7 de enero 2001 - 00:00

Temores ante otra "caja de cristal"

La Fundación Auyero, inspirada en los '90 por el fallecido Carlos Auyero, estuvo a punto de involucrar en un escándalo a Carlos Chacho Alvarez, quien amenazó con clausurarla definitivamente el año pasado por sus dudas sobre el financiamiento. Ahora, ya en vías de depuración, se propone resucitarla y convertirla en la versión frepasista del IPA, para lanzarse como líder nacional del oficialismo crítico. La entidad surgió como un foro de discusión de ideas de la social-democracia criolla, a instancias de los seguidores de Auyero, muerto luego de una polémica con el peronista Eduardo Amadeo, en el ciclo televisivo de Mariano Grondona. Aunque con antecedentes más modestos, pretendió competir en ese rubro con el Club de Cultura Socialista, grupo de elite de influencia decisiva durante el gobierno de Raúl Alfonsín, gracias al sociólogo Juan Carlos Portantiero. De ese pretencioso origen intelectual casi deriva en una trampa mortal para Alvarez, quien temió convertirse en el cazador-cazado, envuelto en llamas en las banderas de la ética y las buenas costumbres en la política. Durante la campaña de Graciela Fernández Meijide a la gobernación bonaerense, el ex vicepresidente tuvo -como en el affaire por supuestas coimas en el Senado- serias sospechas de que la Fundación era centro del sistema de recaudación de fondos para las tareas proselitistas de la candidata. A diferencia de lo que sucedió en la Cámara alta, el fundador de la nueva política no se presentó a la Justicia y comenzó a pensar en poner la faja de clausura, sin hacer ruido ni hablar con los «movileros» de la falta de transparencia doméstica. La derrota de Meijide resultó un alivio y permitió manejar la crisis en reserva. Si bien el ex titular de la Auyero, Carlos Porroni, pasó a revistar en el Ministerio de Desarrollo Social, dejó el puesto antes de que la Alianza cumpliera un año en el poder y de que los cuestionamientos dejaran de ser un secreto bien guardado en la Casa del Frente. También la renuncia de Alvarez a la vicepresidencia permitió que el mandamás del Frepaso dispusiera de una persona de extrema confianza que saneara la entidad y le diera el perfil de think tank original. Su amigo de la infancia, Ricardo Mitre, ya liberado de los quehaceres en la secretaría administrativa del Senado ( la «caja» de esa ala del Congreso), asumió la jefatura de la fundación en octubre y evitó que se la cerrara. Cabe recordar que Auyero fue uno de los primeros alia-dos importantes de Chacho, en la incursión electoral del ex jefe del Grupo de los 8, durante los primeros tiempos del menemismo. Por esa época, el socio en las urnas emigró de la DC y fundó la Democracia Popular, donde debutó en la vida partidaria, curiosamente, Fernández Meijide. La actual ministra de Desarrollo Social llegó antes que Alvarez hasta Auyero, de la mano de su ex amiga Matilde Fernández, esposa de Domingo Quarracino, hoy en el socialismo auténtico y hermano del desaparecido cardenal primado de la Argentina, Antonio Quarracino. El «Quarracino bueno» -como se lo conoce en los ámbitos «progresistas»- y su cónyuge se distanciaron de Meijide como consecuencia del proceso de «defección» del Frepaso y de su acercamiento al poder, primero con el fallido matrimonio junto a José Bordón y, más recientemente, a raíz de la «entente» con Fernando de la Rúa.

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