Chuck Blazer, el "topo" que ayudó a destapar el escándalo
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Blazer colaboró en la investigación para atenuar la pena en su contra.
En 1986 conoció al trinitario Jack Warner durante el Mundial de fútbol en México, y desde entonces mantuvieron un vínculo afincado en intereses comunes. Cuando no pudo ser reelegido en su cargo en US Soccer, convenció a Warner para que se presentara a las elecciones como presidente de Concacaf.
Al frente de la campaña de Warner, Blazer se pateó toda la región, ampliando su red de contactos, y al salir electo, el trinitario le recompensó con el cargo de secretario general del organismo.
Experto conocedor del negocio del fútbol y vendedor avezado, hay que darle el mérito de haber reavivado la pasión por el fútbol en Estados Unidos, y las finanzas de Concacaf.
El sitio BuzzFeed describe que Blazer fue el artífice del primer contrato de televisión para la Major League Soccer (MLS), en 1995. Una década después, la MLS firmó un acuerdo de derechos televisivos por 720 millones de dólares.
Esta no es la primera vez que Blazer sirve de informante a las autoridades. En mayo de 2011, fue el principal testigo en la investigación realizada por John P. Collins, exfiscal federal de los Estados Unidos y miembro del Comité Legal de la FIFA, que terminó en la suspensión de Warner y Bin Hammam, vicepresidente de FIFA, de todas las actividades de fútbol.
El nuevo presidente de Concacaf, Lisle Austin, intentó despedir a Blazer cinco días más tarde de asumir el cargo, pero resultó defenestrado por ir contra los estatutos del organismo.
Blazer se mantuvo como el poder detrás de Concacaf negociando los jugosos contratos de las Copas de Oro y otros torneos de Concacaf.
Pero su lujoso tren de vida llamó la atención de las autoridades estadounidenses. Con apartamentos en Nueva York, Miami y las Bahamas, cargaba a la tarjeta de crédito de Concacaf hasta 29 millones de dólares en gastos.
Tenía dos apartamentos en la Torre Trump en Nueva York. Una unidad de cuatro recámaras por la que pagaba 18.000 dólares al mes, y otra contigua de 6.000 mensuales, sólo para su extensa corte de gatos.
Atrapado por el Servicio de Rentas Internas (IRS) de Estados Unidos por evasión fiscal, derivadas de los 20,6 millones de dólares que recibió de la Concacaf entre 1996 y 2011, Blazer acordó ayudar a los investigadores a construir un caso contra otros funcionarios de la FIFA.
Accedió a colaborar con el Departamento de Justicia de Estados Unidos tras declararse culpable de conspiración de crimen organizado, fraude, blanqueo de dinero, evasión de impuesto sobre la renta, y por no presentar un informe sobre sus cuentas en bancos extranjeros.
También pagó una multa de 1,9 millones de dólares y acordó pagar otra cantidad indeterminada cuando sea sentenciado.
Diarios estadounidenses señalan que ayudó a convencer a otros dos importantes testigos del caso: Darryl Warner y Daryan Warner, los hijos de su exsocio Jack Warner.



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