Hay momentos en que un país deja de preguntarse si podrá ser y decide ser. La Argentina llega a 2026 donde el verdadero desafío pasa a ser la pregunta que años atrás no podíamos siquiera empezar a formular: ¿cómo capitalizar la estabilidad lograda para dar el salto al desarrollo?
Transformar estabilidad en desarrollo: el desafío que marca el 2026
Un período que habilita una instancia inédita: convertir avances recientes en un impulso sostenido que permita proyectar un rumbo más sólido y competitivo hacia adelante.
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Presidente de CICyP, Presidente de Fundación Educando, Embajadora Marca País Argentina.
Los números ayudan a dimensionarlo. Durante los últimos dos años, la Argentina atravesó un proceso de ordenamiento profundo.
En 2024, el país alcanzó un superávit fiscal primario del 1,8% del PIB, luego de un déficit de 2,9% en 2023. Por primera vez en catorce años, se registró además un superávit financiero del 0,3 % del PIB, un hito que devolvió credibilidad al Estado y previsibilidad a los mercados.
La inflación, que a fines de 2023 superaba el 200% anual, cayó al 44,7% interanual en septiembre de 2025, y llegó a 36,6% en julio, según cifras oficiales. La pobreza, que había superado el 50%, descendió al 31,6% en el primer semestre del año, lo que equivale a unos 14,5 millones de personas, el nivel más bajo desde 2018.
Son datos que le devuelven al país algo que durante mucho tiempo estuvo ausente: un piso firme. Y ese piso es indispensable, porque sin la estabilidad macro, ningún problema tiene una verdadera solución.
El empresariado ante una nueva etapa
En el empresariado leemos positivamente las condiciones generadas para seguir haciendo lo que mejor sabemos hacer: invertir, producir, innovar, desarrollar y generar empleo de calidad.
El cambio de ánimo nace de la mayor previsibilidad. Cuando un país ordena sus cuentas, baja la inflación y sostiene reglas claras, invita a confiar. Y en la Argentina, la confianza se transforma en compromiso y en apuestas de largo plazo.
Lo que viene exige más que administrar lo logrado. Implica usar este nuevo punto de partida para avanzar hacia una Argentina integrada al mundo, competitiva, productiva, con ambición global.
El país tiene ventajas que no necesitan ser inventadas: talento, recursos, cultura del trabajo, tradición emprendedora. Lo que necesitaba era un marco más estable para que esas ventajas puedan desplegarse sin fricción permanente.
Del alivio al crecimiento: el desafío del 2026
En 2026, el desafío será transformar estabilidad en desarrollo: pasar del alivio al crecimiento; de la recuperación a la proyección; de la oportunidad latente a la oportunidad ejecutada. Y ahí el capital humano ocupa un lugar central.
Ninguna nación que aspire a volver al tablero global puede hacerlo sin trabajadores formados, sin educación alineada a los desafíos productivos, sin la capacidad de adaptar su talento a tecnologías y mercados en evolución.
El sector privado está listo para seguir acompañando como protagonista. Nos toca afrontar algo más complejo, pero también más estimulante: crecer, con identidad, con tradición, y con la mirada puesta en competir en el escenario internacional.
El 2026 puede ser el año en que la Argentina deje de reaccionar y se enfoque en proyectar. El año en que la estabilidad deje de ser una meta para convertirse en una plataforma.
Estamos, en definitiva, ante el desafío no solo de volver al mundo, sino de hacerlo desde un lugar más fuerte, más sólido y más confiado en lo que somos capaces de construir.
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