Argentina es finalista de la Copa Davis
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Los hermanos Bob y Mike Bryan, la pareja número 1 del mundo, superaron ayer a los rusos Dmitry Tursunov y Mikhail Youzhny por 6-3, 6-4 y 6-2 y dejaron la serie abierta para los choques de hoy entre Andy Roddick - Youzhny o Nikolay Davydenko y Marat Safin - James Blake.
En Buenos Aires, en tanto, la historia pareció lacrada con el triunfo de Acasuso, el mejor de su carrera según confesó luego, contra el ex número 1 del mundo.
Nalbandian ya le había dado el primer punto al elenco local tras su cómoda victoria ante Mark Philippoussis, y "Chucho" ganaba 1-6, 6-4, 4-6, 6-2 y 4-0 cuando la lluvia y la luz dijeron basta, lo que obligó a la suspensión del encuentro.
El estadio del Parque Presidente Julio Argentino Roca, se fue llenando de a poco para ver cómo, en sólo 10 minutos, el misionero despejó las dudas que se habían suscitado sobre una posible reacción de Hewitt.
El argentino tenía una tarea difícil: sacaba 30-40 en una fría mañana en la que se pensaba que le sería complicado llegar al clima con el que se había despedido en la víspera.
Servicio flojo, devolución pesada al fondo de la cancha del australiano, otro tiro jugable para Acasuso, que con el drive la enganchó y le erró por varios metros al court.
Quiebre y un manto de sospecha sobre la posible caída en el ánimo de "Chucho", que mató esas especulaciones con un cierre perfecto, ayudado por un errático Hewitt.
En doce puntos que se jugaron en los dos últimos games, el australiano cometió ocho errores no forzados, entre ellos un par de doble faltas que le dieron el quiebre a Acasuso, dejándolo con la chance de sacar para definir el match.
Su game de saque lo tuvo como claro dominador, a pesar de haber cometido algunas fallas, que le permitieron rematar el encuentro con una alta dosis de defensa y una contundencia con el drive, que Hewitt no pudo traer en la última pelota.
Otro mérito del misionero: su rival había perdido sólo un partido de 15 que disputó a cinco sets en Copa Davis.
Más tarde, un sólido Nalbandian apoyado por un Calleri que mostró altibajos, pero cumplió, cerraron el match frente a un equipo desparejo en el que la solvencia de Hanley contrastó con la fragilidad de Arthurs de 35 años.
Dos quiebres al servicio de Arthurs en los dos primeros parciales y un rompimiento a Hanley en el último, le permitieron a la Argentina quedarse con la victoria, ya que no cedió ningún juego con su saque.
Pese a que son desconocidos para el gran público, los doblistas australianos trajeron sus pergaminos a Villa Soldati: Hanley obtuvo 18 títulos de la especialidad (tres de la serie Masters) y está séptimo en el ranking, mientras que Arthurs embolsó 12 conquistas.
Pero en los hechos la pareja argentina, que no tiene laureles en dobles simplemente porque no juega en el circuito, mantuvo el control del juego prácticamente de entrada.
Tras unos primeros games parejos, con más errores que aciertos, los argentinos quebraron el servicio de Arthurs en el quinto juego y mantuvieron la ventaja hasta el final.
Costó el cierre porque Calleri debió levantar dos puntos para rompimiento cuando sacaba 5-4, pero dos desaciertos consecutivos de Hanley le dieron el parcial a la Argentina.
El envión del primer set alcanzó al inicio del siguiente, ya que los argentinos quebraron de entrada, nuevamente a Arthurs, y luego avanzaron sin sobresaltos hasta el segundo 6-4.
La paridad se mantuvo en toda la tercera manga, hasta que una combinación de buenas devoluciones, actitud y errores de los rivales permitieron el quiebre en el undécimo juego.
En el siguiente, un smash certero del cordobés de Unquillo definió el partido y le permitió a la Argentina obtener el pasaje a la final de la Davis luego de 25 años.
Rodillas en tierra, brazos en alto, Nalbandian inauguró el ritual del festejo y de inmediato quedó como el soporte de una montaña humana integrada por jugadores y cuerpo técnico.
Argentina dio otro paso en su historia tenística. En tres de los últimos cuatro años no había podido superar las semis y ahora le queda un último escollo para levantar, de una vez por todas, un trofeo que al menos últimamente merece más que nadie.




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