7 de febrero 2006 - 00:00
Dramática situación por sequía e incendio
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El paisaje se enrarece en un departamento encendido por la furia del sol: nuevos focos de incendio se disparan a diario, los animales muertos hacen subir las estadísticas no deseadas y olores pestilentes emanan de los camalotales atestiguando la sequía.
Acciones
Los grandes ganaderos, con más de 2.500 cabezas, implementaron prácticas para neutralizar la inclemencia climática: trasladan la hacienda hacia otras zonas e incluso trasponen los límites de la provincia. En la búsqueda desesperada de aguadas y pasturas para mantener vivo al ganado, los medianos y pequeños productores llevan las de perder, sobre todo, porque estarían obligados a invertir más para la compra de forrajes.
Nélida Florencia Bertinat, de 74 años, pelea hora a hora contra las garras del sol y la voracidad del fuego para preservar más de 1.000 hectáreas y unas 2.500 cabezas de ganado. Llegó a Tapenagá hace 50 años y su voz quebrada, con ritmo pausado, testimonia el paso del tiempo.
La furia del fuego y la aspereza de la sequía también están dejando su huella en Mendoza. De hecho, en el distrito cuyano un total de 52 incendios en toda la provincia arrasaron ya 66.500 hectáreas entre octubre y enero pasados. Un dato alarmante, que supera holgadamente los siniestros registrados entre octubre 2004 y marzo 2005, cuando las llamas devastaron 7 mil hectáreas en 30 incendios, entre pasturas, forestales y arbustos. Del total de hectáreas quemadas hasta enero, 47 mil correspondieron a dos grandes focos ígneos que se desataron en San Carlos, donde el fuego trepó la cordillera, y en General Alvear.
Clima
Otra vez el clima se ensañó: la falta de precipitaciones acarreó riesgosas sequías, agravadas por el voraz viento Zonda característico de la zona. El brusco incremento del área afectada se vincula con la escasa caída de agua. «En la temporada anterior, muchas lluvias apagaron naturalmente los focos antes de que se agravaran», evaluó el jefe de incendios de Mendoza, Guillermo Ferraris, en diálogo con el diario «Uno».
En la última semana, los pobladores de El Bolsón, Río Negro, y los turistas vieron crecer lenguas de fuego, a escasos 15 kilómetros de la ciudad, cuando ardieron 230 hectáreas con diversas especies de coníferas y monte leñero de radal, laura, retamo y maitén.




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