Trump versus Biden

Política

CNN, a la que nadie puede acusar de ser un medio “pro Trump”, acaba de reducir a diferencia entre Joe Biden y Donald en 10 puntos, a apenas un 4% o 50% a 46% en la intención de voto para las elecciones del 3 de noviembre.

El jueves Biden (quien con 78 años en noviembre sería el presidente más viejo en la historia de los EE.UU.) será nominado como candidato presidencial por la Convención Demócrata y claramente esta no es la mejor de las noticias para acompañar su discurso de aceptación. El cronograma electoral sigue con el cierre de la Convención Republicana el 27 y Trump hablando desde la Casa Blanca, el 29 de septiembre el primer debate presidencial, el 7 de octubre el de los vicepresidentes, el 15 el segundo debate presidencial y el 22 el tercero, con la elección el 3 de noviembre, conociendo el resultado días después, ante la demora que promete el conteo del voto por correo.

A principios de año y hasta fin de febrero, con una economía que avanzaba a toda máquina, los números le daban a Trump más que asegurada la reelección, superando en cuatro puntos el apoyo popular que lograba Barack Obama a la misma altura de 2012. Pero luego vino el coronavirus y su serie de desmadres (probando que “sólo Trump puede derrotar a Trump”). Los demócratas supieron aprovechar muy bien esto, haciendo de la pandemia y las veleidades del presidente el eje de su campaña, una campaña básicamente mediática (frente al movimiento “en la calle” de los Republicanos -será interesante ver cuál estrategia triunfa-) incentivando una sensación de desesperanza, al tiempo que se reducían a un mínimo las presentaciones y declaraciones del candidato. Esto era necesario, ya que Biden no es una opción “popular”; de acuerdo con la gente de Pew Research el 56% de quienes apuntan a votarlo lo harían como oposición a Trump.

Si bien ya no tiene los casi 10 puntos de fines de junio, el promedio de encuestas de los últimos doce días de RealClear Politics le da a Biden 7.7 puntos más que a su contrincante en la intención de voto (7.5 frente a las mediciones previas), lo que parecería asegurarle la Presidencia.

¿Cuál ha sido la respuesta de los republicanos? Aprovechar el temor que genera la pandemia, especialmente entre los votantes mas pobres, los afroamericanos y los latinos (tradicionalmente demócratas) y utilizar el censo de este año para redefinir la base de votantes. En el primer caso, desincentivarlos y frenar las posibilidades del voto por correo. En el segundo, redefinir el universo de votantes (entre otros cambios, de no contar a los inmigrantes ilegales, California, Florida y Texas perderían un diputado, que retendrían Alabama, Minnesota y Ohio).

No sorprende entonces que 8 de cada 10 votantes demócratas se muestren preocupados de que se limite el voto (encuesta de Reuters/Ipsos de fin de julio) y que, en caso de perder, Trump quien hace tiempo viene hablando de un fraude sin precedentes (más allá de la politiquería, los riesgos son reales) si los votos por correo definen la elección, no acepte -judicialice- el resultado. Esto llevó a que el viernes pasado el mismo Barack Obama (quien en privado sigue mostrándose renuente a apoyar a su exvicepresidente) definió por Twitter a la de Trump como “… una administración más preocupada en suprimir los votos que suprimir un virus”.

Si bien el panorama no es del todo claro para Trump, lo cierto es que, aun faltando menos de 80 días para la elección, no podemos descartar que nuevamente acceda a la presidencia. Por lo pronto, si el exitismo cunde y la sensación es que Biden gana fácilmente, los más temerosos a la infección y los menos convencidos -el ala izquierda del partido- no irían a votar (por eso el voto por correo es clave).

Después tenemos la posibilidad de que Biden, sobre quien Obama advirtió: “Don’t underestimate Joe’s ability to fuck things up”, lo haga, especialmente durante los próximos debates presidenciales (el New York Times y otros medios ya le han pedido que no se presente).

La pandemia que ha sido el gran problema para Trump es también su gran oportunidad. Si con tiempo suficiente puede anunciar una vacuna o la enfermedad cede de manera significativa, gana.

Es cierto que los números no le son favorables, pero el millonario viene acotando la ventaja de Biden. A esta altura de la elección, en 2016 las encuestas lo colocaban 5% debajo de Hilary Clinton -y le daban una chance de ganar de 29%, la misma que le dan hoy- y ganó, mientras que la aprobación de su gestión es apenas ente 1 (Rasmussen) y 3 unidades (Gallup) menor a la que tenía Obama en agosto de 2012, ante de ser reelegido.

Un punto al que debemos volver es a la encuesta de CNN, la más reciente de todas, que coloca a los dos candidatos en “paridad técnica”, incorporando el efecto de la nominación de Kamala Harris -mujer, no blanca- como vicepresidenta demócrata, en un intento de incentivar al ala más izquierdista del partido: nulo o adverso. La clave de esto ha sido la reacción de Trump ante los alzamientos populares tras la muerte de que George Floyd -a las cuales los demócratas no han sabido responder- consolidando la base de votantes republicanos a la par de convencer a muchos independientes y moderados a votar por él.

Hace cuatro años escribíamos -en contra de la opinión mayoritaria y las encuestas- que la chance de Donald Trump de hacerse de la presidencia era alta y dependía de apenas cinco estados. Hoy la cosa es algo más compleja: Arizona, Florida, Georgia, Iowa, Maine, Michigan, Minnesota, Nevada, New Hampshire, New México, North Carolina, Ohio, Pennsylvania, Texas, y Wisconsin, donde la diferencia según CNN apenas es de un punto en favor del Demócrata (están 49 a 48) serían la clave. Esto recién comienza.

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