Otro domingo de violencia e intolerancia. Otro domingo con gases, heridos y detenidos. Como el domingo pasado, nuevamente la protagonista fue la parcialidad de River.
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Un saldo preliminar de ocho personas detenidas y cuatro efectivos de la Policía Federal lastimados fue la resultante de los vandálicos episodios que protagonizó un grupo de hinchas con agentes del orden, una vez concluido el superclásico. De acuerdo con lo revelado por Carlos Cheroni (comisario de la seccional 51ª y encargado del operativo de seguridad), los incidentes empezaron una vez terminado el partido, cuando los hinchas locales debieron aguardar más de 25 minutos con el fin de que se produzca la desconcentración de los simpatizantes de Boca.
La hinchada de River se incomodó por la situación y comenzó a arrojar proyectiles variados a los distintos agentes del orden (998 estuvieron afectados al operativo), quienes replica-ron con bombas de gas lacrimógeno. El hecho originó un lógico desbande en la tribuna Almirante Brown, con corridas que continuaron sobre la avenida Udaondo.
Por cuerda separada, habrá que decir también que la barra brava de River interrumpió la conferencia de prensa que ofrecía el entrenador Manuel Pellegrini, en el momento en que el técnico cerraba su quinta respuesta, que provocó que el diálogo tuviera un abrupto final, cuando los barrabravas, intentaban ingresar en la sala. Antes de la interrupción, Pellegrini dejó claro que River quedó afuera de la lucha por el campeonato y lamentó la caída ante Boca.
La aparición de los simpatizantes violentos generó mucha tensión en los periodistas y en Pellegrini, que ante estos acontecimientos prefirió hacerse eco de la sugerencia de los dirigentes y abandonó la sala. Como acción final, los barrabravas llegaron hasta la puerta, gritaron y amenazaron, y se trenzaron con los agentes de seguridad de River, que impidieron el ingreso en la sala. Cuando Pellegrini se fue, volvió la calma.
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