20 de noviembre 2000 - 00:00

El desafío se renueva con la evolución del deporte

A pesar de las dudas de muchos, hace dos domingos la gente concurrió masivamente al Monumental. Los Pumas se enfrentaban con Sudáfrica y la concurrencia, prácticamente, llenó el estadio.

Se repitió, de alguna mane-ra, lo ocurrido a fines de la década del '80 cuando también llenamos Vélez con una concurrencia cercana a las 50.000 personas.

La diferencia entre aquéllos y estos 50.000 espectadores pareciera basarse en que por entonces estábamos al comienzo de la aparición de los sponsors en nuestro medio, y hoy su incidencia es mucho mayor.

Junto con la irrupción de los sponsors, otras de las diferencias a señalar es el afianzamiento del profesionalismo, firmemente entre las grandes potencias; y tenuemente entre nosotros, que sólo se manifiesta con aquellos jugadores contratados en el exterior que son convocados para los compromisos internacionales.

Bases

La coincidencia la encontramos en que, tanto ayer como hoy, las bases sobre las que crece nuestro juego no han variado en sus formas y conceptos. Se mantiene firme la organización de nuestros clubes, pilar fundamental sobre los que se edificó la grandeza de nuestro juego.

Alternativas

Estos han mantenido, a través del tiempo, la enseñanza de la técnica, preservando el espíritu, sin arrear las banderas del amateurismo, tratando de aggiornarse a los tiempos que vivimos; incorporando alternativas económicas a los exiguos presupuestos que se asientan en la recaudación de las cuotas sociales para poder, de esta manera, enfrentar el desafío que nos impone mantener las virtudes que han hecho del rugby un juego distinto.

El rugby de club fue y debe seguir siendo el núcleo de nuestro desarrollo, ya que el club es la matriz formadora de deportistas fraguados en los valores que habrán de distinguirnos.

La mayor y mejor participación en el nivel internacional deberá ser siempre un resultado del juego que se aprende en nuestros clubes, y los elementos de mercado que pueden incorporar los auspiciantes deben ser valorados sólo como herramientas útiles para la supervivencia del concepto de rugby de club.

La evaluación de la concurrencia de público a nuestros partidos internacionales debe interpretarse como una consecuencia del buen nivel que podemos alcanzar en el juego, y no como una causa de la aplicación de pautas de comercialización, que de nada servirían si nuestros jugadores no transmitieran pasión por el juego.

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