Sin grandes anuncios estridentes, pero con una estrategia profunda, Mercedes-Benz avanza en una transformación estructural de sus vehículos. El objetivo es ambicioso: reducir de forma drástica la huella de carbono y lograr que, al final de su vida útil, los autos puedan reincorporarse casi por completo al ciclo productivo. La clave está en rediseñar todo, desde los materiales hasta los procesos.
El plan silencioso para crear autos que reduzcan emisiones y reciclen casi todos sus materiales
Una marca alemana de lujo impulsa más de 40 innovaciones para transformar cada vehículo en una futura fuente de recursos.
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Mercedes-Benz avanza en una transformación estructural para la fabricación de sus vehículos
El eje de esta estrategia es Tomorrow XX, un programa tecnológico que replantea cómo se conciben, fabrican y reciclan los vehículos. Lejos de limitarse a la motorización, el enfoque apunta a cada componente, con una mirada de economía circular, uso eficiente de recursos y menor dependencia de materiales fósiles.
Diseñar pensando en el final
Uno de los pilares del programa es trabajar de manera conjunta con toda la cadena de valor. Los equipos de investigación y desarrollo de Mercedes-Benz colaboran con empresas de reciclaje, proveedores y startups, analizando pieza por pieza: desde la batería hasta los aislantes menos visibles. Cada kilogramo de CO cuenta.
En ese marco, la automotriz avanza en Kuppenheim, al sur de Alemania, con una planta piloto de reciclaje de baterías. El proyecto, aún en fase de desarrollo, busca cerrar el ciclo de uno de los componentes más críticos de los vehículos eléctricos, tanto por su impacto ambiental como por el valor de sus materiales.
Más de 40 soluciones con impacto real en la idea de Mercedes-Benz
En apenas dos años, Tomorrow XX permitió identificar más de 40 nuevos materiales y componentes sostenibles, con potencial para incorporarse en modelos de producción en serie. El objetivo es doble: bajar emisiones y aumentar el contenido reciclado en los futuros vehículos.
Un ejemplo concreto es el rediseño de los faros. En lugar de piezas pegadas difíciles de separar, el nuevo concepto utiliza componentes atornillados, lo que permite reparar solo la parte dañada y reciclar cada módulo por separado. Este cambio podría duplicar el uso de materiales reciclados y reducir hasta un 50% las emisiones asociadas a ese componente.
El desafío de los plásticos y las baterías
Un vehículo moderno de Mercedes-Benz contiene en promedio 250 kilos de plástico, muchos de ellos mezclados, lo que complica su reutilización. El programa impulsa el uso de monomateriales y la sustitución de materias primas vírgenes por materiales secundarios, mejorando la calidad del reciclado.
En paralelo, la marca trabaja sobre la cadena de suministro de baterías. Los fabricantes de celdas asociados asumieron compromisos para utilizar energía renovable, optimizar procesos y reducir de manera continua sus emisiones.
La estrategia también alcanza a componentes estructurales. Un caso es el soporte que une la consola central con la carrocería, tradicionalmente fabricado en magnesio, un material liviano pero con alta huella de carbono. El rediseño busca mantener los estándares de seguridad y resistencia, pero con menor impacto ambiental y costos más bajos.
Desde la compañía explican que repensar los autos desde cero permite reducir el consumo de materias primas, mejorar la eficiencia productiva y disminuir el uso de energía. A estos avances se suman los progresos en energías renovables dentro de las plantas y una tasa de reciclaje cercana al 100%. Tras cerrar el ciclo del acero, el próximo objetivo es hacer lo mismo con el aluminio.
El mensaje es claro: el futuro del auto no solo se juega en cómo se mueve, sino en de qué está hecho y qué pasará con él cuando deje de rodar.





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