El vuelco de Néstor Kirchner al PJ apasiona a los peronistas huérfanos de jefatura pero confunde, cada día un poco más, a los radicales K. Confundida, sin brújula, una comitiva de este sector pedirá una cumbre con el ex presidente para pedirle nuevas coordenadas.
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El vicepresidente Julio Cobos, el diputado Daniel Katz y el intendente de Junín, Mario Meoni, sacaron número para una cita con el patagónico en Puerto Madero para pedirle que les relate qué planes tiene para el radicalismo que, en teoría, fue socio minoritario del FpV en octubre.
Mientras esperan alguna indicación sobre qué papel le reserva el ex presidente al radicalismo K, el trío Cobos-Katz-Meoni pasa lista entre los gobernadores, intendentes y legisladores que esperan reunir en Junín el 15 de marzo en la mayor cumbre de la UCK kirchnerizada.
Esa cita estuvo, primero, programada para el 22 o 28 de marzo. Al final se adelantó: no quería que coincida con Semana Santa. Un poco porque es una fecha aciaga para el radicalismo; otro poco porque los fines de semana suelen ser pésimas fechas para las tenidas políticas.
Tampoco hay que tentar a la mala suerte y montar una megacumbre a la que, por vacaciones, vayan pocos y se convierta en un «Felices Pascuas» amargo y desactualizado. Azares al margen, el radicalismo K trata de encontrar un rumbo y busca, desesperado, señales.
El sesgo abiertamente peronista que Kirchner le dio a su perfil político trauma a los radicales que ven desvanecerse la idea de la concertación. Por eso, en patota, quieren ir a conversar con el ex presidente para que les indique qué plan tiene para el sector: si prefiere pelear el partido o que se sumen al FPV o que armen otro sello. Esta última tarea la empezó, con auspicio del patagónico, Gustavo Posse, que prepara un encuentro para marzo adonde, en teoría, asistiría el ex presidente.
Los K, encabezados por Cobos y patrocinados en Buenos Aires por Katz, juegan con la hipótesis del regreso al partido: forzar una amnistía a los díscolos que fueron por afuera de la UCR -como ellos- y pelear la reorganizacióncon la idea de convertir al mendocino en presidente del partido. Para eso, empujan en paralelo, tres acciones en el juzgado de la Justicia electoral de María Servini de Cubría, contra la continuidad de Gerardo Morales al frente de la UCR.
La avanzada contra Morales es el último cartucho: son pocos, por no decir nadie, los que suponen que podrían lograr una amnistía en el partido que le permita a Cobos y los demás radicales K a volver al portar la boina blanca.
No sólo eso. Hay una angustia mayor entre los kirchnerizados: advierten que aun logrando la amnistía, sería muy difícil salir a buscar el voto de los afiliados radicales para invitarlos a convertir orgánicamente a la UCR en un partido satélite del peronismo. El aparato, entienden, no suele alcanzar para producir esas mutaciones principistas.
Encima a Cobos le pasan una factura: entienden que, aún siendo vicepresidente, no puede garantizar cuestiones logísticas básicas a los K. Ya no cargos en las segundas líneas del gobierno sino aprestos diarios, menudencias para la sola estadía en la Capital durante la semana, antes de regresar los fines de semana a militar a favor de Kirchner en sus provincias.
Así y todo, esperan una concurrencia importante: a Cobos se sumarían Gerardo Zamora (Santiago del Estero), Miguel Saiz (Río Negro), intendentes de todo el país, y legisladores nacionales y provinciales. El volumen de la convocatoria es clave: el nivel de asistencia será lo que entronará o condenará a Cobos como jefe de ese espacio. Por eso el apuro por pasar lista y, sobre todo, por cambiar la fecha.
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