una reforma de la carta orgánica de la OEA que le puede quitar facultades a la Comisión (a la que se la considera movida por los EE.UU. y muy severa con la política interna de países acusados de violaciones a los derechos humanos) en favor de la Corte, que funciona más acotada por las leyes.
Para eso, la cancillería envió de adelantado a Costa Rica al ministro Hernán Plorutti, que reporta a otro acompañante de De la Rúa en este viaje, el representante para DD.HH. del gobierno Leandro Despouy.
Ayer, De la Rúa dijo estar preocupado por la salud de los presos de La Tablada que siguen la huelga de hambre, pero negó que vaya a firmar un indulto o una conmutación de penas. Esto es lo que le reclamó a Melchor Cruchaga el martes un lote de artistas y activistas entre quienes estaban el cantante duhaldista Piero, el escritor Osvaldo Bayer, el pastor Adolfo Pérez Esquivel y una enviada de Hebe de Bonafini.
Ante la medida de los presos, el gobierno sólo cuenta con el recurso de que los jueces de Capital Federal han dado la orden de que si alguno de los presos se descompensa será obligado, aun contra su voluntad, a ingerir alimentos aunque fuera por vía endovenosa.
Estos prometen resistir cualquier alimento forzado e insisten, como hicieron en 1989 cuando atacaron el cuartel militar de La Tablada, se defienden apelando a un ilusorio apoyo mayoritario de la opinión del cual no han podido recoger ningún testimonio.
En tal extremo de irracionalidad creen que podrán torcer la voluntad de los legisladores que ya han dado de baja el proyecto de la agenda de discusión por falta de interés.




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