6 de septiembre 2005 - 00:00

Trotskistas ven a un capitalismo cohesionado

El periódico partidario del trotskista Partido Obrero dedicó la página editorial de su último número a explicarles a sus lectores que la pelea Kirchner-Duhalde es una falsía y que quienes se horrorizan por los peligros que acechan a la gobernabilidad quieren en realidad tranquilidadpara hacer negocios. Esa simplificación clásica del grupo que animan Jorge Altamira y su ahijado Néstor Pitrola concluye con que la administración kirchnerista ha acentuado más la consolidación del sistema capitalista. Veamos esa nota de "Prensa Obrera".

A la burguesía le molesta lo que ella llama el «ruido» político, porque no quiere que estos enfrentamientos perjudiquen sus negocios. La renegociación de la deuda externa de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, ya ha abierto una nueva crisis con los acreedores del exterior; la Legislatura, sin embargo, no ha podido acordar todavía la designación del nuevo presidente del Banco Provincia. Lo mismo vale para la obligación que tiene el gobierno de conseguir la aprobación del Congreso para los nuevos contratos con las privatizadas. En todas las ramas de los negocios hay conflictos patrimoniales, derivados de la crisis de 2001, que exigen un arbitraje claro del Estado, que podrían ser perturbados por los enfrentamientos entre las camarillas. Pero del mismo modo que la bancarrota de hace cuatro años tuvo como consecuencia un nuevo reparto de poder entre los grupos económicos capitalistas, la responsabilidad política de los partidos patronales en ese derrumbe también debe provocar un nuevo reparto de poder político, el cual tiene inevitablemente que ocurrir por medio de enfrentamientos, escisiones políticas, desplazamientos de unas camarillas por otras y, en general, un sacudimiento de toda la estructura del Estado.

Las denuncias de desgobierno de parte del duhaldismo reciben la réplica gemela de conspiración golpista de parte del kirchnerismo. Las cartas están marcadas: no hay mejor prueba de golpismo que una acusación de ingobernabilidad, ni mejor prueba de incapacidad de gobierno que la acusación de que los opositores son golpistas. La crisis política que ha puesto al desnudo la campaña electoral se encuentra en contradicción, es cierto, con la llamada recuperación económica.

• Explotación

La sociedad capitalista se encuentra más cohesionada que dos años atrás y mucho más que hace cuatro años. Pero esa contradicción se disipa largamente cuando se consideran los límites de la recuperación sobre el tejido social e incluso cuando se tienen en cuenta sus perspectivas. La «recuperación» ha acentuado la explotación y la miseria sociales y ha solidificado la cuestión de la pauperización y la lucha contra el empobrecimiento como un factor político.

Cuando los Fernández o Bielsa reclaman que los piqueteros no transgredan el límite de lo «social», están pidiendo algo imposible, pues la cuestión del empobrecimiento ha ganado al conjunto de la sociedad. Es razonable que les preocupe que un problema que el capitalismo tenía encuadrado dentro del asistencialismo se haya transformado en un factor de presión de las masas hambrientas sobre el Estado. Pero esto no ocurre solamente en la Argentina.

La politización de la pobrezaes un enorme progreso de las masas
. La versión de que habría desgobierno o una crisis de gobernabilidad incipiente es, sin embargo, totalmente interesada; es un macaneo ideológico de las camarillas en disputa. Dos grandes factores la desmienten: las ganancias extraordinarias de todos los sectores capitalistas, de un lado, y el éxito del gobierno en imponer, por medio de la burocracia sindical, unos 600 convenios colectivos en perjuicio de los trabajadores. El 60% establece básicos inferiores a los 600 pesos, lo que significa la consolidación de un nuevo piso de explotación de la clase obrera. Combinado con la situación en que ha quedado el 55% de los trabajadores en negro, Duhalde-Lavagna, primero, y Kirchner-Lavagna, después, han convertido a la Argentina en un paraíso del capital. No se trata solamente de que han impuesto una determinada «política económica»; han estructurado, igualmente, un régimen político capaz de imponer esa orientación económica. Cooptación de piqueteros truchos, de la CGT; cooptación o neutralización de la CTA (¡CTERA!); cooptación de hecho de gran parte de la izquierda (Binner y el Encuentro de Rosario).

• Subsidios

El gobierno ha comprado adicionalmente este apoyo de la burguesía. Ha diseñado un programa de subsidios y exenciones de impuestos para 24 ramas de la producción y del comercio. Ha establecido por decreto la asociación públicaprivada, que significa destinar a fondo perdido una parte del presupuesto del Estado en beneficio de los pulpos (¡debe cotizar en la Bolsa!). Subsidia a la «cadena automotriz» con 6.000 millones de pesos al año y acaba de dictar un decreto de subsidio para la biotecnología. Aplica a rajatablala consigna de «reconstruirla burguesía nacional» sobre las espaldas del pueblo, no a costa del capital extranjero. Está diseñando un decreto de «incentivos» para la exploración petrolera en el mar continental. Es cierto, como se puede ver, que el kirchnerismo ha restablecido la «centralidad del Estado», como han venido pidiendo nacionalistas e izquierdistas. Esta «centralidad» les cuesta a los trabajadores el pan y el trabajo. La ausencia de un debate programático no sólo obedece a la ofuscación de la crisis política; también responde a que los candidatos más cotizados apoyan la orientación oficial. Apoyaron el canje de deuda (y hasta el dólar alto y la política del Banco Central) y apoyan, especialmente, la liquidación de los subsidios sociales para entregar a los desocupados como fuerza de trabajo a precio vil, en especial en el trabajo agrario, en el comercio y en la construcción. Pero incluso si se confirma que el kirchnerismo le gana por 20 puntos al duhaldismo en la provincia de Buenos Aires, el conflicto estará lejos de haberse zanjado. Apenas entrará en una nueva fase (en la Capital, la mayoría de las encuestas lo da tercero; en Santa Fe pierde; y en otras provincias gana a través de un intermediario). El kirchnerismo ya se bajó del «plebiscito» y ahora anuncia que va a bajarse de la denuncia de golpismo. Empezó con los botines de punta, se va arrugando como piel de gallina y en poco tiempo empezará a rosquear de nuevo con sus « enemigos».

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