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Casi cruel, el ring o el silencio del teléfono de cada intendente transparentará, entonces, si la Casa Rosada lo incluye o no en sus planes políticos.
Hay destinos predeterminados; condenas emblemáticas. Los kirchneristas afirman que no hay amnistía posible para Baldomero «Cacho» Alvarez. El jefe de Avellaneda, el peronista que más tiempo comparte con Duhalde, está rankeado en el «top five» de los despreciados por la Casa Rosada.
La nómina de intendentes engorda con Brígida Malacrida de Arcuri, de San Vicente -esposa de Antonio, el todoterreno asesor del ex presidente- y con Alfredo Mechievi de Dolores. Ambos, un plano debajo de Alvarez, están tachados en el tablero presidencial.
Incluye a otros dirigentes: al presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño, sobre quien llueven maldiciones -que podrían costarle la jefatura-; al platense Alfredo Atanasof; el ex número dos de la SIDE Oscar Rodríguez, y, entre otros, diputado, y el piloto amateur Daniel Basile.
• Culpa
La tira bendecida, en permanente mutación, anota a Julio Pereyra (Florencio Varela), Alberto Descalzo (Ituzaingó), el quilmeño Sergio Villordo -primer intendente en proponer a Cristina Fernández como candidata por fuera del PJ-, Julio Alak (La Plata) y Mario Ishi de José C. Paz.
De ese sexteto surgirá más de un candidato a diputado por el Frente para la Victoria entre los que, dicen cerca de Kirchner, se incluirían dos ministros (a pesar de que no quieren): José Pampuro y Aníbal Fernández, ambos como duhaldistas kirchneristas, según el diccionario de Balcarce 50.
El matancero Alberto Balestrini es un caso especial. Kirchner lo coronó como jefe del armado kirchnerista en Buenos Aires -la frase que suena en la Casa Rosada es: «Hablen con Alberto»-, lo que le genera «culpa» ante Felipe Solá, a quien lo une un vínculo personal y con quien estará hoy y mañana en el encuentro felipista de Mar del Plata.
De todos modos, Balestrini acató el mandato de «juntar para Kirchner» en la provincia, lo cual -aunque interactúa con Solá- revela que felipismo y kirchnerismo, como dice un soldado K, «no son lo mismo». «Tenemos una sutil alianza y un enemigo en común».
En su captura, el alcalde de La Matanza, que en octubre escoltará a Cristina como segundo senador o encabezará la lista de diputados nacionales -¿para ser luego el reemplazante de Camaño en la jefatura de Diputados?-, barre un espectro generoso.
Lo buscan, y lo encuentran, desde peronistas que sostuvieron a Saúl Ubaldini cuando el cervecero combatió a Duhalde, hasta ex frentistas, como la senadora Diana Conti y Oscar Laborde, pieza que apresta el kirchnerismo para incomodar a «Cacho» Alvarez en Avellaneda.
Sostiene, a su vez, una alianzatáctica con Luis D'Elía, y porta el teléfono rojo al que llaman -o deberían llamar- los peronistas sin techo, piqueteros y líberos (el ex Polo Social, Francisco «Barba» Gutiérrez, el vecinalista de Esteban Echeverría Alberto Groppi o el ex arista Mario Secco de Ensenada, por caso) fueron derivados desde la Rosada a estación Matanza.
La colecta -que Kirchner ejecuta sobre intendentes y Balestrini acciona en otros niveles- se planificó para un eventual conflicto con Duhalde que ayer, por primera vez, abrió la puerta a un mano a mano entre su esposa Chiche y Cristina Fernández (ver aparte).
Entre los extremos, sin embargo, hay un universo brumoso. El paradigma es Hugo Curto. El metalúrgico de Tres de Febrero es uno de los pocos duhaldistas que fue invitado a Olivos por Kirchner. Tiene, además, línea abierta con De Vido y Parrilli. Pero no renuncia a su pertenencia histórica.
Esa categoría, que integran quienes no ahorran zamarreos contra Solá pero callan o aprueban la candidatura de Cristina, se amplía a José María Díaz Bancalari, Juan José Alvarez y una tropa que encuentra en Aníbal Fernández el salvoconducto para ingresar en la Casa Rosada.



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