Tras volarse el techo, cerró Cristina mostrando a Kirchner
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Cristina de
Kirchner
debió improvisar
nuevo
escenario en
La Matanza
al volarse en
la tormenta
de ayer el
techo que se
había
montado
frente al
Mercado
Central para
el cierre de
campaña del
oficialismo.
No hubo, tampoco, tiempo ni para un saludo de Balestrini y de Felipe Solá.
Quizá lo salvaron de un mal momento: la tropa, que esperó bajo la lluvia, se movía al ritmo del peronismo y posiblemente no hubiese digerido, un discurso que no abunde, como sí ocurrió con los de Scioli y con el de la primera dama, en el tono claramente pro PJ.
Breves, corridos por el minutero, Fernando Espinoza -heredero de Balestrini en la intendencia de La Matanza- y Scioli saludaron, el primero, y deslizaron las líneas centrales, el segundo, de una gestión que salvo un tsunami deberá empezar el 10 de diciembre en la provincia. Recurrente, Scioli martilló con su preocupación por la inseguridad y prometió obras. Además, en una devolución de gentilezas a los dichos de Kirchner, el miércoles en Ituzaingó, agradeció «la confianza» del Presidente porque lo eligió como vice y ahora para la gobernación.
A su turno, la senadora por Buenos Aires -pero que figura en los padrones de Río Gallegos-se abrazó al rap que repitió durante toda la campaña aunque, más que antes, se enfocó en los «logros» de la gestión de su marido durante sus cuatro años y medio de gobierno.
Lo usó, de hecho, para pegarse todo lo posible a su marido. En esa línea, trazó una relación entre los «sueños realizados» y los que están «pendiente».
«Vinimos con muchos sueños. Pero quiero decirles que al cabo de estos cuatro años y medio muchos de esos sueños se han realizado», planteó.
Y enumeró los «más de tres millones de argentinos y argentinas que han vuelto a tener trabajo. Millones de jubilados han vuelto a recuperar sus haberes y otros por primera vez fueron incorporados a un sistema previsional».
Fue el pie para mostrarse como la continuidad positiva de eso. «Cuando uno puede ver que una parte de esos sueños comienza a cumplirse tiene la certeza de que es necesario seguir por los sueños que faltan». Arrancó uno de los pocos aplausos rudiosos de la noche.
Zigzagueó, luego, entre la convocatoria a las mujeres y a los jóvenes. Todo un dato: en esos dos mercados, sobre todo el primero, es donde su performance electoral más flaquea.
«A los que todavía no creen -se animó- los convoco a participar y jugarse por vivir en una sociedad mejor. Estamos cambiando la historia, dando vuelta un destino que parecía que siempre nos iba a ser adverso».
Era el final y los micros, apuñados afueradel Mercado Central, empezaban a llenarse. La voz de Patricia Sosa apagó el tibio intento de cantar la «marcha peronista». Ese intento se desplomó como antes, con el viento, el techo del escenario.




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