16 de septiembre 2023 - 00:00

El escándalo de Unity: la tecnología de videojuegos que formó a la industria y ahora es odiada

El creador de una de las herramientas más utilizadas en el gaming anunció el cobro de una comisión y despertó la furia de todos, especialmente del mundo indie.

Unity, envuelta en un nuevo escándalo. 

Unity, envuelta en un nuevo escándalo. 

Gentileza: Bloomberg

Este 2023 no es un año cualquiera para la industria de los videojuegos, mientras algunos ya lo consideran uno de los mejores años en el gaming debido a los múltiples lanzamientos con gran aceptación del público y la crítica, desde adentro de la industria lo califican como uno de los peores, argumentando principalmente la interminable cantidad de despidos masivos en distintas compañías. A todo esto, la última semana sumó un escándalo más: el motor de desarrollo Unity anunció que le cobrará a los creadores de videojuegos una comisión por cada vez que alguien instale un juego, tras superar una cierta cantidad de instalaciones.

Lo primero que necesitamos tener en claro es qué es el "motor" de un videojuego. Se trata de un software de desarrollo que contiene las herramientas para simplificar la producción. Esto suele incluir el motor para trabajar gráficos (2D o 3D), uno de física que simula las condiciones de tu juego, inteligencia artificial para responder a las acciones del jugador, un procesador de sonido para los efectos, música y otros, un motor de animación, y distintos elementos que, dentro de este, permiten trabajar de manera global la creación de un juego a través de distintos lenguajes de programación.

La compañía Unity creó uno de estos motores llamados Unity Engine y a través de los años construyó su fama gracias a su facilidad de uso y su vínculo con la industria independiente. Se volvió el motor más popular junto a Unreal Engine, normalmente utilizado para juegos más grandes y con más presupuesto, y es el hogar de títulos famosos como Among Us, Hollow Knight o Pokémon GO.

El escándalo de esta semana gira alrededor de un anuncio que la compañía realizó el pasado martes: la imposición de una nueva política llamada "Unity Runtime Fee" a partir del próximo mes de enero. Se estableció que las compañías desarrolladoras deberán pagar una comisión cada vez que un usuario instale su juego. Las compañías ya pagan un plan para tener acceso a Unity. Aquellos en el plan económico deberán pagar hasta u$s0,20 por instalación si su juego pasa las 200 mil instalaciones o consigue u$s200 mil de ganancias. En el plan más caro, que cuesta u$s2.000 al año, deberán pagar una comisión menor y solo si su juego supera el millón de descargas.

Among Us
Among Us, uno de los videojuegos más populares de los últimos años, se creó en el motor de Unity.

Among Us, uno de los videojuegos más populares de los últimos años, se creó en el motor de Unity.

La furia que este anuncio causó en la comunidad de desarrolladores tiene su centro en dos cuestiones: un desastre de comunicación y la sensación de una confianza destruida. El anuncio no explicaba bien ningún concepto e incluso generó dudas sobre qué pasaría con juegos que están disponibles en servicios de suscripción como Xbox Game Pass. La compañía aclaró, muchas horas después, que en ese caso sería responsabilidad de Xbox pagar la comisión. Incluso, Unity se niega a detallar como contarían esas instalaciones y los desarrolladores aseguran que es algo imposible por complicaciones tanto logísticas como de privacidad del usuario y las compañías.

Desarrolladores de todo el mundo se unieron durante la semana para criticar esta decisión. Algunos de los más grandes incluso amenazan con realizar una demanda legal. Muchos buscan la posibilidad de mover sus juegos a otros motores, tarea que no será sencilla y que requerirá nuevas inversiones no previstas. Lo que es seguro es que la marca de Unity quedó manchada en la industria y, donde antes se recomendaba aprender Unity por su facilidad, ahora se desalentará esa idea por los costos que podría acarrear un videojuego exitoso.

Con el correr de los días Unity ha hecho poco por resolver la situación, solo detallando lo que sucederá con los juegos en servicios de suscripción, asegurando que no contarán reinstalaciones de un mismo juego por un mismo usuario y que los demos y los que formen parte de obras benéficas no entrarán en esta política. Aun así, la situación parece haberse exacerbado al punto que una charla del CEO de Unity, John Riccitiello, tuvo que ser cancelada y dos oficinas de la compañía debieron cerrarse por amenazas de violencia.

Las acciones de Unity cayeron con fuerza durante la mañana del miércoles y en la semana se contó una caída del 6%. "Nuestro punto con esto era simplemente asegurarnos estar en valor correcto de venta para poder seguir invirtiendo en nuestra misión fundamental de asegurar las mejores herramientas para que la gente haga los mejores juegos", le expresó Marc Whitten, presidente de la división Create de Unity al medio Axios.

Esta no es la primera vez que las decisiones empresariales de Unity causan conmoción. El año pasado sus acciones cayeron a u$s30 desde u$s201, en gran parte por un cambio en las políticas de privacidad de Apple que cortaron parte de los ingresos por publicidad que sostenían la empresa. Desde entonces, comenzó una serie de despidos masivos siendo el último en mayo de este año a un 8% de su planta, unos 600 empleados.

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