16 de noviembre 2000 - 00:00

Argentina dio un paso de gran transcendencia al vencer a Chile

Argentina dio un paso de gran transcendencia al vencer a Chile
Fue de Argentina. Un 2-0 contundente y un andar cómodo en las eliminatorias. El partido era una incógnita. No se sabía cómo iba a responder este equipo de Bielsa al nuevo maquillaje a que fue sometido por las circunstancias. Tampoco qué podía producir Chile luego que Acosta les hiciera ver mil veces el funcionamiento de Argentina.

Un tiempo bastó para verificar que Argentina tenía mejor movilidad, una capacidad de mayor altura en el manejo,
una marca a presión en el medio que marcó diferencias, por lo menos en lo psicológico, al principio. Chile salía con muchas dudas, que se traducía en imprecisión.

El punto clave de Chile parecía ser Salas, en una infructuosa búsqueda de Estay o Pizarro para que lo acompañen en alguna salida sólida para abastecer a Zamorano. No lo consiguió porque el «Matador» cuando se tiró a la derecha la pelota se enredó en las piernas de Vivas, por el sector opuesto, siempre le ganó Samuel y por el medio se encontró (tanto él como Estay y Pizarro) con la implacable y pegajosa marcación de Almeyda y Sorín (en su nueva función de tratar de tapar toda posible salida adversaria).

Argentina era más, por momentos mucho más que Chile y como en el medio siempre quedaban espacios para la salida de Verón, Ortega y el «Kili» González. Argentina no encontró el desnivel porque Cruz trabajaba bien en la tarea de acople en la salida, pero caía reiteradamente en posición adelantada. De todas formas tuvo dos buenas oportunidades de enviar a la red (en un mano a mano con Tapia y cuando se enredó en el momento de sacar el remate final).

Hasta que ocurrió lo que se preveía. Picó Ortega -en forma recta al arco-se sacó un jugador de encima, hizo una finta que dejó descolocado a Reyes y cuando Rojas y Contreras se cruzaban para evitar el remate alcanzó a puntear y la pelota llegó a la red, mientras el arquero quedaba en el camino. Ese gol fue como un mazazo para los chilenos. Primero porque les costó asimilarlo y luego porque cuando se rearmaron debían dejar espaldas descubiertas para el contraataque.

Lo mejor de Chile fueron los últimos cinco minutos de la primera parte, cuando Pizarro se colocó en la izquierda y Estay se apretó en la derecha. Fueron una serie de centros «llovidos», pero un cabezazo de Salas dio en el travesaño y una pelota pifiada por Burgos hizo pasar algunos minutos de zozobra.

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