UCR: Macri es el fondo de la crisis
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Raúl Alfonsín
Acaso el mayor error de Iglesias haya sido en estos meses no poder barrenar sobre las distintas olas que se mueven debajo de la presidencia radical. Eligió, en cambio, identificarse con una: el rechazo a la candidatura de Lavagna y la propuesta de una propia de la UCR (iniciativa que, como todo el mundo sabe, se sostiene en la hipótesis muy gaseosa de una alianza con Elisa Carrió). No quiso escuchar el diputado mendocino los consejos de su comprovinciano Ernesto Sanz, presidente de la bancada de senadores del partido, quien con sentido común le dijo más de una vez: «Macri deshoja la margarita y hasta el oficialismo dice que no sabe si irán con un pingüino o una pingüina, ¿me querés decir por qué nosotros, con la crisis que tenemos, debemos despejar la incógnita de la candidatura antes que los demás?». Como otros dirigentes radicales, Sanz confía en que las alternativas en pugna demuestren su viabilidad recién en febrero, cuando se reúna nuevamente la Convención Nacional del partido.
El planteo de este senador, sin embargo, no asigna su gravitación exacta a un factor que entre los radicales debe siempre ponerse en primer lugar: la disputa interna. Lavagna es el nombre de la supervivencia de Alfonsín. Es decir, es el dispositivo del que echó mano el ex presidente cuando lo presionaron una vez más con el trámite jubilatorio. Y tuvo una ventaja en la jugada. Iglesias, que era el más reciente interesado en devolverlo a Chascomús, perdió sus principales aliados en ese empeño: casi todos están hoy con Néstor Kirchner, son los radicales K. Aquí debería buscarse la razón por la cual la disputa doméstica se desbalanceó en favor de Alfonsín, que se tragó ayer al presidente del partido.
Los radicales confunden el mundo con su interna. Pero ése no es un buen criterio para quienes quieran saber qué sucederá en la política. El ex presidente desbancó a su principal objetor, enemigo público de su estrategia electoral. Pero ahora al frente del partido quedarán Mario Jaraz, un chaqueño ligado a Angel Rozas, precursor de Iglesias en el afán de ponerle las pantuflas al viejo conductor. Al lado de Jaraz, Margarita Stolbizer, la «pasionaria» de la candidatura propia y adversaria más severa todavía de Alfonsín.
Pero no son éstas las dificultades mayores que deberá vencer el ex mandatario. Más importante es determinar si logrará sacarle a Lavagna el aspecto de burócrata internacional con el que suele aparecer ante la prensa. Y, acaso más fácil que eso, saber si la principal hipótesis de la oposición en estos días entraña alguna veracidad: es la que indica que Macri, inspirado en los últimos consejos de su gurú ecuatoriano, resolvió ya abrazarse a la candidatura porteña y dejar a Lavagna el rol de contradictor de Kirchner. Es por esta conjetura que muchos macristas corrieron a los brazos del ex ministro y viejo librero, a quien suponen garante de sus aspiraciones. Y fue también imaginando esa definición que Alfonsín habló como habló en la noche del Progreso.




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