La hora del tormento le corresponde, en este turno, al bonaerense Felipe Solá. Pero por ese rol incómodo, con extrema celeridad y criterio ambiguo, Kirchner paseó a más de una decena de peronistas, la mayoría de ellos caciques provinciales.
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El más reciente, antes de Solá, fue José Manuel de la Sota. Desde la Casa Rosada se gatilló al cordobés imputándole el rótulo difuso de «neomenemista» porque el gobernador renegó de la postura del gobierno sobre el prisma con que mira la historia reciente.
Por esa chispa estalló el Congreso del PJ en Parque Norte que pasará a la historia como el que cobijó la pelea de «alta peluquería» -según Aníbal Fernández- entre Chiche Duhalde y Cristina Kirchner. Dos semanas atrás, el Presidente visitó a De la Sota en Córdoba.
Menos estruendosa fue la tensión con el santafesino Jorge Obeid. Casi una crisis heredada por el gobernador a raíz de la malquerencia entre Kirchner y Carlos Reutemann, toreo que empezó siendo financiero -por recursos enviados para obras por las inundaciones-y terminó en el terreno político.
Luego Kirchner le abrió la puerta de su despacho al senador Reutemann y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, hizo lo mismo con Obeid. Ahí están las fotos para cumplir con las formas de la reconciliación.
La lista no termina en el trío más poderoso. Por varios meses, el Presidente receló al tucumano José Alperovich, mandatario que en plena campaña electoral en su provincia, le pidió a Kirchner que no lo acompañe haciendo campaña. «No lo necesitamos», dijo.
• Perdón
Recién algunas semanas atrás, el sureño recibió a Alperovich que consiguió el perdón presidencial. Una amnistía similar consiguió José Luis Gioja (San Juan).
Hay otros menos afortunados: el pampeano Carlos Verna y el riojano Angel Maza -sobre todo el primero- siguen en la nómina negra. No ocurre lo mismo con el salteño Juan Carlos Romero, trato en el que pesa más el buen vínculo personal que la diferencia política.
Los bendecidos, en tanto, se cuentan rápidamente. El santacruceño Sergio Acevedo podría quejarse de que le imponen nombres y acciones en la provincia, pero, a cambio, afloran los fondos nacionales hacia su caja corriente.
Sin el mismo trato preferencial que su vecino, pero igualmente protegido, el chubutense Mario Das Neves ha voceado su defensa de Kirchner a veces con sobreactuaciones y logró el guiño de Olivos.
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