Economía

¿Cómo, no era que se crecería en 2020?

Macri agrandó al Estado, destruyendo al mercado que no son las empresas que, por el contrario, suelen obtener privilegios estatales como aduanas contra la competencia extranjera. El mercado son las personas comunes, millones de argentinos.

Llevo diez años explicando que con Macri el PBI caería. El fundamento es que, siendo el Estado el monopolio de la violencia –y con su fuerza impone “leyes”- es destructivo, como toda violencia según ya decía Aristóteles.

Y Macri agrandó al Estado, destruyendo al mercado que no son las empresas que, por el contrario, suelen obtener privilegios estatales como aduanas contra la competencia extranjera. El mercado son las personas comunes, millones de argentinos.

Al correr del tiempo quedaba más claro que el PBI caería contra los errados pronósticos de todos -los del REM del BCRA y los de los multiestatales como el FMI, el BM, etc.- y que llegaría el momento en que tendrían que corregirse. Llegamos.

Hasta el 6 de agosto, según el LatinFocus Consensus Forecast, las consultoras pronosticaban una caída de 1,5% del PBI para 2019, y un rebote de 2,1% para 2020. Pero hoy, auguran una baja de hasta 3% para 2019 y 2020.

Aunque, con el nuevo gobierno, habrá que recalcular según proceda. El FMI desembolsaría los u$s 5400 M y así el estatista “modelo” macrista aguantaría hasta el recambio. Es que, si cae Argentina, el FMI tiene un problema.

Luego, algunos confían en un giro “menemista” de los FF entre cuyos referentes está Nielsen que insiste en que no habría default aunque “dependemos de la capacidad de pago” y que, en caso de “re perfilamiento”, se haría “sin quita… market friendly y respetando el NPV”.

Aunque difícilmente se pueda pagar la deuda sin liquidar propiedades estatales importantes, Nielsen es algo más realista y tranquilizaría un poco, de modo que bonos y acciones podrían subir desde un nivel muy bajo sino fuera por la fuerte aversión al riesgo dado que el globo sigue mal, y el oro no afloja y la curva de los bonos del Tesoro está invertida, a dos años rinden 1,54% y a diez 1,535%.

Ahora, el problema no es que se equivoquen quienes auguraban crecimiento, todos erramos, sino que lo hacían sin fundamento y hoy buscan excusas para justificarse en lugar de corregirse, quedando claro que seguirán errando y entonces el otro problema es que, en este país conservador, la opinión pública los seguirá escuchando, repitiendo el decadente circulo vicioso.

Decía que el PBI caería al crecer el peso del Estado -sobre las personas- aumentando la absorción de recursos vía altísima carga impositiva e inflación -exagerada emisión para gastos- y endeudamiento/tasas astronómicas transfiriendo financiación productiva a la bicicleta estatal.

Analicemos la inflación. Los habrá, pero entre los economistas -los mediáticos- que pude escuchar, ninguno acierta entonces no puedo referenciarlos. El primer error generalizado es confundir inflación con variación del IPC. Si bien están muy relacionados, son distintas. Podrían variar precios a partir de un cambio en la oferta o demanda de productos y no de un proceso inflacionario.

A partir de aquí se han establecido políticas torpes. Es común creer que un aumento del dólar -passthrough mediante- provoca inflación. Cuando es al revés. El passthrough podría causar una suba del IPC, pero eso es reacomodamiento de precios, no inflación. El Índice de Precios Internos Mayoristas (IPIM) de julio subió 0,1% cuando el dólar durante la primera quincena bajó y aumentó levemente en la segunda y los precios de los importados bajaron 1,8%.

De aquí otro error: creer que con la tasa de interés atraerán inversores sacándolos del dólar que bajará y, por ende, la inflación. Y resulta que, con dólar “controlado”, base monetaria estable y altísimas tasas, persiste la inflación, y el dólar estalló, post paso. El susto por los K pudo ser la aguja que pinchó el globo, pero el globo estaba inflado. Nielsen dijo algo sensato: “mal que la base monetaria no crezca pero las Leliq crecen al 75% anual… la inflación se resuelve con política monetaria”.

La inflación, según la escuela “austríaca”, es la emisión -la oferta- de dinero por encima de la demanda, en tiempo real. Porque el dinero, como todo, cumple la curva de oferta y demanda.

Ahora, como decía L. Von Mises, el aumento de precios de consumo solo se da en la medida en que el nuevo dinero impulsa la demanda de estos bienes, de hecho, la inflación podría tardar tiempo en trasladarse al IPC o no trasladarse al ser contrarrestado por otras causas. El IPIM subió 53,7% en un año, menos que el 54,4% del IPC, o sea que no hay traslado uniforme de la inflación a precios, ergo, la suba del IPC no es la inflación.

Según otro “austríaco”, Murray Rothbard, el peor daño que causa la inflación no es el aumento del IPC sino a la estructura de capital. Cuando la emisión supera a la demanda, la inflación, en tiempo real, ya se produjo. De trasladarse al IPC, precisamente, esa suba de precios equilibra al mercado tras la emisión y si, entonces, se absorbe dinero por vía de tasas se contrae la demanda de dinero -la inversa de emitir exageradamente- provocando inflación, otra vez. Esto explica que, con base monetaria constante y dólar “calmo”, la inflación no ceda.

Y esta contracción de la demanda produce una catarata regresiva porque desvía capitales de la producción hacia la “bicicleta financiera” y retrae el consumo.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

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