Ganó Boca, sumó otro triunfo frente a Cobreloa, sacó el pase a semifinal y sigue con aspiraciones ciertas de reencontrarse con la Copa Libertadores. Ahora debe enfrentar a América de Cali, el «cuco» de Racing y de River. Hasta ahí, la escueta información que quedará en las estadísticas. ¿Como lo hizo? Como siempre: tratando de ponerle al juego sus propios tiempos, tratando de manejarse a través de las contingencias del resultado y esperar una oportunidad para sacar cierta luz en la marcador para luego marcar una diferencia en el juego.
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Para medir el contenido de las acciones, habrá que hacer pesar las situaciones de gol de uno y otro equipo, el manejo de la pelota, el tiempo que se jugó en una u otra mitad del terreno y en el despliegue de sus jugadores. Habrá que decir que en la sumatoria de estas exigencias se podrá encontrar una leve diferencia en favor de Boca, más allá de las contingencias arbitrales, ya que -como mínimo-habrá que señalar que se convalidó el gol de Tevez (segundo de Boca) cuando éste partió en posición adelantada.
Boca fue inteligente en la primera parte. Precisamente en esos primeros minutos en los que sale a definir de entrada. Bloqueó el mediocampo, se hizo de la pelota y con Donnet (algo más adelantado que el resto), Barros Schelotto y Tevez le alcanzó. A tal punto que a los 7 minutos ya había marcado diferencias con el gol de Donnet y al cuarto de hora parecía todo definido cuando Tevez enfrentó a Tapia y puso mayor luz en el resultado.
Se podría decir que a partir de ese momento cambió el partido. Cobreloa (muy dubitativo en defensa) tenía la obligación de salir para no encontrarse en pocos minutos con una goleada. Martel hallaba espacios por la derecha y con Juan González y Meléndez podían «entretener» la pelota, aunque la llegada fuera escasa.
Con eso lograron los pelotazos de Boca por encima del mediocampo que favorecían el desempeño defensivo chileno, porque tanto Tevez como Barros Schelotto debían recibir de espaldas. A la vez, con Galaz (autor del gol de Cobreloa) y Jaime González encontraran algún hueco como para demostrar que Abbondanzieri no era un mero espectador.
Si bien Boca cometió muchos errores, tanto en una pretendida contención en la zona media como en los cruces defensivos cerca o dentro de su área, el juego permitía tanto que Cobreloa hubiese llegado al empate (que no llegó) como que Boca acertara en un pelotazo para dejar a alguno de sus hombres en posición de gol (que tampoco existió). De todas maneras, a Bianchi le alcanzaba con un empate y le sobraba con un triunfo. Por tanto, el partido había terminado mucho antes.
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