30 de enero 2026 - 16:36

Récord histórico en la industria aceitera: la molienda tocó su máximo y achicó la capacidad ociosa

El procesamiento de oleaginosas alcanzó 47,64 millones de toneladas en 2025, el mayor volumen de la historia. La mejora en la oferta de soja y girasol impulsó la actividad industrial.

El agregado de valor es clave para el ingreso de divisas. 

El agregado de valor es clave para el ingreso de divisas. 

La industria aceitera argentina cerró 2025 con un hito productivo que volvió a confirmar su rol estratégico dentro del entramado agroindustrial y exportador del país. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el procesamiento de oleaginosas alcanzó 47,64 millones de toneladas, un récord histórico que logró superar la marca previa de 2016 y dejó a la industria operando en niveles de utilización de capacidad que no se veían desde hace más de una década.

El trabajo remarca que este desempeño fue posible gracias a una combinación clave de factores del lado de la oferta. En ese sentido, la BCR subrayó que “fue clave el buen nivel de oferta de soja y girasol”, dos cultivos que sostienen el corazón del complejo aceitero y explican buena parte del salto productivo registrado durante el año pasado.

El dato no solo marca un récord en términos de volumen, sino que también deja una señal relevante sobre el uso de la infraestructura industrial instalada. Con la molienda alcanzada en 2025, la capacidad ociosa de la industria se ubicó en torno al 28,2%, el nivel más bajo desde 2011, lo que refleja un funcionamiento mucho más ajustado del parque industrial aceitero, luego de varios años de estancamiento relativo.

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La molienda creció de la mano del buen nivel de oferta de soja y girasol.

La molienda creció de la mano del buen nivel de oferta de soja y girasol.

Más molienda, mayor uso de plantas y una oferta que marca el límite

Del total procesado durante el año pasado, 42,63 millones de toneladas correspondieron a soja, lo que convirtió al último año en el segundo mayor registro histórico para ese cultivo, solo por detrás del pico alcanzado en 2016. El girasol, en tanto, mostró un desempeño particularmente destacado: la molienda alcanzó 4,63 millones de toneladas, el volumen más alto desde el año 2000 y 68% superior al registrado en 2016, consolidando su recuperación dentro del esquema industrial.

El resto de las oleaginosas aportó un volumen menor, aunque con una mejora significativa respecto de los años previos. Según el informe, este segmento se ubicó 47% por encima del año anterior y 27% por encima del promedio de los últimos cinco años, impulsado principalmente por el buen desempeño del maní.

Desde una mirada de más largo plazo, la BCR repasó que la industria aceitera argentina atravesó un proceso de crecimiento exponencial desde mediados de la década de 1970 hasta 2011, de la mano de la incorporación de la soja como cultivo dominante y de fuertes inversiones en infraestructura industrial a gran escala. Sin embargo, ese proceso mostró señales de agotamiento en la última década: entre 2010 y 2020, la molienda cayó un 2% entre puntas, reflejando limitaciones estructurales en la expansión de la oferta de oleaginosas.

En ese contexto, el informe advierte que el récord del año pasado también se explica, en parte, por el crecimiento de las importaciones temporarias de soja desde países vecinos. Mientras que en 2010 estas operaciones eran prácticamente inexistentes, en los últimos años oscilaron entre 4 y 10 millones de toneladas, con un promedio de 6,7 millones de toneladas en el último lustro, lo que permitió sostener el nivel de actividad industrial pese a la falta de un crecimiento sostenido de la producción local.

Hacia adelante, la BCR concluye que la estructura industrial argentina todavía ofrece margen para procesar más volumen y agregar valor a la producción primaria, pero advierte que para dar nuevos saltos significativos será necesario “retomar el sendero de crecimiento en la producción de oleaginosas con foco en la productividad”. La capacidad está instalada, la escala es competitiva frente a otros países y el potencial exportador sigue vigente, aunque el desafío vuelve a estar, una vez más, del lado de la oferta.

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