Una pesadilla cada vez más factible
-
Los gobernadores blindan las reformas de Milei pero crece la preocupación por el deterioro en las provincias
-
La CGT advirtió sobre una "crisis casi terminal" en las obras sociales
India deberá decidir en algún momento si cruza la línea fronteriza de Cachemira para combatir a los extremistas que Pakistán define como luchadores de la libertad. En 1999, cuando francotiradores paquistaníes cruzaron al lado indio, Vajpayee optó por la moderación. Pero esta vez es mucho mayor la presión local para que India, siguiendo el ejemplo estadounidense, luche contra aquellos que considera «terroristas» en el lugar donde se organizan. Y esto aumenta la presión sobre el presidente de facto paquistaní, Pervez Musharraf, para que vaya más allá del bloqueo de cuentas de las milicias musulmanas y el arresto de algún líder extremista, y se decida a atacar frontalmente a estos grupos.
Según los expertos, en el subcontinente indio falta lo que suele llamarse una «conciencia de Hiroshima», una idea de la destrucción que provocan las bombas atómicas. Ambos países continúan celebrando tests atómicos desde 1998. Pakistán construyó en Islamabad una maqueta en miniatura de la montaña donde realizó sus ensayos atómicos, para el deleite de los curiosos.
India, por su parte, reparte condecoraciones a los investigadores militares en cada aniversario de los ensayos. La población no considera que se tratara de bombas atómicas, sino más bien de armas fantásticas al estilo de las viejas leyendas épicas indias.
Aunque la situación vuelva a estabilizarse una vez más, la tensión nuclear en el sur de Asia no desaparecerá. Aunque Pakistán decida atacar a las milicias musulmanas, los encargados del próximo atentado suicida podrían encontrarse ya en India.
Las amenazas de un nuevo ataque no son novedad, y se teme que el día festivo nacional indio, 26 de enero, sea una fecha propicia. Y los fanáticos que reclaman una guerra tendrían más argumentos para respaldar su posición.



Dejá tu comentario