14 de agosto 2006 - 00:00

También está dividido el kirchnerismo en Capital

Aníbal Ibarra
Aníbal Ibarra
Jorge Telerman dará esta semana otra estocada al ibarrismo que sobrevive en su gobierno, cuando desplace de la gestión a Gabriela Alegre, una funcionaria de Derechos Humanos que nunca tuvo buena relación con la ministra del área, Gabriela Cerutti. Por cierto, la primera se relaciona más en su materia con el ala Estela de Carlotto, mientras que la segunda mantiene mejor sintonía con la línea Hebe de Bonafini.

Desde el gobierno porteño aseguraron ayer a este diario que la ministra estaba dispuesta a pedirle la renuncia a Alegre, a quien ya intentó desplazar cuando asumió en la cartera de Derechos Humanos y Sociales. La decisión agranda la distancia entre el ex jefe de Gobierno y su ex vice, a la vez que posiciona en distintos frentes al kirchnerismo local.

Cerutti, para rematar la atribulada semana que vivió el jefe de Gobierno, denunció la existencia de cajas con objetos y documentos que serían de víctimas de la tragedia de Cromañón, que fueron encontradas durante una mudanza de oficina y que estarían a cargo de Alegre, quien el día del incendio tuvo un activo rol en la búsqueda de familiares y orientación a los mismos en medio de aquel caos.

Tras ser desplazada de la Subsecretaría de Derechos Humanos, ante el desplazamiento de Ibarra, Alegre se ocupa de una oficina que tiene por objeto coordinar la realización del Museo de la Memoria en la Escuela de Mecánica de la Armada.

Luego del episodio, el gobierno porteño comenzó a realizar sumarios internos y denunció la existencia de los objetos ante la Justicia, redoblando por otra parte la furia de los familiares de las víctimas de Cromañón, quienes esta semana anuncian una conferencia de prensa para reclamar nuevamente por la medida judicial que sobreseyó a Ibarra en la causa y porque habría familiares que supuestamente fueron detenidos.

El caso suma a la confusa relación que mantiene Telerman con el ibarrismo, ya que dos de sus principales ministros de la gestión al menos provienen de las tropas del ex mandatario. Uno es el secretario general de Gobierno, Raúl Fernández, quien fuera jefe de Gabinete de Ibarra y quien también es blanco de los familiares de víctimas de Cromañón. Otro es su compañero de ruta del ex PI, Marcelo Vensentini, ministro de Medio Ambiente, nombrado por Telerman para esa función. Telerman convocó a esos funcionarios a una reunión, con la intención de que definan su postura y al parecer nada hace pensar que abandonarán sus puestos por el entredicho del jefe porteño con su antecesor.

La semana pasada el gobierno porteño, a través de tres funcionarios, responsabilizó a Ibarra de la toma de viviendas del Bajo Flores, donde hacía un mes se habían producido saqueos y también ocupación de las unidades. El viernes, Telerman sufrió otro revés, por parte del sindicato de municipales, que con los empleados de la zona 5 (es la única donde la recolección de residuos domiciliarios la hacen empleados de la Ciudad, el resto son concesiones privadas) le armó una nutrida batucada en las puertas de la Casa de la Cultura. Además, a ese edificio lindero a la sede gubernamental sobre la Avenida de Mayo, ingresó un grupo de manifestantes que terminó provocando destrozos en el lugar. La movida le costó a Telerman el compromiso de pasar al sistema de empleo público (blanqueo de contratados) a más de 6.000 empleados, pero en realidad eso habría sido acordado en la semana. Por eso el gobierno porteño se creyó presa de una interna sindical en esa ocasión, donde los caciques de Sutecba (Amadeo Genta, Patricio Datarmini y Alejandro Amor) parecen no lograr la mejor relación con el ministro de Hacienda, Guillermo Nielsen, quien en definitiva tiene el poder de veto que le otorgan las partidas presupuestarias para los reclamos de los gremialistas.Para terminar, ocurrió la denuncia de las cajas con los objetos de Cromañón, que habrían sido remitidas por el Hospital de Clínicas y estaban a la espera de que la Justicia los reclamara, según Alegre.

La tensión entre Telerman y el ibarrismo acentúa por estas horas la división en el kirchnerismo porteño, que no define candidatos para 2007 y mantiene a sus tribus o bien esperando que el jefe de Gobierno se posicione, o, los más afines a Alberto Fernández, tomando distancia de la posibilidad de la reelección del mandatario que reemplazó a Ibarra.

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