"La decisión ya la tenía, pero estaba esperando el momento conveniente para anunciarla", comenzó Carlos Menem el monólogo delante de unos pocos seguidores que lo esperaban cargados de ansiedad, pasadas las 17 de ayer, en el 1° piso del Hotel Presidente. En ningún momento, dijo «me bajo». No fue necesario.
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El secretario Ramón Hernández, el economista Pablo Rojo, el bonaerense Claudio Sebastiani, Eduardo Bauzá y otros lo escucharon en silencio, sin pedirle detalles ni hacerle preguntas. Las versiones eran lo suficientemente fuertes. Sólo faltaba escucharlo de boca del propio candidato.
De ese grupo, Bauzá era el mejor informado. Sabía que el último domingo a la noche en el mismo búnker de la calle Cerrito, el riojano había admitido algunos argumentos para no disputar la segunda vuelta con Néstor Kirchner. «Me parece que no tiene sentido: han creado un clima de mucho rencor y no podemos fomentar más las antinomias», reflexionó el riojano sobre el cierre del fin de semana, después de un extenuante raid por Mar del Plata y Bahía Blanca. «¿No sé qué piensan ustedes?», interrogó a sus íntimos de la rama política esa velada, como si todavía hubiera estado a tiempo de modificar el rumbo de la historia. De a uno, le respondieron desde Juan Carlos Romero hasta el gobernador Angel Maza (La Rioja), pasando por Alberto Pierri, el diputado cordobés Oscar González, Adrián Menem y Eduardo Menem.
Salvo Alberto Kohan, nadie se animó a romper el tono monocolor. El ex secretario general de la Presidencia dio la única opinión contraria en esa mesa. «Así como insistí en hacer el cierre de campaña en River, creo que hay que ir al ballottage como sea pero, si todos piensan distinto y hay unanimidad, adhiero», deslizó Kohan con cara de pocos amigos.
Cerca de las 22, todos dejaron el hotel con la impresión de que no había retorno. Era una cuestión de horas la oficialización. Se juramentaron, eso sí, mantener en secreto el tema, con la premisa de que recién hoy sería el día del anuncio.
• Repetición
Ayer, la escena del domingo se repitió, en parte, en el mismo predio hotelero, con otra audiencia y sin intercambio de criterios. De saco y corbata, sentado sobre un mullido sillón de cuero verde, Menem siguió con la confesión. «Aquí se ha creado un clima bestial, muy semejante al que sufrió Perón en el '55, con mucho odio», se justificó ante Rojo, Sebastiani y compañía. «Ha renacido un fuerte gorilismo y se hace imposible ir a una elección en estas condiciones», concluyó con palabras previsibles, aunque sin repartir culpas o cargar contra el gobierno de Eduardo Duhalde.
A pesar de que ahí también presentían que el ex presidente daría un paso al costado frente al ballottage, se quedaron estupefactos. Sin perder cierta perplejidad, prefirieron imitar a Menem y distraerse delante de la pantalla de TV, tal cual se estilaba en los buenos tiempos en Olivos.
El candidato del Frente por la Lealtad siguió desde el living las alternativas del duelo futbolístico Inter-Milan por la Champions League. No había pasiones de por medio y resultaba un pretexto perfecto para evitar ahondar en disquisiciones domésticas.
Después del partido, entraron en escena Eduardo Menem,Francisco de Narváez y el candidato a vice, Romero. Con este trío, se encerró anoche para analizar el formato que tendría la comunicación oficial a la prensa de la renuncia a la segunda vuelta.
"Cualquier decisión que tomés es mala", lo consoló Rubén Marín a Menem.
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