Opiniones

Se ha perdido una oportunidad histórica

En un periodo presidencial cargado de ironías políticas, quizá no haya una más grande que esta: “volvimos al mundo”. Mientras los economistas del establishment vitoreaban la vuelta a los mercados y la llegada de la “normalización” argentina, en solo dos años (2016-2018) se desataba una nueva crisis que inauguraría la demolición conceptual del monetarismo vernáculo y su evisceración intrínseca. Usando sus propias sentencias: “Se ha perdido una oportunidad histórica”.

Ya con el segundo plan del FMI, se adoptó un programa de contracción monetaria: “base monetaria cero" y, se reemplazó el programa de metas de inflación, cuyo instrumento era la fijación de la tasa de interés. Al mismo tiempo, el Gobierno quería mantener la libertad de los movimientos de capitales para luego retomar la colocación de deuda en los mercados voluntarios.

Es que en el mencionado marco teórico, no existe la posibilidad de controlar el tipo de cambio, mantener una política monetaria autónoma y permitir la libre circulación de capitales. Para colmo de males, el programa incluía un asombroso ancho de banda para la tasa de cambio flotante entre la inferior y la superior. En este tejido, habiendo eliminado la emisión monetaria, el Banco Central ya no podía financiar al Tesoro ni efectuar compra de dólares dentro de la zona de no intervención.

El Gobierno consideraba que la volatilidad del dólar condicionaría la probabilidad de reelección presidencial del presidente Mauricio Macri. Por esa razón, el Banco Central que no es independiente en absoluto, estuvo tratando por razones políticas de mantener planchada la cotización del dólar con una tasa de interés de referencia cercana al 70% nominal anual. Pero como las LELIQ no eran suficientes para mantener la paz del dólar, el Central decidió aumentar el techo de LELIQ que los bancos podían asumir, desde el 65% al 100% de sus depósitos, estimulando una mayor demanda de esos títulos.

El BCRA que había estado condicionado por las LEBAC cada 35 días -antes de desarmarla las posiciones-, ahora está reducido en plazo con los pagos diarios de LELIQ. Este “deporte financiero extremo” se ha vuelto extremadamente arriesgado. Como si todo esto fuera poco, el Central le aseguró a los bancos que la tasa de interés de LELIQ no sería inferior al 62,5% durante el mes de abril.

El costo de esta táctica ha sido un derrumbe fenomenal del crédito privado, con el consiguiente impacto negativo en la actividad y el nivel general de empleo. En este verdadero fundamentalismo, el propósito es alcanzar una base monetaria cada vez más baja. En marzo, el nivel de base fue más bajo que en febrero, que fue más contractivo que el programa original en octubre de 2018. La base promedió un resultado de más de 2% por encima del cumplimiento solicitado. Ni siquiera el FMI les pedía tanto.

Si para contener la inflación y mantener el dólar sedentario, el Central tiene que sostener ganancias extravagantes para los bancos, el problema deviene caótico. Van a estrellar la economía de “main street”.

Volviendo a la política, para Duran Barba, la estrategia de polarizar con Cristina de Kirchner tiene como único objetivo generar miedo; sin embargo, extraoficialmente se rumorea que una proporción importante de la UIA, apoyaría aun la elección de Cristina para las elecciones presidenciales, en lugar de la de Macri. Las corporaciones detestan a la expresidenta, pero aluden que han ganado mucho dinero durante 12 años de crecimiento con los gobiernos Kirchner. Esto es muy chiflado, pero más estrafalario es pretender desconocer la realidad.

En otro orden de cosas, asistimos a una nueva escalada del dólar, debido al colapso de la demanda de pesos y la escasa oferta de divisas. Pero también debido al plan de intervención de precios que, de repente, el Gobierno anuncia como en los mejores tiempos del populismo. La inflación muy alta de 4.7% en marzo alimenta las expectativas de devaluación que realimenta abril e involucra la demanda de ajustes salariales -ya con medidas de fuerza el 30 de abril-, realimentando tanto la tasa de inflación como la devaluación y las expectativas inflacionarias.

La extrema debilidad de la actividad económica, con una industria automotriz que utiliza solo el 15% de su capacidad instalada, genera mayor malestar social, disminución de ingresos fiscales, dificultad para cumplir el objetivo acordado con el FMI y presión sobre la prima de riesgo del país, que ya vuela por encima de los 1.000 basis points. Todo esto, con un stock de LELIQ que crece apresuradamente debido a la alta tasa de interés.

La anémica actividad económica ha generado una importante caída de la recaudación de impuestos y nuevamente, es difícil alcanzar el equilibrio fiscal primario. Este objetivo que anunció Nicolás Dujovne y venia sobre cumplido, ahora ha hecho aumentar vertiginosamente el riesgo país, por temor a la futura reversión de los resultados divulgados. La recaudación crece menos de lo esperado. Las retenciones a la exportación, estarán más cerca de $ 340 mil millones, que de los $ 440 mil millones extraídos por el Gobierno. Toda la recaudación de los otros impuestos caería mucho más en términos reales de lo que Dujovne esperaba. En el primer bimestre, los ingresos fiscales sin retenciones mostraron una caída de -13% en términos reales. Una colección más perezosa puede complicar la convergencia al “déficit primario cero”. Con las actuales proyecciones, hay que prepararse para un déficit primario de alrededor del 1.5% del PBI en 2019. La debilidad de la actividad, con inflación alta y persistente que deteriora el salario, puede conducir a un nivel de desempleo creciente. Se asoma un conflicto social de magnitud. Antes de ahora, en 2001, este tipo de situación ha provocado estallidos con consecuencias irreversibles. El Gobierno ha estado jugando con fuego otra vez, y en algún momento puede arder.

La propuesta Cambiemos, sugería la promesa que si el Estado y las personas se construían sobre los modelos pragmáticos empresariales de las mejores prácticas y el benchmarking de países, mejorarían las perspectivas de futuro y llegaría una lluvia de inversiones, para nunca más volver a las recurrentes crisis financieras originadas en endeudamientos, precedidas por aumentos de riesgo país y caída del precio de nuestros bonos soberanos; en definitiva, nunca más volvería a avergonzarnos el fantasma de un default.

Además, los créditos hipotecarios (UVA) permitirían a las familias desarrollar su calidad de vida comprando su vivienda propia y, a la vez contribuyendo al crecimiento económico mediante “la industria, madre de industrias”. Invertir en educación y generar decenas de miles de empleos, reducir los embarazos adolescentes emprendidos para obtener beneficios sociales; pondría a los jóvenes camino al trabajo en lugar del Estado afrontar los costosos subsidios que fomentan un sinnúmero de sinvergüenzas y abusadores, forjando así un destino de gloria, un país verdaderamente competitivo. Nada de eso sucedió.

Existen muchos talentos formados por el CONICET, pero ya el Estado no financia investigadores, otros países aprovecharan la inversión que el nuestro ha hecho en ellos.

Un esfuerzo por entender los elementos constitutivos y la dinámica de este esperpento experimental, mina la capacidad de comprensión de cualquier erudito, en el sentido de identificar cuáles fueron las estrategias para obtener los asensos que se habían trazado con el discurso.

La actual implacable política económica, con su propia racionalidad esta diseminando el fracaso del modelo, y desconfigurando no solo a las empresas, los inversionistas y actores del mercado; sino a la ciudadanía toda, que presencia angustiada los nefastos acontecimientos.

(*) Magíster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, Profesor del MBA de UADE Business School, Presidente de la consultora HACER www.hacer.com.ar

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