1 de junio 2013 - 11:18

"Barça" se ríe del "fin de ciclo" y sólo llora el "hasta la vista Abi"

Eric Abidal, en su despedida del Barcelona.
Eric Abidal, en su despedida del Barcelona.
Por Gustavo Presas, desde el Camp Nou (Especial para Ámbito.com).- Que la Liga de fútbol español 2012/2013 fue ganada por Barcelona con cuatro fechas de anticipación, es una noticia vieja para todo el mundo. Al menos, al que le interesa el fútbol (vale la aclaración por si acaso existiera otro mundo).

Que semejante diferencia del campeón con respecto al resto se cimentó especialmente en una primera rueda histórica e irrepetible, es material para los libros de estadísticas y récords.

Que tras la ida del Almirante Pep, el "Barça" no perdiera el rumbo a pesar de que un nuevo Mariscal Tito (con cara de buenazo) y su ayudante Jordi Roura tomaran el timón, no era tan fácil de imaginar. Mucho menos cuando el mismo Vilanova debiera mantener una batalla paralela contra una dura y traicionera enfermedad. Pero el barco llegó a buen puerto, gracias a la calidad y jerarquía de su prestigioso plantel y a la valentía de su Comandante.

Que aún está sangrando la dolorosa herida provocada por el lacerante 0-7 global ante el Bayern Munich en las semifinales de Champions League ("el" objetivo de la temporada), queda evidenciado en los ánimos y los diálogos de los hinchas "culés" que pueblan los infinitos bares de la Ciudad Condal, en cada atardecer.

Que la 38va. jornada del campeonato español decidiera la cuarta plaza para Champions y los tres equipos que jugarán en Segunda División en la próxima temporada, no desvelaba (a priori) a los barcelonistas.

Que la despedida del archienemigo José Mourinho del banco del eterno rival, Real Madrid, se viera coronada por la no convocatoria de Iker Casillas para el juego ante Osasuna como una suerte de revancha, no sorprendió a nadie. Fue una muestra cabal de que "The Special One" (como lo catalogan en Inglaterra, donde recalará próximamente) morirá siempre con las botas puestas. Especialmente, lo hará en una de las más frustrantes temporadas de "Mou" (y del Real Madrid), seca de títulos y empapada de conflictos internos.

Que el mejor jugador del mundo (¿hace falta aclarar de quién hablamos?) se haya convertido por 2do. año consecutivo como el "Pichichi" de la Liga, con 46 tantos, logrando los dos máximos registros goleadores de la historia del campeonato español (había marcado 50 tantos en la temporada anterior), lo saben hasta los purretes que llegan al estadio Camp Nou de la mano de sus mayores, ataviados con camisetas blaugranas con un número 10 en la espalda y con cinco letras (MESSI) que son un distintivo del orgullo "culé". Ese nombre que sabe a hierba. Y a magia. Y a esperanza porque "de los buenos tiempos, uno siempre quiere mas". Permítasenos una digresión: pudimos comprobar que, a todos los "milagros" que realizó hasta hoy, Leo le agregó otro mas: la omnipresencia. Porque aunque muchos digan que ya arribó a Ezeiza para integrar el seleccionado nacional, aquí lo hemos visto en el corazón de cada uno de los miles espectadores que estuvieron en la cancha. Damos fe.

Por ello (y por muchas cosas más), el último partido de la campaña (ante el Málaga del Ing. Manuel Pellegrini) sólo ofrecía la chance de alcanzar el récord de los 100 puntos que obtuvo el Real Madrid en la Liga anterior. Lo que no era poca cosa. Pero "es que estos chicos nos han mal acostumbrado", como nos dijo Josep María, el taxista que nos llevó al estadio.

Y la realidad es que el hincha del Barcelona, bien acostumbrado (diríamos nosotros sin temor de ofender a Josep María), estaba con un sabor amargo en la boca que no se lo quitó la confirmación de la llegada de Neymar, ni la continuidad asegurada de Carles Puyol (si el físico se lo permite), ni las aclaraciones brindadas por Víctor Valdés (que pretende seguir hasta el fin del contrato en 2014).

Nada de eso aplacó esa sensación de que algo estaba faltando. Quizás haya sido por un ultimo trimestre plagado de lesiones, de la aparición de pseudoprofetas que anunciaban fines de ciclo incomprobables hasta hoy. O quizás las recientes y duras derrotas en casa (1-3 ante Real Madrid por la Copa del Rey y 0-3 ante el Bayern Munich en Champions League) mellaron en algo el espíritu. No lo sabemos, pero la sensación de cierto vacío rondaba en las calles de la capital catalana.

Y este brillante campeón no merecía una despedida así. El Barcelona 2012/2013 tenía la obligación de conmovernos, de sacarnos la modorra de afrontar un partido con más tintes de encuentro amistoso que de cotejo de jornada final de torneo, con los porotos en juego.

Y apenas un par de días antes del encuentro la noticia bomba llegó. Y vino de la mano (mejor dicho, de la boca) de uno de los jugadores que menos participó de esta campaña récord: el francés Eric Abidal anunció que se despide del Barcelona, a pesar de su manifiesta intención de seguir jugando en el club blaugrana.

La razón es que la directiva le ofreció seguir ligado al club de por vida, trabajando en las divisiones formativas. Pero el galo tiene ganas de jugar "una o dos temporadas más" como lo manifestó. Y entonces, de común acuerdo (¿?), dejara el club en el que ganó 4 Ligas, para buscar nuevos rumbos. Y, tras el retiro, aceptar la propuesta de trabajar en La Masía, el semillero del Barcelona

Y la noticia conmovió a todos: a directivos, cuerpo técnico y compañeros a quienes se los vio muy emocionados con las palabras y las lágrimas del lateral francés. Un guerrero galo de estos tiempos, que no necesitó de druidas ni de pociones mágicas para desplegar su exquisita calidad y su inclaudicable despliegue en los campos de juego. Pero que necesitó extraer su tesón, su fortaleza y su capacidad de superar las adversidades desde el mismo momento en el que le descubrieron un tumor maligno en el hígado. Tras la operación en la que le extrajeron el carcinoma, inició un largo proceso de rehabilitación y volvió a las canchas conmoviendo al mundo entero.

Sin embargo, meses después necesitó de un transplante de hígado (donado por su primo), por lo que debió afrontar un nuevo período de recuperación. Y nuevamente, el gladiador francés regresó al fútbol haciendo temblar de emoción a todos los que poblaron Camp Nou ese 6 de abril de este año, cuando reemplazó a Gerard Piqué.

El pueblo "culé" no ignoró la noticia y decidió homenajear a Abi (como lo llaman cariñosamente) en su último juego con la camiseta 22 del Barcelona.

Y la fiesta fue inolvidable. Porque más allá del 4-1 a favor del campeón y de un primer cuarto de hora estratosférico en el que Barcelona marcó un 3-0 que indicó el rumbo del partido. Más allá del record de los 100 puntos y los 114 goles alcanzados, la despedida de Abidal fue el número estelar del atardecer en el Estadi, como se lo llama por aquí.

La ovación que recibió el francés cuando saltó al campo de juego a 6 minutos del final, registró el nivel más alto en el decibelímetro, superior aún a los gritos de los cuatro goles locales.

Y la fiesta organizada por el club al final del encuentro con un video homenaje, la entrega de una camiseta 22 firmada por sus compañeros y las sentidas palabras de Abidal, acompañado por su familia y por su primo, estuvo a la altura de los acontecimientos.

Este día, Eric Abidal puso en tela de juicio la afirmación de su compatriota Antoine de Saint Exupery quien en su libro "El Principito, afirmó que "lo esencial es invisible a los ojos". El agradecimiento, el respeto, el amor" hacia uno de sus jugadores más queridos, de parte de los miles de espectadores que colmaron el Camp Nou, conmovió a propios y extraños.

Y ese anochecer del 1 de junio de 2013 que parecía el epilogo mustio de una Liga más, se transformó en una noche mágica.

Y perdónenos, don Antoine, pero le podemos asegurar que lo esencial, el fundamento de esta noche, nosotros lo vimos.

Con nuestros propios ojos... llenos de lágrimas.

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