Trotskistas ven a un capitalismo cohesionado
El periódico partidario del trotskista Partido Obrero dedicó la página editorial de su último número a explicarles a sus lectores que la pelea Kirchner-Duhalde es una falsía y que quienes se horrorizan por los peligros que acechan a la gobernabilidad quieren en realidad tranquilidadpara hacer negocios. Esa simplificación clásica del grupo que animan Jorge Altamira y su ahijado Néstor Pitrola concluye con que la administración kirchnerista ha acentuado más la consolidación del sistema capitalista. Veamos esa nota de "Prensa Obrera".
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La politización de la pobrezaes un enorme progreso de las masas. La versión de que habría desgobierno o una crisis de gobernabilidad incipiente es, sin embargo, totalmente interesada; es un macaneo ideológico de las camarillas en disputa. Dos grandes factores la desmienten: las ganancias extraordinarias de todos los sectores capitalistas, de un lado, y el éxito del gobierno en imponer, por medio de la burocracia sindical, unos 600 convenios colectivos en perjuicio de los trabajadores. El 60% establece básicos inferiores a los 600 pesos, lo que significa la consolidación de un nuevo piso de explotación de la clase obrera. Combinado con la situación en que ha quedado el 55% de los trabajadores en negro, Duhalde-Lavagna, primero, y Kirchner-Lavagna, después, han convertido a la Argentina en un paraíso del capital. No se trata solamente de que han impuesto una determinada «política económica»; han estructurado, igualmente, un régimen político capaz de imponer esa orientación económica. Cooptación de piqueteros truchos, de la CGT; cooptación o neutralización de la CTA (¡CTERA!); cooptación de hecho de gran parte de la izquierda (Binner y el Encuentro de Rosario).
El gobierno ha comprado adicionalmente este apoyo de la burguesía. Ha diseñado un programa de subsidios y exenciones de impuestos para 24 ramas de la producción y del comercio. Ha establecido por decreto la asociación públicaprivada, que significa destinar a fondo perdido una parte del presupuesto del Estado en beneficio de los pulpos (¡debe cotizar en la Bolsa!). Subsidia a la «cadena automotriz» con 6.000 millones de pesos al año y acaba de dictar un decreto de subsidio para la biotecnología. Aplica a rajatablala consigna de «reconstruirla burguesía nacional» sobre las espaldas del pueblo, no a costa del capital extranjero. Está diseñando un decreto de «incentivos» para la exploración petrolera en el mar continental. Es cierto, como se puede ver, que el kirchnerismo ha restablecido la «centralidad del Estado», como han venido pidiendo nacionalistas e izquierdistas. Esta «centralidad» les cuesta a los trabajadores el pan y el trabajo. La ausencia de un debate programático no sólo obedece a la ofuscación de la crisis política; también responde a que los candidatos más cotizados apoyan la orientación oficial. Apoyaron el canje de deuda (y hasta el dólar alto y la política del Banco Central) y apoyan, especialmente, la liquidación de los subsidios sociales para entregar a los desocupados como fuerza de trabajo a precio vil, en especial en el trabajo agrario, en el comercio y en la construcción. Pero incluso si se confirma que el kirchnerismo le gana por 20 puntos al duhaldismo en la provincia de Buenos Aires, el conflicto estará lejos de haberse zanjado. Apenas entrará en una nueva fase (en la Capital, la mayoría de las encuestas lo da tercero; en Santa Fe pierde; y en otras provincias gana a través de un intermediario). El kirchnerismo ya se bajó del «plebiscito» y ahora anuncia que va a bajarse de la denuncia de golpismo. Empezó con los botines de punta, se va arrugando como piel de gallina y en poco tiempo empezará a rosquear de nuevo con sus « enemigos».




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