Para el consultor Guillermo Oliveto, el consumo en la Argentina está “partido en dos”: un 30% de la población que todavía tracciona autos, electrodomésticos y viajes, y un 60% que vive en la cultura del no, “no llego, no me alcanza”, producto de la caída de ingresos y la pérdida de empleo formal. En diálogo con Ámbito, el especialista en consumo analizó además la situación de la Ciudad y el impacto que podría tener la reactivación de la obra pública financiada con el nuevo crédito tomado por el Ejecutivo porteño.
Guillermo Oliveto: "Hoy el consumo es dual, el 60% de la población vive en la cultura del no: 'no llego, no me alcanza'"
El consultor explicó por qué la recuperación avanza a dos velocidades y qué factores profundizan la brecha entre quienes todavía pueden sostener el gasto y quienes están al límite. También analizó el rol de la obra pública, el empleo y las perspectivas para 2026.
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Guillermo Oliveto.
A nivel nacional, señaló que los sectores más golpeados del año fueron la construcción, la industria y el comercio, y subrayó la urgencia de discutir una reforma laboral: “No puede ser que el país tenga el mismo empleo formal que en 2011”. “Una cosa es que en un momento de emergencia hagas menos obra pública; otra muy distinta es decir que no se hace nunca más”, remarcó. A continuación, la entrevista completa con este medio.
Periodista: ¿Qué sectores realmente están empezando a generar consumo en la Ciudad después de un año tan complejo como 2024?
G.O.: Lo primero es que el jefe de Gobierno anunció que la Ciudad tomó un crédito del 7,5% anual en dólares para obras de subte y obra pública. Hoy recorrés la Ciudad y ves muchas más obras que el año pasado. Eso mueve empleo, y mucha de la gente que trabaja en obra pública es clase media baja o clase baja trabajadora. La construcción es “industria de industrias”. Puede empezar a mover sectores y también el comercio. Es un primer vector novedoso para 2025.
P.: ¿Esto puede ayudar a los segmentos más bajos que fueron los más golpeados?
G.O.: En la Ciudad sí. A nivel nacional habrá que ver qué pasa provincia por provincia, con la obra pública y con la obra privada que se está empezando a licitar.
P.: A nivel nacional, ¿puede funcionar un Estado sin obra pública?
G.O.: Yo creo en la obra pública. El mundo hace obra pública. Los países nórdicos —que admiro mucho— tienen las mejores condiciones de vida, alta distribución del ingreso y un fuerte Estado de bienestar: salud pública, infraestructura y educación pública.
Una cosa es que en un momento de emergencia hagas menos obra pública; otra muy distinta es decir que no se hace nunca más. Un país es como una casa: si nunca arreglás nada, un día se cae.
P.: Otro sector clave y muy golpeado en la Ciudad es el turismo, ¿está empezando a ver cierta recuperación?
G.O.: Tuvimos algunas pruebas muy potentes. A nivel general, el turismo extranjero está golpeado: crece 50% el turismo hacia afuera y cae 17% el que viene a la Argentina. Pero la Ciudad se está recuperando más rápido. Mucho brasileño y mucha gente de Latinoamérica, que tiene una relación aspiracional con Buenos Aires. El evento cripto fue espectacular. Y también la Noche de las Librerías, la Noche de los Museos, generan movimiento.
P.: En ese caso, el superclásico, los conciertos internacionales y los eventos cripto también generaron movimiento, ¿verdad?
G.O.: Buenos Aires está elevando su potencia en la emisión de sentido. Es como la “batiseñal”: está mandando una señal a la Argentina y a Latinoamérica. Vienen artistas, vienen eventos, vienen los tecno, los gaming. Se proyecta un polo de inteligencia artificial. Todo eso pone a la Ciudad en la agenda de quienes tienen la capacidad de consumir, y para los comercios es fundamental.
P.: ¿Y qué pasa con los sectores que más cayeron, como la gastronomía?
G.O.: El comercio en la Ciudad está muy proactivo: ya no alcanza con esperar que vengan; hay que salir a seducir.
Tuvimos una suba de tasas muy fuerte entre julio y octubre. Fue una decisión para estabilizar el tipo de cambio, pero tuvo costos: subió la mora y frenó el consumo con tarjeta. Eso afecta al comercio, sobre todo al tradicional de barrio. Y algunos rubros, como indumentaria, tienen hoy mucha competencia importada.
P.: En el sector textil, que incluso en la Ciudad concentra polos industriales relevantes, también se observa un fuerte recorte por el aumento de las importaciones...
G.O.: Corregir a la Argentina era muy complejo. Se eligió corregir desde la macro a la micro, priorizando el superávit fiscal. Pensar que la Argentina se podía arreglar en un año es una fantasía, y pensar que eso no tiene costos también. A nivel país, se están perdiendo entre 10.000 y 11.000 puestos de trabajo privados formales por mes, según datos oficiales del Ministerio de Trabajo.
P.: ¿El empleo es hoy la principal preocupación?
G.O.: Sin dudas. Hoy ya no es la inflación, es el nivel de actividad. Mejor empleo, más ingreso, poder llegar a fin de mes. La gente está más estoica, prudente, austera y moderada. La salida de subsidios encareció mucho los servicios. La consultora Ecolatina calcula que el ingreso disponible es hoy 40% más bajo que en 2017. Recién en 2027 se volvería al nivel de 2023.
P.: Habló de reminiscencias de los ’90, y no puedo dejar de conectar ese período con la crisis de 2001. ¿Estamos en un ciclo parecido? ¿Podría haber un desenlace similar?
G.O.: Hay dos diferencias clave. Primero, hoy tenés la AUH, que no existía en los ’90 y que le ganó a la inflación. La ayuda social aparece con Eduardo Duhalde con el plan jefas y jefes, que era una reedición de las manzaneras, pero era menor. Segundo, hay superávit fiscal.
Y lo más importante: en los ’90 vendías activos que se agotaban. Hoy tenés cuatro motores estructurales que generan dólares todos los años: energía, minería, agro y economía del conocimiento. Podrían aportar entre US$60.000 y US$80.000 millones anuales hacia 2030-2033.
Pero podés llegar a 2033 con más dólares y una peor sociedad. El desafío es que se rompa lo menos posible en el camino.
P.: ¿Y cómo ve la discusión sobre la reforma laboral?
G.O.: Es imprescindible. Argentina tiene la misma cantidad de empleo privado formal que en 2011. Hace 13 años que no crece. La población crece más de un punto por año. Es muy difícil así.
Los valores de la clase media tienen que ver con trabajo formal, esfuerzo y movilidad ascendente. No podés tener tanta gente diciendo: “Si no hago 4 horas de Uber por día, no llego”.
La informalidad es 42%, según INDEC. Y muchas pymes no pueden afrontar juicios laborales. Hay que proteger al trabajador sin fundir empresas. Se necesita un pensamiento más sistémico e integral. La modernización laboral es inevitable.
P.: ¿Cómo definiría el consumo hoy?
G.O.: Hoy es un consumo dual. Un 30% de la población —clase alta, media alta y parte de la media formal— impulsa autos, motos, electrodomésticos, inmuebles y viajes al exterior. Duplicaron su ingreso en dólares.
Después tenés un 60% —clase media baja informal y clase baja— con mucha restricción. Es la cultura del no: “no llego, no puedo, no me alcanza”. Para que eso se mueva tenés que reactivar industria, comercio y construcción. Lo primero que está dando señales es la construcción.
P.: ¿Qué se necesita para aprovechar la oportunidad del 2030?
G.O.: Una revolución de infraestructura y de inversión. Y educación pública fuerte: es lo que hizo grande a la Argentina. También cohesión social. Podés tener mucho dinero en 2033, pero si llegás sin recursos humanos, con una sociedad fragmentada, no sirve. El desafío es llegar lo más integrados posible.




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