El radicalismo kirchnerista iniciará esta semana gestiones para que la Casa Rosada formalice el llamado a una concertación orgánica de partidos políticos, idea a la que adhirió el jueves pasado el opositor Comité Federal de la UCR.
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Aunque algunos sectores de Compromiso K ya están en campaña para que Carlos Zannini agende una cumbre -que no se produciría antes del fin del Mundial- entre Kirchner y los mandatarios provinciales Julio Cobos ( Mendoza), Arturo Colombi (Corrientes), Gerardo Zamora (Santiago del Estero), Miguel Saiz (Río Negro) y Eduardo Brizuela del Moral (Catamarca), nadie confía en que el santacruceño modifique su estrategia de concertar con dirigentes aislados de la oposición.
Un doble juego es el que se despliega hoy dentro del revuelto caudal político del radicalismo. Por un lado, está el sector comandado por el diputado Roberto Iglesias, jefe del partido, quien a través de un comunicado avaló la posibilidad de concertar con el gobierno pero a nivel orgánico y sobre la base de una agenda predeterminada de temas (nueva Ley Federal de Coparticipación, reforma tributaria y previsional, entre otros asuntos). Este grupo, junto con el alfonsinismo, los jefes de los bloques legislativos nacionales y el ex duhaldismo opositor, aspira a que los gobernadores e intendentes radicales alineados con el oficialismo paguen el costo político del rechazo tácito de Néstor Kirchner a una concertación a nivel orgánico.
Por eso desde la UCR oficial, Iglesias y los jefes de los diputados y senadores radicales, Fernando Chironi y Ernesto Sanz, creen que al menos Cobos, Saiz y Brizuela del Moral terminarán declinando su intención de concertar con el kirchnerismo. «Es sólo una cuestión de tiempo», razonan confiados desde el Comité de la UCR, donde el jueves de la semana pasada se emitió un documento en el que se reafirma el rol opositor del partido y se acepta dialogar con el gobierno para evitar así sensación de ruptura.
Pero los estrategas radicales que militan en el ultrakirchnerista Compromiso K dan por descontado que el Presidente no cambiará su estrategia de cooptar individualmente a dirigentes opositores para arrogarse así el rótulo de «plural» ante las críticas que lo acusan de autoritario y confrontativo. La maniobra de la semana pasada de Iglesias apunta entonces a neutralizar el pedido de «libertad de acción» que los gobernadores e intendentes radicales hicieron público tras la cumbre que celebraron el 30 de mayo en el porteño hotel Savoy. Allí ratificaron la necesidad de lograr un acuerdo programático con el oficialismo. Pero ahora, con la cúpula del partido apoderándose de su reclamo aliancista, no tendrían por qué actuar al margen de lo que decida la UCR en la Convención del 25 de agosto en Rosario.
Y será justamente en esa ciudad santafesina donde el radicalismo espera consagrar su respaldo a la candidatura de Roberto Lavagna para la presidencia de la Nación. Si la estrategia del Comité Federal da resultados, entonces no habrá ruptura. Especulan con que Kirchner no se pronuncie antes de agosto en favor de una concertación orgánica y, por lo tanto, los gobernadores no tendrán otra salida que adherir a la decisión del partido.
El fin de semana, Cobos se mostró optimista con el documento del Comité Federal de la UCR: «El debate, tal como solicitamos en forma insistente, por fin se ha instalado en nuestro partido y bienvenido sea. Lejos de conceptos agraviantes que no aportan nada a la discusión estamos en condiciones de hablar de los temas que hoy les importan a los argentinos».
El mandatario mendocino, que disputa una feroz interna con Iglesias, aseguró que el documento de su partido revela que «una nueva Argentina está naciendo y además, deja constancia de que no quiere que el partido se constituya en una oposición antagónica y virulenta que aspire al fracaso del gobierno».
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