9 de enero 2001 - 00:00

"Hace falta un sistema de premios y castigos"

Mario Raiteri asumió recientemente como presidente de Coninagro. Representa a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) y se define como un productor mediano. Acusa 400 hectáreas propias y 2.000 ha de campos alquilados donde siembra trigo, girasol, maíz, soja, papa y hace ganadería. También administra más de 3.000 hectáreas de terceros y dice que «las cooperativas son casi las únicas empresas que quedan de capital nacional». «En el cooperativismo encontré las soluciones tranqueras afuera», dice ante Ambito Financiero. «Hoy, hacer plantas de silos en campos arrendados es muy difícil, pero con asociativismo es diferente. Las formas asociativas nos permiten llevarle mayor valor agregado al productor porque nuestras federaciones tienen toda la cadena y permiten al empresario acceder a mejores precios.»

«Se han caído cooperativas porque se han caído muchas empresas peque-ñas y medianas. La cooperativa está hecha para producir, bajar costos, comercializar pero no está para financiar. Y, muchas veces, las cooperativas han tenido que suplantar la falta de crédito.» «Nosotros no vaciamos las empresas... morimos con las empresas», dice Raiteri a través de un diálogo extenso con este diario.

Periodista: ¿Cuál fue el resultado del año 2000?


Mario Raiteri:
La situación fue explicada en el informe que se hizo en Agricultura, con un pronóstico de lo que atraviesa el sector. Con las nuevas autoridades había dos expectativas: la refinanciación de los pasivos y la recuperación de la rentabilidad del sector. Para decir una mala y una buena, en refinanciación se cumplieron las aspiraciones del sector aunque hay detalles para ajustar como si la existencia de dinero en determinado momento o los pedidos de prórroga. Tuvimos altibajos que nos llevaron a la medida de protesta porque se habían roto las relaciones con el gobierno. Ahora mejoraron porque hubo mejor predisposición para escucharnos desde Economía. Pero lo malo es que no ha habido absolutamente nada a favor de la rentabilidad. Tiempo y esfuerzo que invertimos sin resultado.

P.: ¿Entonces?

M.R.: Se habla de impuestos distorsivos que no hacen al todo... Hay problemas más grandes, más profundos. Para hacer políticas agropecuarias se necesitan una política fiscal que no la determinamos nosotros sino los acreedores; una política crediticia donde ya se han agotado las instancias ante las entidades que nos pueden apoyar. Los créditos nuevos no pueden ser tomados hasta que no se recalifica al deudor...
y lo más grave, la política monetaria. Hemos renunciado a la moneda y estamos metidos en un atraso cambiario... Sé que esto es muy delicado para decirlo porque muchos se ponen nerviosos. No es hablar de devaluación. Los precios internacionales son un riesgo empresario y no podemos quejarnos. Sabemos que si Francia decide ayudar a sus productores para mantener el paisaje, lo va a seguir haciendo. Y en la Argentina, las autoridades deberían copiar lo que otros países hacen... Si bien hay imposibilidad de asistir a los productores porque no hay recursos, los economistas deberán analizar en profundidad cómo se sale de la trampa del tipo de cambio. No es un pedido de devaluación pero necesitamos partidas presupuestarias para que pueda haber refuerzos para el sector.

P.: ¿Cuando dice que la Argentina debería tener algún apoyo para sector como lo hace Francia, está hablando de subsidiar al campo?


M.R.:
No es una mala palabra subsidiar al campo. Pero nosotros no pedimos un subsidio. Si el campo es perjudicado por la presión impositiva, generada porque hay un exceso de gasto público, y por otro lado estamos con un retraso cambiario... en alguna medida nos tienen que retribuir todo eso. Si se quiere llamar subsidio a destinar una partida en el presupuesto para aumentar reembolsos, llamémoslo subsidio.
P.: Con este marco, ¿hacia adónde apunta la actividad?

M.R.:
Falta definir qué modelo de productor se quiere para el país. Porque se mantiene o aumenta la producción y ésa es una imagen engañosa. Hay maneras de financiamiento que vienen de afuera, desarrollan una actividad que no se puede comparar con el productor argentino. Hay dinero que viene de afuera que se usa como negocio inmobiliario... pero esa gente ya va a salir del negocio del campo. La nueva reforma agraria... la división de la tierra llegará, quizás en el año 2010, cuando esos inversores consideren que el campo no es más negocio... Pero hoy no está definido qué modelo de país se quiere.

Crisis de valores

P.: ¿Cómo se ubica la dirigencia en este escenario?

M.R.:
Hay una crisis general, de valores. Hoy importa más salir en la revista de moda, mostrando bienes, que definir el país que queremos. Y no le echemos culpa sólo a la clase política. Nosotros los dirigentes también. Y la gente que eligió a esos representantes tiene que sacarlos porque hay mecanismos democráticos. Hay una falta de participación del ciudadano. A los clubes y a las cooperativas les falta gente que se involucre, que se ocupe por el bien común. Y se les debe pedir una rendición de cuentas. Si Mario Raiteri, a quien le confiaron un puesto de representación en Coninagro, de acuerdo con lo que él ha manifestado, mañana se consiguió un puesto de diputado y piensa que se va a salvar en lo particular... quiere decir que Raiteri no sirve más para representar a los productores. Si uno participa en política debe hacer política, pero si uno representa a un sector, debe luchar para integrarse con los otros grupos en lo sectorial. Hay que participar pero descalificar a los que fallan. Necesitamos un sistema de premios y castigos, que uno no pueda volver más a su pueblo... Al que hace una macana debe ir preso y de lo contrario, si hizo una picardía ... hay que repudiarlo públicamente.

P.: ¿Cómo evoluciona la intención de unir a las entidades?


M.R.:
Tenemos que unificar un discurso y eso es posible en la medida en que haya franqueza entre nosotros...Y eso será posible en la medida en que no haya exceso de protagonismo. Por eso es positivo el trabajo que estamos haciendo Coninagro, CRA y Federación Agraria.

P.: ¿Qué tarea realizarían todos juntos?


M.R.:
Habría que recrear organismos de defensa de la producción, aggiornados, con un nuevo estilo. No como las viejas juntas de Granos y de Carnes pero sí al estilo de organismos como los que tiene Nueva Zelanda, Canadá, Australia. ¿Cómo hacen los australianos, que les va bien haciendo producción primaria, con actividades que en la Argentina se desprecian porque no se apoyan ni incentivan como la producción de lana...?

P.: Estos organismos estarían vinculados a los Institutos de Promoción que las entidades impulsan para carne, lácteos.


M.R.:
Sí, pero algo más integral no como para promoción interna y externa, sino como organismos que nivelen las crisis. Que en algún momento se haga un fondo compensador. En necesario recrear organismos manejados por los productores, auditados por el Estado y que en algún momento sirvan. Con un mecanismo que reclame aportes si los precios superan un valor y que restituya si el producto registra un valor por debajo de cierto precio. Un mecanismo que permita cubrir las falencias que hay sobre emergencia agropecuaria, seguros sobre cultivos. Cada producción debiera tener un organismo que ayude a salir a vender.

P.: En la Argentina, las actividades están muy atomizadas y los tamberos son también criadores, productores de papa, de trigo y de girasol. ¿No serían muchos aportes para una producción que atraviesa una situación que se considera precaria?


M.R.:
A mí no me molesta aportar si el fondo lo manejan bien los productores y los audita el Estado. Hay productores que se quejan, pero esto se corrige en la medida que se participa...

P.: Usted propone crear organismos justo en un momento en el que el gobierno decide eliminar estructuras y hace desaparecer un instituto como el INASE, considerado como modelo por su autofinanciamiento.


M.R.:
No me rasgo las vestiduras por el INASE. Es importante que se cumplan las funciones que tiene prevista la CONASE sobre asesoramiento. Que sean respetadas esas atribuciones. No me preocupa el tipo de organismo que cumpla esa función. En el INASE los usuarios teníamos un solo representante en el Directorio y luego estaban todos los semilleros, los obtentores y los comercializadores. Son respetables los intereses de los obtentores porque a la investigación hay que premiarla y defenderla; pero en un país como éste, donde la producción ya es castigada, hay que evitarle un costo excesivo al productor. Si un productor compra una semilla y puede hacérsela en su campo... hay que darle el privilegio de que la pueda hacer...

P.: ¿Cuál es su opinión sobre la evolución de los controles por fiebre aftosa?


M.R.:
Fuimos muy críticos con la gestión de Bruni porque se perdió mucho tiempo por política interna del SENASA cuando se debería haber hecho un seguimiento más estricto sobre el área de frontera. Y estamos de acuerdo con Machinea y con Greco, con lo que se hizo después... porque participamos aunque después de la aparición el problema. Este seguimiento que se está haciendo, dicen, en el SENASA ahora, se debería haber hecho desde el primer día. La etapa de Bruni fue más conflictiva...

P.: Por el lado de las entidades ¿no había un «pase de factura» con Bruni por su intención de eliminar el Consejo de Administración del SE-NASA, que justamente integran las entidades y que son corresponsables de las decisiones del organismo?


M.R.:...Eso
fue un error total de Bruni. Cuando Menem dio la última vacuna, nosotros, como entidad, no fuimos. En su momento advertimos que si decidía dejar de vacunar se debía tener el banco de vacunas listo y muy controlada la frontera con Paraguay. Pero luego, en el SENASA se echaron directores porque decía que «no iba a poner al zorro a cuidar gallinas», y estábamos hablando de políticas sanitarias. Y todos los productores estábamos y estamos interesados. Hubo errores de protagonismo y absolutismo de poder... Las entidades queríamos participar y asumir los costos si pasaba algo, pero Bruni no nos dejó.

P.: Hace unos meses realizaron un paro. La situación no cambió. ¿Cómo sigue la relación con el gobierno?


M.R.:
La situación no cambió nada. Pero cuando se dice ¿después del paro qué?... Me remontaría al camionetazo del '94, sin el que no hubiera salido la cédula hipotecaria, que con defectos fue una primera reconversión de pasivos. Luego fue la asamblea en la Cámara de la Construcción, que logró instalar el tema en la sociedad. Hoy no hay un argentino que no sepa que el campo tiene problemas. Y el camionetazo sobre finales del gobierno de Menem puso al campo en el debate de los partidos políticos. Y la última protesta logró poner en marcha la recomposición de los pasivos.


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