23 de enero 2026 - 16:51

Calor, lluvias desparejas y estrés hídrico: la campaña gruesa entra en su tramo clave

La soja y el maíz avanzan condicionados por contrastes hídricos, altas temperaturas y plagas, mientras el clima anticipa días de fuerte estrés térmico.

La siembra ya cubre el 96,2% del área proyectada.

La siembra ya cubre el 96,2% del área proyectada.

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La campaña agrícola 2025/26 transita semanas decisivas. Con la siembra prácticamente finalizada y los principales cultivos ingresando en etapas sensibles, el clima volvió a colocarse en el centro de la escena. Altas temperaturas, lluvias irregulares y perfiles de humedad desparejos configuran un escenario de elevada heterogeneidad regional, que empieza a marcar diferencias entre zonas y a condicionar el potencial productivo de la campaña gruesa.

Ese panorama queda reflejado en los últimos informes de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, que advierten que “los contrastes hídricos condicionan la evolución de la campaña gruesa”, en un contexto donde las precipitaciones recientes no lograron recomponer de manera uniforme la humedad del suelo. A esto se suma el informe agroclimático semanal, que anticipa un marcado ascenso térmico, con máximas superiores a 35 y hasta 40 grados en amplias zonas del área agrícola, acompañado por lluvias muy desparejas que dejarán vastas regiones con aportes escasos.

En términos productivos, el escenario empieza a encender alertas, no solo por su impacto potencial en los rindes, sino también por sus derivaciones económicas, en un año en el que el agro vuelve a posicionarse como una de las principales fuentes de divisas para la economía.

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Soja y maíz, entre el período crítico y las decisiones de manejo

La soja avanza hacia su tramo más sensible. De acuerdo con la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la siembra ya cubre el 96,2% del área proyectada, aunque la condición del cultivo comenzó a deteriorarse en varias regiones. En particular, “la condición hídrica adecuada/óptima se redujo en siete puntos porcentuales”, con caídas marcadas en el sur de Córdoba y el oeste bonaerense. Además, el 15% de la soja de primera ya ingresó en período crítico, principalmente en la región núcleo, “a la espera de futuras precipitaciones”.

A este cuadro se suma la aparición de focos de arañuela roja, detectados luego de algunos días sin lluvias, lo que obliga a intensificar aplicaciones y eleva los costos de producción. En los lotes de soja de segunda, la falta de humedad también empieza a sentirse, con dificultades para cerrar el entresurco en los planteos más avanzados.

El maíz tampoco escapa a las tensiones. La siembra alcanza el 93,1% del área prevista, pero mantiene una demora interanual de 5,3 puntos porcentuales, especialmente en el NOA y el NEA, donde las lluvias impiden el ingreso a los lotes. La entidad porteña advierte además que “el incremento de poblaciones de la plaga Dalbulus maidis, también conocida como chicharrita, empieza a modificar las decisiones de manejo”, al punto de que parte del maíz tardío aún no implantado podría reorientarse hacia soja.

En paralelo, el 74% del maíz temprano transita su período crítico, con deterioros puntuales de área y rendimiento en el sur de Córdoba, asociados a la menor disponibilidad de humedad y a las altas temperaturas.

Clima extremo y señales económicas en el tramo decisivo del ciclo

El informe agroclimático semanal refuerza el diagnóstico de estrés. Para los próximos días, se espera una dinámica marcada por temperaturas inicialmente moderadas, seguidas por un fuerte ascenso térmico, con máximas que superarán los 35 grados en gran parte del área agrícola y focos por encima de los 40 grados en el norte del país.

Las lluvias, en tanto, serán “muy desparejas”, con registros abundantes en sectores del NOA, el Chaco y el norte de la Mesopotamia, pero aportes escasos en amplias zonas productivas, lo que limita la recomposición hídrica en regiones clave para soja y maíz.

En este contexto, el avance de la campaña empieza a leerse también en clave económica. Una merma de rindes o ajustes en las decisiones de manejo pueden impactar sobre volúmenes exportables, ingreso de divisas y recaudación, en un momento en el que el desempeño del agro vuelve a ser determinante para la macro.

El trigo, que acaba de cerrar una campaña récord, aparece como el contrapeso del ciclo. La producción alcanzó 27,8 millones de toneladas, con un rinde promedio histórico de 43,5 quintales por hectárea, y un aporte económico estimado en u$s3.900 millones, según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Sin embargo, ese desempeño pertenece al pasado inmediato: ahora, todas las miradas están puestas en cómo la campaña gruesa logrará atravesar un verano que combina calor extremo, lluvias erráticas y márgenes cada vez más ajustados.

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