18 de febrero 2002 - 00:00

Una visita con varias alegrías

Pocas veces habrá visitado Fernando Henrique Cardoso la Argentina con tanta satisfacción como la que se inició anoche. Y no sólo porque, por primera vez, durmió en Olivos, una deferencia que ni Carlos Menem ni Fernando de la Rúa tuvieron nunca con él (es cierto que durante aquellas presidencias vivía en la sede de la embajada su amigo Sebastian do Rego Barros, a quien seguramente echará de menos en este viaje). Las razones de la satisfacción de Cardoso son variadas. La principal: Duhalde le ha concedido desde el comienzo de su gestión un protagonismo que lo halaga a nivel regional y, sobre todo, lo compensa de los sinsabores de la política local brasileña. No debe olvidarse que durante el final del gobierno de Menem el trato con Buenos Aires quedó sumamente resentido y que en la gestión De la Rúa las agresiones de Domingo Cavallo consiguieron que el sociólogo suspendiera todas sus visitas al país.

•Revancha

También ha de alegrarlo al presidente brasileño llegar a la Argentina después de que se devaluara el peso. Los brasileños jamás entendieron -y les costó mucho tolerar-la convertibilidad adoptada por Menem en 1991. Por eso la flotación parece ser casi una revancha para ellos. Por más que desde que desvalorizó el real Cardoso no logra recuperarse políticamente, al punto de que peligra la permanencia de su coalición en el poder a partir de este año.

Por eso anoche, en Olivos, Cardoso habrá indagado a Duhalde sobre otro detalle de la política local: la presencia de Duda Mendonça como asesor del Presidente. Se trata del consultor que prepara a otro populista, Lula Da Silva, para las elecciones de este año en Brasil. Lula, es sabido, es el principal opositor a Cardoso.

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