30 de enero 2026 - 17:24

Se estrena "El mayordomo" en Espacio Callejón, comedia que va de lo absurdo a lo vincular

Se estrena el viernes próximo “El mayordomo”, de Natalia Figueiras, sobre una herencia inesperada, una casa antigua llena de secretos y la aparición de dos supuestos familiares que desatan una comedia sobre herencias, amor, identidades y segundas oportunidades.

“El mayordomo”, de Natalia Figueiras se estrena en Espacio Callejón. 

“El mayordomo”, de Natalia Figueiras se estrena en Espacio Callejón. 

“Muchas veces la escritura me lleva primero, y recién después viene la investigación: tengo que ir a buscar herramientas, leer, informarme, para entender qué es eso que me bajó al inconsciente y pidió ser escrito”, dice Natalia Figueiras, autora y proptagonista de “El mayordomo”, que se estrena el viernes 6 de febrero en Espacio Callejón.

Cuenta la historia de una herencia inesperada, una casa antigua llena de secretos y la aparición de dos supuestos familiares que desatan una comedia sobre herencias, amor, identidades y segundas oportunidades. La dirección es de Gastón Dufau, con actuaciones de Santiago Vicchi, Ricardo Larrama, Bautista Duarte, Carina Buono y Figueiras. La escenografía y vestuario son de Silvina Salazar. Conversamos con la autora y actriz.

Periodista: ¿Cómo apareció esta historia de misterio y secretos, que al tener a un personaje como el mayordomo en el título remite a novelas de Agatha Christie o Arthur Conan Doyle, o a películas británicas de intriga?

Natalia Figueiras: La historia nació en las clases de dramaturgia con Javier Daulte y al comienzo no tenía claro que la obra se iba a llamar El mayordomo. La idea inicial partía de un personaje derrotado por la vida: sin trabajo, que hereda la casa de una amiga. Esa situación, por sus características, empieza a volverse sospechosa. Más adelante irrumpe en la casa una pareja muy excéntrica que dice ser familiar de la persona fallecida y, en ese punto, aparece Osvaldo, un vendedor ambulante del barrio, un personaje pintoresco. Con la puerta entreabierta entra y, casi improvisando, inventa que Federico es el mayordomo de la casa y que conoce a la perfección cómo funciona todo allí. A partir de esa mentira, Federico se queda “a prueba” con esta pareja y comienzan una serie de situaciones desopilantes. Siempre me gustaron las historias que remiten a las novelas de Agatha Christie, las intrigas que se van develando de a poco, como en capas. Ese misterio que se revela recién al final, cuando todo cobra otro sentido. También me marcaron mucho ese tipo de películas, como El ilusionista, dirigida por Neil Burger y protagonizada por Edward Norton, donde al final se reconstruyen los hechos y volvemos a ver las mismas escenas desde otro punto de vista. Esa idea de revelar el truco, de cambiar la mirada, me resulta fascinante. El Mayordomo tiene algo de eso: una tragicomedia con toques detectivescos, con giros inesperados, pero que también habla de la amistad, del amor no correspondido y de la posibilidad de volver a empezar. Con el tiempo fui descubriendo que ese cruce entre misterio, absurdo y sorpresa aparece siempre en mi escritura.

P.: ¿Sos lectora de ese tipo de literatura o ves films de ese género?

N.F.: Sí, soy lectora, aunque no de un solo tipo de literatura. Mi formación como lectora es bastante amplia y diversa: desde Borges y Shakespeare, pasando por Cortázar, Gabriel García Márquez, Neruda, hasta Arthur Miller. Son autores muy distintos entre sí, pero todos con universos potentes, con una mirada profunda sobre lo humano, y creo que eso es lo que más me marcó. En cuanto al cine, no sé si fui una gran consumidora de las películas de los años 70. Yo nací en el 85, y no siempre iba atrás a la hora de ver cine, aunque algunas de esas películas sí llegaron a mí. Lo que sí recuerdo con mucha claridad es que, de chica, leía muchísimas historias de terror. Era el género que más me atrapaba: consumía novelas de terror todo el tiempo, algo que hoy parece bastante alejado de lo que escribo. Hoy, quizás por el momento en el que estoy, me vuelco más a la comedia, a la intriga, a la comedia dramática, siempre con toques de absurdo y misterio. Aparecen de manera recurrente temas actuales: la ansiedad, los vínculos, los lazos familiares. En mi obra anterior trabajé el tema de las constelaciones familiares desde un lugar disparatado, sin saber del todo por qué necesitaba escribir sobre eso.

P.: La definen como “comedia elegante y absurda”. ¿Cómo la contraponés a otras comedias más livianas o con malas palabras hasta en su título? Y en torno a lo absurdo, ¿qué ecos tiene de Pinter o Beckett?

N.F.: No pienso la obra en oposición a otras comedias, pero sí me interesa una comicidad que no dependa del golpe bajo o de la provocación explícita. La elegancia, para mí, tiene que ver con la forma: con el lenguaje, los silencios, las situaciones. En cuanto al absurdo, puede haber una influencia de Pinter y Beckett, sobre todo en la incomodidad, en lo no dicho, en personajes atrapados en lógicas que no terminan de comprender. El humor aparece ahí, en ese borde entre lo ridículo y lo inquietante. Nada de lo que escribo está hecho con liviandad. Aunque esté contado en un tono de comedia, el objetivo no es “hacer reír” de manera directa, sino contar algo con verdad. En El Mayordomo el humor aparece porque los personajes se vuelven disparatados y viven esa locura con absoluta convicción. No intentan ser graciosos: resultan graciosos porque creen profundamente en lo que están viviendo, incluso en lo absurdo. Eso es fundamental, sobre todo cuando aparecen temas sensibles como la ansiedad, la salud mental o ciertos padecimientos de los personajes. No me interesa tratarlos desde la superficie ni usar el humor para banalizarlos. Al contrario: todo está contado con mucho respeto, justamente porque los personajes lo viven con verdad, aunque por momentos puedan ser superficiales en su manera de estar en el mundo. En ese sentido, no soy fanática de las malas palabras en escena. Creo que tienen que estar muy justificadas; si no, se vuelven un recurso fácil. No me interesa caer en lo típico ni en lo que supuestamente “funciona” para hacer reír. Hay algo de la escuela de Javier Daulte que me marcó mucho: no ir al manual, no recurrir al catálogo de emociones ni al cliché, no escribir desde la certeza de lo que ya sabemos que va a dar resultado.

P.: ¿Cómo es montar hoy una obra en el teatro independiente y cómo ves el circuito?

N.F.: Es un gran desafío. No me gusta decir que es “difícil”, porque no quiero condicionarme desde ese lugar, pero sí implica muchísimo esfuerzo y compromiso. Tenemos un elenco de actores muy profesionales y, sobre todo, de muy buenas personas. Y para mí eso es fundamental. En el teatro independiente todos ponemos un esfuerzo extra: adaptarnos a los horarios, compatibilizar ensayos con otros trabajos, sostener el proyecto con pasión y constancia. Por eso creo que sí o sí tiene que haber respeto, códigos, y una conciencia clara de que nadie es más importante que el proyecto. Los egos tienen que estar en el lugar correcto. Las diferencias existen, claro, pero lo importante es poder hablarlas a tiempo, sin caprichos ni actitudes de divismo, algo que siento que ya quedó bastante antiguo. Hoy las circunstancias no lo permiten, pero además creo que cambió la cabeza: al menos en la gente con la que yo elijo trabajar, se valora muchísimo el buen clima, el respeto y el poder disfrutar del proceso. Si no la pasamos bien haciéndolo, nada de esto tiene sentido. En ese marco, estar en Espacio Callejón es para mí un honor.

P.: ¿Cómo fueron los ensayos?

N.F.: Un disfrute enorme: nos reímos mucho, pasan cosas extraordinarias, y ver cómo los personajes cobran vida es alucinante. También está ese momento hermoso de soltar un poco el control del texto, respetándolo, pero dejando que aparezcan sentidos, mensajes y capas que ni una misma sabía que estaban ahí, y que se descubren recién cuando el material se pone en escena y se comparte con los actores. Estoy muy feliz con este proceso y con el resultado. Espacio Callejón es un lugar de culto para el teatro y la formación, y en un contexto donde hay muchísima propuesta, sobre todo en el circuito comercial, sentimos que este era el espacio y el momento indicado para apostar por este proyecto.

P.: ¿Qué podés decir de las áreas artísticas?

N.F.: La dirección está a cargo de Gastón Dufau, para quien esta es su primera obra como director, con trayectoria amplia como actor y que está haciendo un trabajo muy sensible y muy preciso. En cuanto a las áreas artísticas, trabajamos con la artista plástica Silvina Salazar, que hizo un trabajo hermoso en escenografía. En la obra aparece una pareja que dice venir desde Japón, y eso se traduce en una escenografía con una fusión argentino-japonesa. Es una escenografía simple, pero con mucha identidad y mucho detalle.

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