«Les quiero agradecer a todos que me hayan permitido ser feliz jugando al fútbol durante 20 años, ahora quiero dedicarle el tiempo que se merece a mi familia, que me bancó siempre.» Con estas emocionadas palabras, se despidió del fútbol Alberto Federico Acosta, el legendario «Beto», que terminó como un grande marcando el gol 300 de su carrera y abrazado detrás del arco con su hijo Mickael, mien-tras hacía la señal que lo caracterizó con sus cuatro dedos dedicán-dole el tanto a su mujer y sus tres hijos.
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Acosta, simpatizante de River desde chico, terminó siendo ídolo de San Lorenzo por esas cosas que pasan en la carrera profesional de un jugador y que tiene muchos ejemplos, entre otros Passarella, hincha de Boca e ídolo de River; Bochini, simpatizante de San Lorenzo e idolatrado en Independiente, y muchos más.
Goleador en la Argentina, Chile, Japón y Portugal, el delantero hizo una brillante carrera internacional aunque jugó muy pocos partidos en la Selección argentina (19 encuentros y 2 goles) por ser contemporáneo de Gabriel Batistuta, el máximo goleador de la Selección.
Debutó en primera, jugando para Unión, el 3 de junio de 1986 frente a Argentinos Juniors, en un empate 0 a 0. Fue transferido a San Lorenzo dos años después, y allí jugaría en cuatro etapas, porque siempre volvió. Primero fue a Boca, después a Francia, aunque pasó por Chile y Japón, y por último al Sporting de Lisboa, pero siempre volvió adonde más lo quisieron.
En sus 17 temporadas, jugó 668 partidos y marcó 300 goles, 123 de ellos en San Lorenzo, donde es el quinto goleador detrás de Sanfilippo (204), Martino (142), Fischer (141) y Scotta (140). El sábado marcó el último de sus goles, de penal ante Vélez: «Fue el penal más difícil de mi carrera, me temblaban las piernas».
Después, abrazado a su hijo, se quebró y sollozando dijo: «Gracias a todos», aunque el fútbol es quien le está agradecido por su grandeza.
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