Argentina goleó a Perú y se metió en la semifinal
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En un partido que parecía una pastilla para el imsomnio, adormecedor hasta la irritación, Messi fue quien le puso más pimienta, con un par de entradas a la carrera, amagando y eludiendo defensores como si estuvieran atornillados en el suelo, pero sin la puntería para acertarle al arco.
Argentina se movía con un cadencioso y lento ritmo de tango más apropiado para una noche romántica que para un excitante encuentro de cuartos de final de una Copa, y quien ponía el freno a los avances era Riquelme.
Por Riquelme pasaba cada pelota desde la zona de gestación, como una aduana obligada por la que se debía atravesar, pero el volante estaba en una noche sin inspiración y tampoco se le prendía la lamparita a Juan Verón.
Nada podía esperarse entonces de Esteban Cambiasso, quien no se caracteriza por sus luces, mientras que el volante Javier Mascherano se mantenía en un sector de marcaje y vigilancia.
La circulación sin sorpresa de los volantes dejaba también al delantero Diego Milito demasiado lejos de las jugadas, acorralado con eficiencia por Santiago Acasiete, Miguel Villalta y Edgar Villamarín.
Para colmo los peruanos habían cavado varias líneas de trincheras que estorbaban los ataques albicelestes, con Paolo de la Haza y Juan Carlos Bazalar como patrulleros de los tres cuartos de cancha.
Pero cuando Perú recuperaba la pelota, y esto era frecuente, Juan Carlos Mariño capturaba el balón sin encontrar el acompañamiento de un desconocido Claudio Pizarro, quien cometía un error tras otro en los pases.
Así fue como quienes se aburrían como hongos en las tribunas agradecieron al menos ese arranque de Messi burlando adversarios hasta que su remate fue desviado por el arquero Leao Butrón y el balón devuelto por el travesaño.
Pero Riquelme es un mago capaz de sacar un conejo de la galera y dar un golpe de timón a las acciones cuando al iniciarse la segunda etapa metió un estiletazo de esos que duelen, un zurdazo esquinado, mortífero, junto al poste.
El encuentro se animaba y el ingreso de Carlos Tévez por Milito le imprimió otra dinámica a la vanguardia argentina, a tal punto que instantes después del gol metió un cabezazo en palomita en el travesaño.
¿Cuál era la explicación del cambio de Pedro García por Guerrero?. No parecía clara la decisión del entrenador peruano Julio César Diamante negro Uribe, pero García le dio mayor juego colectivo en la vanguardia a su equipo.
Perú salió de su refugio en el fondo del campo, adelantó sus líneas para no entregarse sin luchar, pero detrás empezó a dejar huecos que no existían y Messi encontró el callejón para filtrarse y mandar el balón a la red.
No se amilanaron los peruanos y con generosidad mantuvieron el adelantamiento en el terreno, exponiéndose a los contragolpes, los que terminaron de definir el partido con tantos de Mascherano y uno más de Riquelme.



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