El clima ya castiga en Buenos Aires y un simple entrenamiento puede costar en exceso. En medio de idas y venidas, suena el celular de un miembro del equipo de prensa. “Un periodista quería hacer una nota. Ya estoy con tiempo, podemos hacerla ahora”, mensajeó Juan Manuel Cerúndolo, figura excluyente del Challenger porteño. Un gesto atípico en la vorágine egocéntrica del deporte.
Otra gema del tenis argentino: Cerúndolo coronó su meteórico año con el ingreso al Top 100
"Juanma" se garantizó estar entre los 100 mejores del mundo a los 19 años. En diálogo con Ámbito analiza su título en Córdoba y el costo del parate por la pandemia.
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"Juanma" Cerúndolo, el Top 100 argentino más joven desde Del Potro en 2006.
Le dicen “La Compu”. Tiene un estilo de juego casi perverso: mete a sus rivales en la telaraña, los destruye de a poco, siempre con el tiro justo. Su vida cambió en febrero último cuando ganó el Córdoba Open en una semana mágica. “Fue impresionante, no lo podía creer. Fue demasiado, esperaba avanzar pero no tanto”, le dice a Ámbito bajo los árboles del área de jugadores del Racket.
Hace dos años el menor de los hermanos Cerúndolo disputaba sus primeros partidos de Challengers y era el 550 del mundo. Su carrera cambió rotundamente después del ATP de “La Docta” y hoy tiene un nuevo hito para festejar: con sólo nueve partidos en el circuito mayor, ingresó al Top 100 mundial y es el más joven en hacerlo desde Juan Martín Del Potro en 2006.
“Juanma” lo confiesa sin tapujos, como cada concepto que elabora. Su mente estuvo todo el tiempo en entrar al Top 100. “Quizás me jugó un poco en contra en estos torneos, porque estuve más presionado de lo normal. Siento que lo merezco. La barrera de los 100 está muy alta por la inflación de puntos. En un año normal ya estaría dentro, por eso tantas ganas”, expresa el tenista de 19 años.
A raíz de la pandemia de Covid-19, los rankings de tenis quedaron congelados. Los puntos se acumularon y casi no hubo movimientos. Para quienes debían defender torneos fue un alivio, pero para los que escalaban resultó un suplicio. De allí que la meta de estar entre los 100 primeros resultara un sacrificio extra.
“No benefició a nadie y menos a los jóvenes que se están metiendo, porque nos dan un año para hacerlo, hay que sumar infinidad de puntos, mientras que otros por ahí no ganan partidos y se mantienen”, critica el ganador de tres títulos Challengers en 2021.
Este año es inimaginable para Cerúndolo. Como un proyectil calibrado a la perfección, ascendió del puesto 341 al top 100. Valga un dato para explicar su temporada: los primeros torneos que jugó en 2021 fueron dos M15 (ex Futures) en Atalya, Turquía. En el segundo llegó a la final. Un mes y medio después ganó el ATP de Córdoba.
A esa semana la califica como la mejor de su vida. “Salió todo bien”, analiza. “Me dejó muchas enseñanzas y aprendí mucho desde ahí, pero no me indica nada. Tuve que seguir luchando desde abajo, fui a hacer todo el circuito Challenger, sólo recibí un wild card. Me dio ranking, me hizo más conocido, me dio otras chances y aprendizajes”.
Así como calcula su juego casi cibernéticamente, también lo es su forma de expresarse. Sus palabras dicen lo justo. Precisamente, reconoce que ser campeón de un torneo como el de Córdoba le dio fama e impulsos deportivos, pero no quiere dejar de pisar en terreno firme. “Está bueno que la gente te apoye, que te manden mensajes y te motiven. Pero no hay que subirse al caballo, es sólo apoyo y no hay que creerse nada”, reflexiona.
Los torneos como el Challenger de Buenos Aires tienen un clima diferente. Hay muchos jugadores jóvenes que intentar ganar espacios en el mundo profesional, los tenistas caminan por los pasillos libremente. Las familias pueden saludar a ganadores y perdedores sin demoras, y también alegrarse o consolar a otros parientes que acaban de sufrir un revés deportivo. Los Cerúndolo, padres e hijos, son así, reconocidos en todo el ambiente del tenis. Y claro, tanto Juan Manuel como Francisco –finalista del último Argentina Open- son personajes claves de este certamen.
De a poco los barbijos ralean y los abrazos se hacen más frecuentes. La pandemia cede y la normalidad recupera lugar. “La Compu” no la pasó bien al principio de esta historia oscura, pero lo peor, como se suele decir, quedó atrás. “Me mató, no avancé casi nada. Fue un año muy malo para mí. Tuve muchas lesiones, problemas de alimentación, de energías. Este año hice algunos cambios y fue mucho mejor”, cuenta.
“Estuve mucho tiempo sin entrenar, fuera del tenis. Me costó mucho volver al ritmo, los viajes, competir, comer bien, hacer las cosas como un profesional”, trae hoy a la memoria. Para “Juanma” la clave estuvo en el físico, algo que tampoco pudo desarrollar y donde ve un factor primordial para avanzar en la elite.
“La diferencia de pro a junior es más que nada física y mental. El tenis si uno lo tiene lo va llevando. Hay que soportar la intensidad de los profesionales, que es muy alta, necesitás mucho físico”, describe.
Durante el segundo semestre de este año, tanto él como su equipo elaboraron una jugada magnífica: desistió de participar de la clasificación al US Open para concentrarse en una gira de Challengers en Europa para acercarse a los 100 mejores. La apuesta le pagó con un pleno: dos títulos, una final y una semifinal.
“Fue una decisión de mi entrenador –Andrés Dellatorre-. Me hubiera gustado, pero era mejor para mí, porque era cemento, no tenía muchas chances de sumar. Ganando los tres Challengers podía acumular 360 puntos, y de la otra forma tenía que llegar a cuartos del US Open. Era inviable”, cuenta. Hoy la planificación cobra mucho más sentido.
Juan Manuel Cerúndolo reconoce que luego de ganar el ATP de Córdoba sintió un poco la presión al regresar a los Challengers. Sin embargo, entendió con celeridad que su “negocio” estaba en competir más allá de los resultados. Perfeccionar la propia versión, el objetivo de cada deportista.
“Me falta mejorar el saque y la devolución para el cemento, pararme un poco más cerca de la línea. Necesito ser un poco más agresivo, hacer más mi juego y no depender tanto del otro, algo que me gusta”, se sincera sobre lo que necesita evolucionar en su tenis.
Cerúndolo tiene buenas chances de entrar a las Next Gen Finals 2021, el Masters de fin de año para menores de 21 años. Clasifican siete y hasta el momento está 7° en la carrera, aunque un par de resultados y bajas le podrían garantizar antes de tiempo su viaje a Milán.
Allí se enfoca mientras celebra ingresar al salón de elite del deporte de las raquetas. Tiene su lugar entre los 100 mejores del mundo, con sólo 19 años. Pero también piensa en el Masters de la nueva generación y en el Abierto de Australia. La computadora no se apaga.
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