Con destellos de gran fútbol, la Argentina pasó la primera prueba de fuego en la era Maradona

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La pasión y la devoción que genera Diego Armando Maradona en todo el mundo supera cualquier tipo de expectativa e imaginación, como sucedió en Marsella, que lo trataron como si fuese un hijo pródigo, inclusive mejor que muchas veces en su propio país, y pese a que sufrieron en su narices una dura derrota.

Como sabiendo lo que iba a suceder en la noche de Francia, Maradona vivió muy tranquilo todas las horas previas al choque ante los galos, en la ciudad de Marsella.

Esta vez se lo vio menos en el hotel Pullman Palm Beach, donde se concentró el seleccionado argentino, pero antes del almuerzo y cuando la delegación partió hacia el estadio Velodrome nunca ocultó su felicidad.

Tranquilo, sereno, confiado, seguramente guardando para dentro suyo los nervios, y tratando de poder responder a tantos pedidos de saludos, fotos o autógrafos.

Una vez en el estadio comenzó a verse al Diego atento a todos los detalles, hablando casi siempre con Alejandro Mancuso, su ayudante de campo, y arengando a sus dirigidos.

La fría noche de Marsella no le cambió el semblante y las primeras muestras de cariño no lo inmutaron, debido a que todo eso ya es parte de su vida.

Una hora antes de que empiece el partido algo le tiene que haber pasado por dentro, porque por la boca del vestuario que da a la cancha en el Velodrome apareció una figura similar a la de Maradona y enseguida desde una de las cabeceras del estadio llegó la primera ovación.

No era Maradona, pero cuando apareció en el verde césped, en el momento del calentamiento de los jugadores, se vino literalmente la cancha abajo: "Ole, ole, ole, ole, Diego, Diego" cantó todo el estadio, argentinos y sobre todo franceses.

Con su brazo izquierdo arriba Maradona saludó y enseguida se junto con sus ayudantes de campo, Mancuso y Miguel Angel Lemme, mientras sus muchachos calentaban dentro del terreno de juego.

Cuando volvieron al vestuario llegó otra ovación, pero esta vez el grupo de argentinos fue el que se hizo escuchar, con bombos y prendiendo bengalas, para cantar que "de la mano de Maradona todos la vuelta vamos a dar".

En el momento de la vuelta de los equipos a la cancha, ya para jugar el partido, otra vez ovaciones y el momento del asedio de los fotógrafos en el banco de suplentes, algo que fastidio a Maradona porque era cien hombres de prensa en un espacio donde entraban dos.

Sin embargo, masculló, hizo tripa corazón y evitó algún insulto fuera de lugar, porque este es otro Maradona, el que está viviendo el mejor momento de su vida, según él mismo aseguró.

Con el partido iniciado duró pocos segundos sentado. Vestido con la ropa del seleccionado, una campera abrigada, siguió casi todo el partido al borde de la cancha.

Tres minutos tardó en dar la primera indicación, con las manos en los bolsillos por el frío, y fue para Jonás Gutiérrez, el que se movía más por su sector, a quien se cansó de pedirle que cuide las subidas de Sagna por la derecha del ataque francés.

Cuando el más solicitado por Diego marcó el gol en el primer tiempo llegó el tiempo de los abrazos, siendo Mancuso el primero en recibir la emoción de Diego.

En el segundo tiempo, Maradona caminó más, sin llegar al estilo de Marcelo Bielsa, y explotó, saltó, gritó y se abrazó con todos con el gol de Lionel Messi.

Con la victoria consumada, con los franceses insultando a Raymond Domenech -le pidieron la renuncia-, todas las miradas y los gritos fueron para el futbolista más grande de todos los tiempos, un Maradona que ahora quiere hacer historia al frente del seleccionado argentino.

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