Izquierda inútil detrás del episodio

Ambito Nacional

“Había bandas pesadas”. La frase de Andrés Larroque, el hombre que eligió Axel Kicillof para domar la crisis habitacional de Guernica, explica una de las razones del inexorable desalojo.

Cuando el dirigente de La Cámpora hace referencia a esas “bandas pesadas” señala a esos sectores con los que el Frente de Todos parece haber decidido dejar de compartir ciertas acciones. Movimientos de protagonismo desbordado como el Polo Obrero, el MST o Libres del Sur, cuya prédica ideológica atomizó a la izquierda vernácula.

Más allá de los matices, en el desalojo de Guernica primó el sentido común en defensa del derecho a la propiedad privada que avala la Constitución y custodia el Código Penal. Era una situación que no daba para más.

Agotadas todas las instancias de diálogo con los usurpadores, el gobierno de Kicillof había tomado entre el martes y el miércoles la decisión definitiva de hacer cumplir -de la mano de las fuerzas de seguridad- lo dispuesto por la Justicia. En los despachos de La Plata, el temor a la erosión del rédito político del gobernador se extendió como reguero de pólvora y terminó por precipitar una acción inevitable.

Por la magnitud y la visibilidad, el desalojo de Buenos Aires captó -junto con la riña entre los hermanos Etchevehere- la atención de todo un país. Sin embargo, fuera de esos límites, otros gobernadores lidiaban casi en simultáneo con escenarios similares. Por caso, en Tucumán, el Gobierno de Juan Manzur acompañó este miércoles la decisión de la Justicia que ordenó la liberación de un predio tomado hace dos semanas por 200 familias.

Son postales de una Argentina dañada por la indudable necesidad de vivienda en la que se filtra el penoso aprovechamiento de sectores que subvierten los valores constitucionales.

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