El radicalismo bonaerense transita horas decisivas: esta semana podría definirse si la elección interna prevista para el 6 de septiembre se adelanta a fines de mayo o comienzos de junio. Pero detrás de la discusión de calendario hay algo más profundo: el intento de cerrar una de las crisis más ásperas del centenario partido en los últimos años y reordenar el mapa de poder interno con la mira puesta en 2027.
La UCR bonaerense acelera su reordenamiento y analiza adelantar la interna para salir de la parálisis
El sector liderado por Maximiliano Abad busca oficializar el llamado a urnas para fines de mayo. El fracaso electoral de 2025 y un partido judicializado apresuran los tiempos. En el medio, Miguel Fernández resiste con el apoyo de un núcleo territorial y apuesta al respeto de los estatutos para frenar lo que considera una "imposición de cúpulas".
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El radicalismo busca pasar página luego de la derrota bonaerense en 2025.
El último viernes, ante un auditorio de más de 500 dirigentes en el Club Talleres de Mar del Plata, el senador nacional Maximiliano Abad encabezó un acto que funcionó como una potente demostración de fuerza. La jornada expuso un dato político central: la congregación de figuras históricamente distantes que hoy, forzadas por la coyuntura, coinciden en la urgencia de un recambio partidario.
Allí se destacó el regreso simbólico de Daniel Salvador -exvicegobernador y fundador de Adelante Buenos Aires- quien, tras un periodo de distanciamiento, volvió a mostrarse junto a Abad. Su presencia fue el puente para consolidar un bloque que, aunque con matices en la asistencia física de sus espadas nacionales, cuenta con el aval político del sector de Evolución (el espacio de Martín Lousteau) y el acompañamiento del exintendente de San Isidro, Gustavo Posse, además de legisladores nacionales como Karina Banfi y provinciales como Diego Garciarena.
Esta alianza entre sectores que hasta hace poco se enfrentaban en tribunales tiene un objetivo común: impulsar una renovación integral de la cúpula partidaria que hoy encabeza Miguel Fernández. El bloque apunta a sumar voluntades del radicalismo renovador para disputar el control del Comité Provincia y dar por terminada la etapa de la contingencia institucional.
Abad logró en el acto el respaldo explícito de siete intendentes de los 27 con que cuenta la UCR en territorio bonaerense: Emilio Cordonnier (Ayacucho), Esteban Reino (Balcarce), Osvaldo Dinapoli (General Belgrano), Nahuel Guardia (General Lavalle), Pablo Barrena (Lobería), Myriam Mongay (Lezama) y Érica Revilla (General Arenales).
Sin embargo, la moneda sigue en el aire. Fernández sostiene su resistencia apoyado en un nutrido núcleo de jefes comunales. Para ratificar ese sustento, el presidente del Comité llevó a cabo recientemente una gira por distritos del interior donde sumó los respaldos de Juan Chalde (Coronel Dorrego), José Luis Salomón (Saladillo), Sofía Gambier (Pellegrini), Francisco Recoulat (Trenque Lauquen), Luciano Spinolo (Tres Lomas) y Javier Andrés (Adolfo Alsina).
En estas recorridas, Fernández -acompañado por legisladores como Alejandra Lordén y Valentín Miranda- busca blindar su legitimidad territorial frente a lo que considera una "imposición" de los demás sectores. Su mensaje es claro: el partido debe enfocarse en los problemas de los distritos antes que en los calendarios electorales.
El enfrentamiento escaló tanto que provocó la cancelación de una visita del presidente del Comité Nacional, Leonel Chiarella, a La Plata. El dirigente santafesino prefirió evitar la provincia para no quedar atrapado en el fuego cruzado, una decisión que molestó a los intendentes, quienes plantearon por lo bajo que no hay futuro si la conducción nacional no puede sentarse con sus propios dirigentes por miedo a la interna.
La ruptura post 2024: de aliados a rivales
Para entender el movimiento actual hay que retroceder a la interna de 2024. En aquella disputa, el abadismo llevaba como candidato a Fernández, exintendente de Trenque Lauquen. Del otro lado competía Evolución, impulsando a Pablo Domenichini, con un perfil renovador y crítico de la conducción de aquel entonces. La elección terminó en un escándalo judicial y acusaciones de fraude que derivaron en un acuerdo de emergencia: Fernández quedó al frente de un Comité de Contingencia y Domenichini preside una Convención también provisoria.
La sociedad política entre Abad y Fernández se desarmó definitivamente en 2025, por discrepancias respecto al acuerdo electoral que el segundo tejió con sectores de Emilio Monzó y Florencio Randazzo. El resultado fue una UCR fragmentada que pagó un alto costo en las urnas. El diagnóstico de los alcaldes que ahora vuelven al abadismo es tajante: la apuesta por una "tercera vía" fue destructiva y dejó a los distritos sin fuerza frente a un gobierno provincial que, denuncian, les retacea fondos clave y deudas del IOMA.
La crisis en la Legislatura y el factor 2027
La disputa puertas adentro también tuvo su correlato en la Legislatura bonaerense. La histórica unidad del bloque radical se desarmó, surgieron nuevos espacios y se acentuó la negativa a confluir en armados como Somos Buenos Aires, profundizando la atomización parlamentaria.
En ese reordenamiento, la hasta hace poco ultraabadista Lordén dio un portazo en Diputados y conformó una nueva bancada, que preside, junto a Miranda -referente alineado con Fernández y ex integrante del sector que conduce Garciarena- y la recientemente incorporada Priscila Minaard. En el esquema que quedó bajo la órbita del marplatense Garciarena permanecen el tandilense Matías Civale y la monzoista Silvina Vaccarezza.
Por su parte, Natalia Quintana -alineada con Fernández- se integró al bloque que comparten Marcelo “Chuby” Leguizamón -dirigente cercano al exintendente platense Julio Garro- y María Emilia Subiza (del sector de los Passaglia). En paralelo, el abadismo declinó sumar a Nerina Neumann a ese armado, por lo que la legisladora conformará un monobloque.
Desde el bloque de Mar del Plata -que suma al histórico dirigente Federico Storani- analizan solicitar que las elecciones sean entre el 31 mayo y el 7 de junio. Sostienen que si las provinciales se adelantan en 2027, el radicalismo debe tener autoridades en funciones para ordenar alianzas y recorrer la provincia con tiempo. Fernández, por su parte, no se retira y exige un "diálogo serio" que respete los estatutos y la validación judicial de su triunfo.
La discusión formal que se definirá esta semana es la fecha. La real es quién tendrá la lapicera para negociar el futuro del partido. Si el gobernador Axel Kicillof decide desdoblar las elecciones, el radicalismo sabe que no puede permitirse llegar a fin de año con una conducción discutida.
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