El Barrio Mihanovich se presenta como un microoasis dentro de la Ciudad de Buenos Aires. Se ubica en Parque Avellaneda, casi en el límite con Mataderos, sobre una fracción reducida de manzana delimitada por la avenida Escalada, José Enrique Rodó, Chascomús y el pasaje Roberto Cunninghame Graham. Allí hay viviendas en venta que tientan a una demanda que elige vivir cerca de la tranquilidad y a su vez, de avenidas vinculantes.
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El secreto mejor guardado de CABA: cuál es el barrio Mihanovich y cuánto cuesta vivir allí
Toma su nombre de un empresario naviero y combina historia, casas y un clima urbano único que lo diferencia. Cómo es el mercado inmobiliario de allí.
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Casas tipo chalet con varios ambientes son protagonistas en este mini barrio del oeste porteño. Aquí viviendas sobre la Avenida Escalada.
Su nombre recuerda al empresario naviero croata Nicolás Mihanovich (el mismo que encargó el emblemático edificio Otto Wulff) y su origen se vincula con una experiencia poco frecuente: un proyecto de vivienda social de alta calidad destinado a obreros calificados en la década de 1920. Desde ese punto de partida creció una identidad urbana singular que hoy sorprende incluso a especialistas como Pablo G. Fernández y Pablo Bedrossian, quienes estudiaron el lugar y aportaron miradas que enriquecen la comprensión de este enclave.
El conjunto nació por impulso de la Unión Popular Católica Argentina (UPCA), una iniciativa creada en 1919 por obispos argentinos con el objetivo de intervenir en la cuestión social desde una estructura organizada. El clima político de la época, marcado por tensiones entre el Estado liberal y el movimiento obrero, motivó al sector católico a impulsar intervenciones que buscaran mejorar las condiciones de vida sin alterar de manera profunda el orden existente. En ese contexto tomó forma la idea de desarrollar viviendas accesibles para trabajadores, con facilidades de pago y un diseño que ofreciera dignidad y proyección familiar.
El financiamiento llegó gracias a la Gran Colecta Nacional de 1919 y a aportes de figuras de peso de la elite económica. Entre ellas se destacó Nicolás Mihanovich, referente de la navegación en el Río de la Plata y protagonista central del transporte marítimo argentino. Fernández subrayó este punto como un rasgo distintivo del barrio: un proyecto social de la UPCA apoyado por la filantropía de Mihanovich, que derivó en unidades con una arquitectura poco habitual para la vivienda obrera de aquel tiempo. Su impronta se refleja en cada chalé, en sus jardines amplios y en la calidad del conjunto.
Ya centenario
La construcción comenzó el 11 de mayo de 1924 sobre terrenos donados por Antonio Leloir y su esposa, y el barrio fue inaugurado en 1925. El diseño se organizó en 20 casas apareadas distribuidas en diez volúmenes de dos unidades cada uno. Ocho de esos pares se alinearon sobre la avenida Escalada y los restantes bordearon un pasaje interno de acceso restringido que conecta Chascomús y Rodó. Ese pasaje privado se convirtió en uno de los rasgos más llamativos del conjunto.
Bedrossian identificó ese aspecto como uno de los elementos urbanos más sorprendentes, ya que introduce una calle interna separada del espacio público, una característica poco frecuente dentro de la trama porteña.
Los chalés siguen un estilo anglonormando, con techos de teja a varias aguas, falso pan de bois decorativo, balcones franceses y porches esquineros. Las casas tienen dos plantas y se organizan con living-comedor, cocina, baño y salida al patio en la planta baja, mientras que el primer piso reúne cuatro dormitorios y un baño completo.
Como el terreno de cada unidad mide 10 por 33 metros, la superficie verde supera a la superficie cubierta. Según Fernández, esta combinación produce un ambiente que rompe con la monotonía típica de los conjuntos habitacionales de principios del siglo XX y genera un carácter pintoresco que aún distingue al barrio.
El paisaje urbano se completa con la Iglesia Santa María Teresa Goretti, situada en Escalada 1150. La primera construcción del predio fue la Capilla Nuestra Señora de Lourdes, que ocupó el centro de la cuadra entre 1932 y 1938. Luego llegó la edificación actual, realizada por la firma Bencich Hermanos, vinculada también a Mihanovich y responsable de otras obras emblemáticas de la ciudad. La fachada guarda una escala similar a la de los chalés vecinos, por lo que se integra sin imponerse.
El campanario metálico, de color negro, aporta un sello particular. La presencia religiosa reforzó desde el inicio la vida comunitaria del barrio y consolidó su sentido de unidad.
Clima de mini barrio tranquilo y apacible
El clima del lugar se percibe de inmediato. Calles con poco tránsito, jardines amplios, casas espaciadas y un silencio que no coincide con el ritmo habitual de la ciudad. Bedrossian lo definió como un sitio donde la quietud y los espacios verdes generan una sensación de paz que parece ajena a la vorágine porteña.
Esa impresión tiene continuidad en la mirada de Fernández, quien destacó que el diseño interno produce una atmósfera de pueblo, una especie de refugio en medio de una zona muy conectada con arterias de circulación intensa.
Esa tranquilidad se volvió uno de sus mayores atractivos. Fernández sostuvo que el entorno favorece una vida más pausada y una experiencia barrial protegida, mientras que Bedrossian (tiene su blog, llamado pablobedrossian.com) remarcó que el lugar permite una desconexión valiosa frente al estrés cotidiano. Para ambos, vivir allí implica un acceso directo a una calidad habitacional difícil de replicar en otras zonas de Buenos Aires.
Lo inmobiliario, revelador
Desde el punto de vista inmobiliario, el interés creció en los últimos años. La oferta es muy reducida, ya que el barrio mantiene su escala original y las casas conservan su fisonomía. No existen departamentos ni subdivisiones internas y cada unidad sigue el modelo de chalé con jardín amplio, informaron desde la inmobiliaria Norde.
La demanda se concentra en familias que valoran la tranquilidad y la identidad del lugar, así como la ubicación a pocas cuadras de avenidas y de la Autopista Perito Moreno. Esa combinación genera precios elevados en relación con otras zonas de Parque Avellaneda.
Según datos recientes de Norde Propiedades, una casa tipo dentro del barrio, con 179 m2 cubiertos y 327 m2 totales, se ofrece a u$s289.000. La unidad posee hall parquizado, cochera para dos autos, living comedor luminoso, cocina separada, toilette, quincho semicubierto con parrilla, piscina, lavadero, tres dormitorios con ventilación natural y un baño completo.
Esa referencia permite dimensionar el valor de un producto inmobiliario que combina diseño histórico, superficie generosa y un entorno urbano atípico dentro de la ciudad.
También hay otra propiedad de 4 ambientes por Rodó que está en u$s200.000, ideal para ser refaccionada y modernizada en su interior. También con superficie similar a la otra.
El nombre del barrio recuerda la figura de Nicolás Mihanovich, nacido en 1848 cerca de Dubrovnik. Su trayectoria marítima incluyó servicios de pasajeros a Uruguay, una flota con más de 300 barcos y un rol clave en la navegación del Río de la Plata.
Su aporte filantrópico dejó marcas en distintas zonas de Buenos Aires, entre ellas este enclave que llevó su apellido a un rincón de Parque Avellaneda y que conservó esa identidad durante un siglo.
La historia del barrio, su origen social, la arquitectura que lo define y la mirada de quienes lo estudiaron permiten dimensionar su singularidad. En palabras de Fernández, este microbarrio “proyecta una vida urbana pausada y una experiencia íntima y resguardada”. Y según Bedrossian, su atmósfera demuestra “que existe otra forma de vida donde la belleza y la calma pueden imponerse al ruido y al apuro”.











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