22 de octubre 2007 - 00:00

Forzada, Cristina arriesga otro desembarco en Córdoba

Córdoba - Sobre el cierre de campaña, Cristina Fernández de Kirchner tendrá una parada a puro nervio en Córdoba. Será el último acto en el interior del país, con presencia en un distrito donde la Casa Rosada sabe que su candidata no logra solidez y que, además, se ha vuelto turbulento como consecuencia de los escandalosos comicios locales del 2 de setiembre y el quiebre del diálogo con el gobernador José Manuel de la Sota.

La primera dama tiene como cercano antecedente en Córdoba sus actos en Río Cuarto y la ciudad de Córdoba, el 10 y el 18 de este mes. Ambos le dejaron sabor amargo. El primero, marcó la ruptura con el mandatario local, luego de que criticara abiertamente el discurso de la candidata, tildándolo de «falto de compromiso». El jueves pasado, en tanto, la senadora nacional habló en la capital local frente a figuras del transversalismo -un rejunte de radicales y juecistas- y debió escuchar cómo el intendente electo, Daniel Giacomino, acusó de fraudulenta la victoria electoral de Juan Schiaretti, futuro mandatario de Córdoba que guarda fidelidad al kirchnerismo.

Schiaretti es justamente quien tomó la posta en la provincia para intentar levantar la imagen de Fernández de Kirchner. Fue él quien anunció la visita de la primera dama, luego de dejar atrás el polémico proceso electoral y la disputa con Luis Juez, quien con sus denuncias de fraude debilitó la posición del oficialismo cordobés y de sus socios del gobierno nacional.

No desconocen en Balcarce 50 que la esposa de Néstor Kirchner no superaría 30% de intención de voto en Córdoba, en un escenario que beneficia -en este distrito con más de 2,3 millones de electores- a las candidaturas de Roberto Lavagna y de Alberto Rodríguez Saá. Bajo la esperanza de que la tercera sea la vencida y repunte Cristina, el miércoles será el turno de un almuerzo con empresarios, del cual participarán Schiaretti y su vice, Héctor «Pichi» Campana. La presencia de De la Sota ya está descartada. «El gobernador no participa de actos de campaña, se dedica a la gestión», afirman fuentes cercanas.

Desde esta vereda pretenden que el acto sirva para dejar una buena imagen de la relación entre el Frente para la Victoria y Unión por Córdoba -sello que aglutina a De la Sota y también a Schiaretti-. La otra pata que sostiene al kirchnerismo es el transversalismo de Patricia Vaca Narvaja y, especialmente, Giacomino.

El juego kirchnerista es aferrarse a las figuras de Schiaretti y Giacomino. Además de esto último, el lazo se da con varios intendentes radicales, como el de Río Cuarto, Benigno Rins, a los cuales se les abrieron las puertas de la Casa Rosada. La apuesta es sumar de estas dos canastas votos para Cristina y diputados para el Congreso nacional.

En el caso del gobernador electo, éste ya comenzó a marcar distancias con De la Sota, apostando a la amistad de la Casa Rosada, un vínculo estratégico para gobernar los próximos cuatro años. En paralelo, el saliente mandatario ya declaró la guerra a los Kirchner, está prácticamente lanzado para 2011 e inclusive piensa en la conducción del PJ nacional. «Perón dijo que unir no es amontonar, pero parece que hay algunos que no han entendido lo que dijo nuestro líder», fue, este viernes, la última de las críticas delasotistas a la administración K.

En lo que respecta a los intendentes transversales capitaneados por Giacomino, el kirchnerismo trata de que Juez y su crítica verborrágica queden en segundo plano, entablando lazos con el juecismo que gobierna y está dispuesto a acordar. Por lo pronto, Schiaretti y Giacomino ya iniciaron una suerte de coqueteo y se prometieron una cita para después del 10 de diciembre, día de sus asunciones.

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