17 de julio 2001 - 00:00

Un paro contra Cavallo con Alfonsín y el PJ de padrinos

Las novedades fueron varias y todas demuestran que los sindicalistas, esta vez, quieren en serio la guerra. En principio, convocaron a un paro para el jueves, es decir, salieron del facilismo de provocar un fin de semana largo con sus medidas de fuerza. Además, consiguieron unificar la protesta de las tres centrales en que están divididos por razones de protagonismo, negocios y política. Hasta aquí, lo que se ve del paro y sus novedades.

Lo que no se ve es esto:

• Los gremialistas de la CGT que conduce Rodolfo Daer resolvieron, hace dos semanas, coordinar sus movimientos con los gobernadores del peronismo. Se notó cuando se reunieron en la sede del PJ, 15 días atrás, y cuando se congregaron en la Casa de La Pampa, el viernes. Allí comenzó a hablarse de un paro articulado con la política de los mandatarios del interior.

• Ayer, cuando los «gordos» deliberaron en la sede de Empleados de Comercio durante la mañana, cruzaron llamados telefónicos con Carlos Ruckauf, José Manuel de la Sota, Gildo Insfrán, Juan Carlos Romero y Rubén Marín. Buscaron y consiguieron una autorización para ir a un paro que, además de repudiar la rebaja de salarios a estatales y las jubilaciones superiores a $ 300, se convocó bajo la consigna de pedir la renuncia de Domingo Cavallo. Por la tarde, en la sede de Luz y Fuerza, Daer armonizó estos argumentos con Hugo Moyano.

• Esta combinación entre los sindicalistas y los gobernadores del PJ pone luz a cuál es la lógica que sigue hoy la oposición a Fernando de la Rúa. Por un lado, desde ese sector se monta una coreografía destinada a que nadie cargue sobre el peronismo la responsabilidad de los percances, cada vez más delicados, que afectan al gobierno y su estabilidad.

• Por otro, se pone un cuidado especial en no suscribir nada que signifique un costo político evidente. Los gobernadores, de este modo, se aseguran la gobernabilidad de sus provincias, expresada hoy casi exclusivamente en el pago de sueldos. Pero dejan librada a los legisladores la tarea de rechazar las medidas oficiales más impopulares y, a la CGT, la de llevar adelante el paro y castigar al ministro de Economía.

• «El gobierno no se dio cuenta pero los mandatarios del PJ se llevaron la plata del fondo fiduciario, salvan así su ropa y, sigilosamente, agregan nafta al conflicto a través de los sindicalistas», explicó un senador peronista, como si contemplara la escena con desapego. Nada de nuevo en esto: siempre que estuvo en la oposición el gremialismo peronista tuvo esa misión, la de deteriorar al gobierno de turno para que el ala política acceda al poder.

Si hasta aquí se describió el contexto político que el peronismo le aporta al paro, todavía falta un ingrediente importante para comprender la significación del hecho: se trata de las conversaciones que Alfonsín mantuvo con los dirigentes de las dos CGT la semana pasada.

Tanto con Moyano como con la cúpula de la CGT de Daer, el jefe del radicalismo dejó entrever que podría aceptarse una confluencia de distintos sectores políticos y sociales sobre la base de la remoción de Domingo Cavallo del Ministerio de Economía. Esta es la razón por la cual se envalentonaron ayer los capitostes de la central dialoguista y le pusieron a su pacifismo el precio de la cabeza del jefe del Palacio de Hacienda.

• «Hay que pensar en el perfil de un reemplazante», sostuvo Alfonsín aquella tarde ante Daer y los suyos, cuando ya sabía que el gobierno le rechazaría las propuestas que haría en nombre de la Alianza y sus economistas para alcanzar el déficit cero. Desde otro ángulo del mapa, Carlos Ruckauf comenzó a hablar ayer de «Cavallo o su reemplazante».

• El bonaerense tiene olfato e información para este tipo de movidas: cuando decía «Machinea o su reemplazante» o de «López Murphy o su reemplazante» no se equivocó nunca. En ese entonces sus datos provenían del seno del oficialismo. Ahora de una oposición multipartidaria, en la que está su partido pero también, sigilosamente, parte de la coalición oficial.

• Alrededor del paro se ha concentrado una masa política que, por acción u omisión, parece hoy más sólida que la que sostienen a Cavallo y su programa de ajuste. La estrategia de esta fuerza opositora y quejosa es una sola: forzar a De la Rúa a que, pasada la huelga del jueves, se resigne a discutir otro ajuste que, sin renegar del déficit cero como objetivo, reconozca el aporte del radicalismo, del Frepaso y, eventualmente, del peronismo, para una reestructuración del gasto que cargue menos sobre los salarios más bajos. ¿La salida de Cavallo es una condición «sine qua non» para que esa negociación quede habilitada? De la Rúa no lo tiene decidido y, por lo que se vio hasta ayer, tampoco Cavallo tiene en claro cuál es la estrategia para evitarlo.

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